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domingo, 21 de marzo de 2021

La ruptura de Castillo Velasco con Benito Juárez




(Don José María del Castillo Velasco de paisano. Foto: descendientes de Don José María). 



Don Benito Juárez

José María del Castillo Velasco nació en Oaxaca, fue un abogado que escribió los primeros estudios  de derecho administrativo y de derecho constitucional en México, un clásico; fue militar y periodista, varias veces director del Monitor Republicano, diputado al Congreso Constituyente de 1857; ministro de Gobernación del Presidente Benito Juárez y Magistrado del Tribunal de Justicia del entonces Distrito Federal y Director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia.

Liberal de cepa, Don José María del Castillo Velasco contrajo nupcias con la hija del huajuapense Don Antonio de León, militar y gobernador de Oaxaca.

Fue, asimismo, un hombre que, representando una sólida columna del grupo juarista, al final rompió con Benito Juárez.

Aunque varias veces se ha hablado de las rupturas de Juárez, no se ha mencionado ésta de Castillo Velasco. En primer lugar porque se carece de documentación específica, aunque en teoría en sus textos de Derecho Constitucional Castillo Velasco define sus principios republicanos y democráticos y en segundo lugar, porque a pesar del trabajo de algunos investigadores, no se ha profundizado en el tema.

Hoy   en día conocemos las causas de esa ruptura gracias a Santiago Federico del Castillo Hernández tataranieto de Don José María del Castillo Velasco, que en una entrevista nos reveló las causas de esa ruptura.

A pregunta expresa sobre ese rompimiento, el descendiente de Don José María contesta:

“En mi familia tenemos muy mala percepción de Juárez, quizá producto de esta ruptura.

A manera de historia familiar se cuenta que la ruptura se dio por temas religiosos y la legislación persecutoria hacia los católicos.

Don José María era ferviente católico; sin embargo, la principal causa de la ruptura fue la necedad del presidente Juárez para no dejar el poder y permitir elecciones libres, algo que don José María como buen jurista consideraba esencial para el funcionamiento y legitimidad del gobierno.

El presidente Juárez nunca fue electo presidente, si no que heredó el puesto y que murió con éste.

Don José María insistió en repetidas ocasiones que se convocara a elecciones con la finalidad de tener una transición desde la Reforma, la Monarquía y la Presidencia de Juárez, y que ésta fuera mucho más pacífica y republicana.

 En opinión de José María, en caso de que Juárez nunca dejara la presidencia se provocaría una serie de dictaduras presidenciales en México que culminaría con una revolución.

El tiempo le daría la razón (¿voz de profeta?).”

Hasta aquí el comentario del descendiente de Don José María del Castillo Velasco, que nos permite conocer un hecho histórico del que se rumora, pero que ahora tenemos una luz que muestra la congruencia democrática de Don José María.















Santiago Federico del Castillo Hernández. Tataranieto de Don José María del Castillo Velasco y de doña Luz de León, la hija del general y gobernador de Oaxaca Antonio de León.

jueves, 1 de agosto de 2019

La casa que habitó Margarita Maza de Juárez en Etla, en el olvido


Foto de doña Margarita Maza de Juárez, tomada de la portada del libro "Margarita Maza de Juárez: epistolario, antología, iconografía y efemérides" de Ángeles Mendieta Alatorre, México, 1972.


Una de las casas que habitó Don Benito Juárez en el centro de la Ciudad de Oaxaca es hoy en día una zapatería.

En el exterior una placa da cuenta de este antecedente histórico.

Hoy también se oferta en renta como local comercial el inmueble histórico ubicado en la Villa de Etla, en el que según la costumbre, la gente señala como el lugar en el que doña Margarita Maza de Juárez habitó con sus hijos e hijas y en la que abrió una tienda para sostener a su familia ante la persecución de Don Benito Juárez en 1854.

El inmueble ha pertenecido a diversos dueños y ha tenido varios usos, incluso como hostal.

Debido a su extensión de 6 salones que ocupan un total de mil metros cuadrados, se ofrece en una generosa renta de 60 mil pesos mensuales, a tratar.

Es cierto que no tendríamos por qué hacer santuarios de todos aquellos espacios en los que habitó gente importante en la historia nacional, pero este caso es distinto.

Margarita Maza de Juárez, encarna por excelencia la figura de la Primera Dama de la Nación, así, sin ánimo discriminatorio, pues en su vida supo enfrentar con valentía, con humildad y con convicción los desafíos de la historia que le impuso ser la esposa del indígena que salvó a la República.

Perseguida y hostigada por los enemigos de la Patria por su condición de esposa de Don Benito Juárez, doña Margarita Maza de Juárez simboliza, asimismo, a la madre mexicana por excelencia, a la esposa inteligente y comprometida que coadyuva a consolidar las ideas del estadista preclaro.

Doña Margarita Maza concilió con su esposo el predicar con el ejemplo y aún así se destacaba por su elegancia, su sencillez y la fineza de una mujer que vislumbró y apoyó sin mayor pretensión el papel que la gloria signaba a su marido, aunque ella misma y su familia fueran víctimas de graves carencias, peligros y desgracias.
















Hoy el espacio simbólico en que habitó y trabajó Margarita Maza es un inmueble catalogado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, incluso, trabajadores de esa dependencia inspeccionan el lugar; pero inevitablemente será rentado para alguna actividad comercial.

Su fachada conserva como memoria de aquellos tiempos un águila de los liberales y sus puertas semidestruidas conservan con gallardía restos de sus mejores tiempos.




















Como es usual en Oaxaca--donde algunas personas pintan con grafitis los monumentos históricos en una muestra de incultura, ignorancia y patanería--, el frente de este inmueble también tiene pintas de vándalos.

Es una pena que muchos centros de población, avenidas, calles, espacios públicos se llenen con nombres de políticos vivos de dudosa honorabilidad, mientras que los espacios con valor simbólico pasen desapercibidos.

martes, 10 de marzo de 2015

Benito Juárez y Victoriano Huerta

Son dos figuras opuestas en la historia de México.

Juárez, el prohombre y la figura señera de la honestidad, la pieza clave para la defensa de la soberanía nacional, el gran promotor y defensor de la justicia y el derecho. El estadista por excelencia.

Victoriano Huerta, el mestizo que hizo de la milicia el arte de la crueldad, se le acusó de corrupción y alcoholismo, de una mente matemática hábil y con sobrada astucia y maña para moverse y levantar los laberintos del poder. Si él no hubiera tenido esas habilidades, no habría llegado a ser presidente de México.

Huerta es mejor recordado por haber convenido desde la embajada norteamericana la muerte sanguinaria del presidente Francisco I. Madero, la de su hermano Gustavo y la del vicepresidente Pino Suárez, que fue el preámbulo de su ascenso al mandato presidencial.

Como todo gigante que se levanta sobre pies de barro, su caída fue eminente.

¿Pero qué tienen que ver estos dos hombres tan opuestos como lo fueron Juárez y Huerta?

Mucho y nada, si se admite el término.

Como que fue el mismísimo presidente Juárez quien recomendó el ingreso al Colegio Militar del ambicioso joven Huerta, pero esto no quiere decir que Juárez haya recomendado a Huerta como el tutor que orienta a su pupilo.

De hecho, Juárez no conocía a Huerta y la historia registra un encuentro casual mínimo en una ceremonia, en el Colegio Militar, en los tiempos en que Huerta se destacaba por su aplicación a las matemáticas y a la astronomía.

El ingreso de Huerta a la historia de México inició cuando el general Donato Guerra, que tenía fama de haber combatido contra las fuerzas francesas, realizó una parada militar en Colotlán, Jalisco, y necesitado de un ayudante secretario se le ofreció como voluntario el joven Victoriano Huerta, de 15 años, que era hijo de madre indígena huichol y de padre mestizo.

La despierta inteligencia del voluntario le ganó la simpatía del General Donato Guerra.

A su vez, el General Donato Guerra, era un militar respetable y con un alto prestigio, que después de demostrar patriotismo y convicción republicana, se adhiere al Plan de la Noria y junto con Porfirio Díaz combate a Juárez.

Por esas fechas, el joven Huerta tenía 18 años y mediante un escrito le solicita a Benito Juárez que lo recomiende para ingresar al Colegio Militar, su escrito, tomado de “Benito Juárez, Documentos, Discursos y Correspondencia” selección de Jorge L. Tamayo, dice así:
“México, noviembre 13 de 1871.

“Ciudadano Presidente:

“En atención a no poder tener una audiencia con usted, me tomo la libertad de dirigirle ésta con el objeto de inferirle la siguiente molestia:

“El 11 de agosto del año corriente salí de Zacatecas, recomendado a los señores Landaluce Román y al General Donato Guerra, con el firme propósito de solicitar, de quien corresponde, se me admitiera como alumno en el Colegio Militar; mis protectores le hablaron al ciudadano Ministro de la Guerra sobre lo que deseo y la respuesta del Sr. Mejía fue que accedía a lo que yo pedía por conducto de los señores mencionados, pero que esperara hasta este mes, que a principios del mismo tenían lugar los exámenes y después podría remplazar una de las vacantes que hubiera.

“Bien, señor Presidente, el plazo se ha cumplido y como el señor Landaluce salió para Veracruz con la conducta de caudales y el Sr. Guerra desgraciadamente ha dado un paso en falso en su carrera política, me encuentro sin influencias, sin persona alguna que pueda entrar al templo de la guerra a recordarle al ciudadano ministro mi humilde persona.

“Tal vez este doble golpe que he sufrido en mi empresa, ha sido para consolidarla mejor; he visitado el santuario de la democracia con el objeto de manifestarle a usted el deseo vehemente que he tenido desde mi infancia de tomar la carrera de las armas y suplicarle me admita como su hijo, para entrar por su conducto al instituto militar.

“La sola voluntad de usted, ciudadano Presidente, constituye tal vez mi porvenir; soy hijo del pueblo, no tengo influencia, usted es el único apoyo que tengo en mi empresa. Varias veces he suplicado a los señores ayudantes que me anuncien, pero el exceso número de ciudadanos que han ocurrido a la hora de audiencia, no me ha permitido hablarle.

“Tengo, señor, Presidente, todos los requisitos que el Ministerio me exige pues los recibí de Zacatecas hace un mes.

“Esta ocasión me proporciona el ofrecerme a las órdenes de usted.

“Victoriano Huerta.”

El Presidente Juárez escribe sobre esa misma solicitud: “Que ya lo recomiendo al Ministro de Guerra a quien debe recurrir.”

Y el joven Huerta ingresa al Colegio Militar.

Huerta se convierte en un estudiante aplicado y destacado y posteriormente en un maestro también dedicado, pero sin mayor relevancia. Las pugnas militares le dan la oportunidad de tomar partido y se destaca por su crueldad en las batallas.

Toda la vida de Huerta despierta cierta fascinación.

Conjuntamente con el embajador norteamericano en México planea la traición y la muerte de Madero. Huerta ejerce por  poco más de un año el poder presidencial y renuncia a la fuerza por la presión de los constitucionalistas.

Exiliado en Estados Unidos es contactado por unos alemanes que le prometen ayuda para reconquistar el territorio mexicano robado por los Estados Unidos y que será tema de otra colaboración en este espacio.

Huerta muere a manos de policías estadunidenses por resistirse a ser capturado.


Victoriano Huerta estuvo casado con una veracruzana culta de nombre Emilia Aguila, quien se conservó siempre a la sombra de su marido. ¿Habrá documentado ella la vida de su esposo? ¿Existirán por ahí los archivos secretos de Huerta?

FE DE ERRATAS
Lo malo de citar de memoria es el riesgo de cometer errores. Victoriano Huerta no murió al resistirse a ser capturado. Victoriano Huerta falleció en su cama, por efecto de algunos males que le achacaban.






martes, 12 de agosto de 2014

Claves del liderazgo de Benito Juárez (3a de 3 partes)

III
La visión del líder

Al lograrse la Independencia de México, el poder de la Iglesia se acrecentó: se agudizaron sus peores vicios, pero era lo más parecido a la energía inusitada que demuestran algunos moribundos en el preámbulo de su muerte.

La opresión, las injusticias, la corrupción y la descomposición social provocada por la iglesia, inevitablemente habían agudizado su extinción, ante el repudio generalizado de la gente sensata. No obstante, había excepciones y Juárez mantenía buena relación con los principales líderes religiosos.

Sin embargo, Benito Juárez, como abogado enfrentaba de manera continua el poder corrompido de la iglesia, por ejemplo, al defender a pobladores indígenas de San Baltazar Loxicha ante los abusos de un cura, fue encarcelado durante nueve días, en medio mentiras y complicidades, y ninguna promoción de legalidad ante las máximas instancias de justicia procedió por la influencia de la iglesia presente en todos los ámbitos de la vida jurídica, económica y política del país.

De la misma manera que Juárez--- el abogado defensor de oficio--- fue castigado injustamente, se multiplicaban al infinito los abusos en contra de la gente pobre e indígena, que carecía todavía más de medios de defensa. Por eso una de las primeras acciones de Juárez en el Tribunal Superior de Justicia fue revisar la situación de indígenas presos y liberarlos al comprobarse que habían sido encarcelados injustamente.

En ese entonces, y por si fuera poco, el gobierno civil conservador, no se distinguía mucho de la iglesia al profundizar la corrupción, los abusos y las injusticias, en un entorno de acecho de las potencias extranjeras que se aprestaban cándidamente para sacar botín de las guerras internas de México, como la pérdida del territorio nacional.

Juárez, como un destacado profesionista del derecho, bien pudo tomar partido y desentenderse de la realidad, refugiándose en la comodidad del anonimato, pero esto era prácticamente imposible para un hombre que había crecido en un entorno social de injusticias y que reconocía en su propia experiencia el rostro de sus hermanos indígenas.

En un discurso pronunciado en la Ciudad de Oaxaca, en 1840, con motivo del 30 aniversario del inicio de la Independencia, Benito Juárez, destacado alumno de jurisprudencia, deja en claro su visión de liderazgo al refrendar el papel de Miguel Hidalgo y la necesidad de continuar su lucha para conseguir una patria donde haya paz con honor y  justicia para las generaciones futuras.

De ahí que en una primera oportunidad que le deparó un instantáneo momento como ministro de justicia, en medio de la tormenta y la incertidumbre de la estabilidad del gobierno nacional, emitió la Ley de Administración de Justicia, en noviembre 23 de 1855, que suprimió el fuero eclesiástico y representó el primer y demoledor acto contra los abusos del clero, que en sus memorias el mismo Juárez reconoce como "la chispa que produjo el incendio de la Reforma que más adelante consumó el carcomido edificio de los abusos".

Benito Juárez supo cuál era su papel estratégico en la lucha al poner toda su inteligencia, conocimientos y convicción al servicio de la Patria, con humildad y honestidad, con valor y determinación, para instaurar el imperio de la ley. Sus sucesivas y acertadas aportaciones desde la legalidad, fueron el punto de convergencia de una generación de hombres honestos que desinteresamente ofrendaron lo mejor de sí, e incluso hasta el sacrificio, para consolidar un país soberano e independiente, dentro de la mejor tradición patriótica y libertaria.

viernes, 8 de agosto de 2014

Claves del liderazgo de Benito Juárez (2 de 3 partes)

II

La preparación del líder

Al liderazgo de Benito Juárez le favoreció, su inteligencia natural, su disposición por el aprendizaje y su rigurosa y permanente disciplina por el conocimiento y sobre todo, el abanderar su causa con los más elevados valores.

Benito Juárez fue un hombre inteligente y preparado, justo y honesto.

Suena a Perogrullo mencionar esas cualidades ampliamente reconocidas en el liderazgo de Juárez, pero es importante destacarlas porque hasta los doce años de edad, Benito Juárez era un niño indígena campesino, analfabeto y monolingüe, que vivía  en pobreza extrema y que decidió escapar de la sierra para retar al destino.

Juárez escapó de la casa de su tío porque lo había reflexionado y planeado con anticipación. Fue una huída que, podríamos decir, representa el parto de la sierra, que expulsa a su hijo preclaro para que nazca a la vida y derroche en ella sus virtudes.

Ese acto de audacia y de arrojo es una de las primeras muestras del liderazgo del niño Juárez, por el que decide traspasar sus límites, con suficiente valor para vencer y enfrentar sus temores y la sana ambición para romper el conformismo asfixiante y determinista de la miseria.

Una vez que llegó a Oaxaca estuvo un par de semanas cuidando la huerta familiar de Antonio Maza, donde servía su hermana mayor María Josefa.

Maza, un hombre bueno, pensó que podría apoyar más al pequeño indígena si lo acercaba con uno de sus amigos, Don Antonio Salanueva, que ejercía de encuadernador.

Juárez se instaló formalmente en la ciudad de Oaxaca en enero de 1819 en la casa de Salanueva, un hombre cristiano y devoto, que a los pocos días de hospedarlo, lo llevó a confirmar.

Si Juárez no conoció a sus padres y su experiencia con su tío Bernardino no le ofrecía mayor horizonte---porque Bernardino le dio todo lo que pudo, que fue iniciarlo en las primeras letras, despertar su interés por el idioma español y motivarlo a estudiar, pero sin dejarlo ir a la Ciudad, tal vez por no querer separarse de él---, es indiscutible que la relación que llevó con Salanueva, su padrino, pudo ser lo más parecido a la relación padre-hijo, que lo acercó a los libros y lo apoyó de manera decidida, como un mentor, a lo largo de su formación profesional.

Salanueva es el encuadernador en una ciudad que forma parte del circuito del imperio español y por ese motivo podía tener contacto con libros que llegaban de Europa y de Estados Unidos, tanto de manera legal como de manera ilegal, pese a las prohibiciones de la Corona y gracias a la corrupción de las aduanas.

Además las principales ciudades del virreinato ya eran beneficiadas de la producción bibliográfica de la primera imprenta en América, que radicó en la ciudad de México.

Por eso no es extraño que los libros que leyera el Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla y los prohombres que lo secundaron, fuesen también aquellos títulos disponibles para las capas educadas de la sociedad novohispana que inspirarían, conjuntamente con las contradicciones de la época, el mismo sentimiento independentista y libertario.

Salanueva no sólo le abrió las puertas de su casa al indigente analfabeto de mente brillante, de manera principal le abrió las puertas al conocimiento y con especial esmero, le fomentó el amor por los libros, amor que Juárez sólo pudo interrumpir con la muerte.

Al inicio Salanueva decidió lógicamente que teniendo un ahijado indígena con grandes deseos de aprender, en una sociedad donde imperaba el poder de la iglesia, éste debería ser sacerdote y con ese fin lo inscribió en la primaria, en la todo se reducía a saber leer, escribir y aprenderse de memoria el catecismo del padre Ripalda. Evidentemente, esa educación era tan mala que el niño Juárez solicitó a su tutor Salanueva que lo cambiara a una mejor escuela.

Salanueva inscribió a Benito Juárez en la Escuela Real donde dividían a los niños “decentes”--- hijos de españoles, que eran atendidos con esmero por el profesor--- de los niños “pobres”--- indígenas que eran atendidos por un ayudante---. Al evaluarse Benito Juárez para ser reubicado en el grado que le correspondía, presentando orgullosamente su esforzado trabajo al auxiliar del profesor, es severamente regañado y castigado por su  manejo incipiente del idioma español y su escaso dominio de la escritura.

Este acto marcó profundamente la personalidad de Juárez, porque se trató de la primera de muchas injusticias que sufrió en carne propia y que eran comunes a la mayoría de la población indígena y pobre de Oaxaca. Las injusticias, en lo futuro, permitirían a Juárez identificar e impulsar los valores que lo caracterizaron como un hombre justo y honesto.

El niño Juárez se decidió a abandonar la escuela, se volvió autodidacta durante unos cuatro años y luego ingresó, por sus deseos de aprender y no tanto por su interés religioso, al Seminario. Allí obtuvo a lo largo de cinco años las más altas calificaciones y menciones honoríficas. 

Justo cuando se le terminaba el tiempo para optar por la carrera eclesiástica, y siempre con la complicidad y el apoyo de Don Antonio Salanueva, ingresó como alumno al Instituto de Ciencias y Artes que habían creado recientemente los liberales, como una opción de educación ante la decadencia de las instituciones del poder eclesiástico.

Benito Juárez obtuvo ahí el grado de bachiller en derecho, en 1830, y se tituló como abogado ante la Corte de Justicia del Estado en 1834, siempre con los más altos honores de reconocimiento académico por su dedicación al estudio, su disciplina en el aprendizaje y sobre todo, su convicción para combatir las injusticias, que le abrirían de manera natural una exitosa carrera en la academia, en el foro y en la administración pública.

El Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca, sería asimismo el semillero fecundo de librepensadores que compartían valores y objetivos comunes en defensa de la patria, la libertad y la justicia, que conformaban un ambiente propicio para la creación de nuevos liderazgos.


(Continuará...) 

martes, 5 de agosto de 2014

Claves del liderazgo de Benito Juárez (1a. de tres partes)

El presente ejercicio se deriva de Apuntes para Mis Hijos, el texto autógrafo que escribió Benito Juárez como una biografía mínima que abarca prácticamente 50 años, desde su nacimiento el 21 de marzo de 1806 y hasta 1857, cuando resultó electo gobernador constitucional de Oaxaca.

Hay tres características generales que, desde una perspectiva empírica, contribuyeron a forjar su liderazgo: su inteligencia natural, su preparación académica rigurosa y permanente y las circunstancias o el contexto de su época.

I. Forjando el carácter

A los tres años Benito Juárez quedó huérfano y vivió hasta los doce años con uno de sus tíos en la sierra de Ixtlán, en una condición de analfabeto y monolingüe y aprendiendo a ser autosuficiente.

Una comunidad en la que apenas vivían unas 20 familias ofrecía un horizonte limitado a su mente inteligente y resuelta, pero representó, sin duda, un entorno que marcaría su personalidad de por vida.

En la sierra, en aquella época y como sucede ahora, a los doce años ya se es hombre.

La leyenda le atribuye el oficio de pastor, que él no menciona en su biografía; pero es probable que no haya sido así, porque en una comunidad con escasos pobladores en pobreza extrema, no era común tener algún tipo de ganado.

Más bien, predominaban las labores del campo, como él mismo lo confirma en sus apuntes. En las escasas terrazas de la montaña y en los escarpados espacios de la sierra Juárez conoció el ciclo del maíz, que se reitera una y otra vez ante sus ojos: la semilla que germina y que da fruto. Del maíz sale el atole, las tortillas, los tamales aderezados con hierbas nativas: sembrar maíz y frijol garantiza la supervivencia, es un principio de trabajo y constancia.

En muchos lugares de la sierra el agua se extrae de manantiales o se capta de pequeñas cascadas, pero en época de lluvias, se forman poderosos torrentes que crean surcos naturales; en cualquier caso, el agua define su curso por muy difícil que sean los obstáculos. El agua enseña la resolución y el movimiento continuo, la acción permanente.

Juárez no lo dice, pero a su edad y mientras cortaba leña, pudo ver al jaguar perseguir al venado en una lucha a muerte, pudo seguir el rastro de la serpiente y verla engullir al ratón o al ave distraída. En ese entorno distinguió a los animales nobles de los depredadores porque la vida es una lucha natural e incesante entre el bien y el mal.

En ningún otro lugar como en la sierra, las lluvias son más intensas y es más furiosa la fuerza de las tempestades. Los rayos parece que caen junto a uno, con un ruido multiplicado por el eco, pero pasada la tempestad el bosque recupera su jovial belleza entre las variedades de enormes árboles que caen por la edad y los retoños que asoman la cabeza alegremente para regenerar la vida. El bosque te enseña que por muy intensa que sea la tempestad, ésta será temporal y sus recurrencias templan la paciencia.

Quienes no están acostumbrados a caminar por el bosque de la sierra sufren de claustrofobia. Por donde quiera que se vea solo se aprecia una pared verde tejida con la mayor variedad de plantas y árboles que obliga a buscar el cielo para alejar la sensación de encierro y ahogo, pero quienes nacen en este entorno, el espacio de la sierra te enseña a meditar y a hacer de la reflexión y el análisis un ejercicio cotidiano.

En la mayor parte del año en la sierra reina el frio y desde temprana hora la neblina invade los bosques predominando la oscuridad con una visibilidad extrema de escasos centímetros. La experiencia de estar inmerso en la neblina es el mejor ejercicio para la introspección y el cuestionamiento sobre el sentido de la vida que se traducirá en una evaluación personal y el diseño de objetivos trascendentales.

Asimismo, desde lo alto de las montañas de la sierra de Ixtlán se alcanza a divisar el ancho valle de la ciudad de Oaxaca, desde donde pasaban comerciantes en su ruta hacia Tuxtepec y también, desde donde venían las mujeres que se empleaban en las casas de los españoles. Su propia hermana, María Josefa, empleada del italiano Antonio Maza, le comentaba sobre las maravillas de la ciudad que, junto con las versiones de los viajeros, crearon una enorme puerta esperanzadora para tener otras experiencias a un niño campesino ávido de conocimiento.

Doce años vivió Juárez en la sierra que lo vio nacer y cuya naturaleza contribuyó, indudablemente, a forjar su carácter. 

(Continuará…)

martes, 8 de abril de 2014

El Obispo que discriminó al Gobernador Benito Juárez



Está documentado.
Narra el historiador oaxaqueño Manuel Martínez Gracida* que en 1828 el señor Pedro José de la Vega dejó un legado de casi 90 mil pesos para que se construyera un Hospicio de Pobres, dejando como patrono de la fundación al que ocupara el Obispado de Oaxaca.

El recurso fue administrado por el Cabildo Eclesiástico y de los réditos se hicieron unas cuantas donaciones y limosnas.

Pasaron 16 años sin que se construyera el Hospicio.

En 1844 fue nombrado como Obispo de Oaxaca Antonio Mantecón y en consecuencia le tocó administrar a él esta herencia, conjuntamente con el Cabildo Eclesiástico.

Pasaron otros cinco años y el dinero seguía utilizado para otros fines, menos para los que había sido donado, lo que generaba malestar en la sociedad de la época.

Corría el año de 1849 y Benito Juárez gobernaba el estado de Oaxaca.

Aunque Juárez había instruido al ayuntamiento para que invirtiera en el Hospital de Belén, dadas las constantes revoluciones de la época, la población le recriminaba al Gobierno su falta de inactividad en relación con el legado del señor de la Vega, que vendría a aliviar un poco la demanda de los servicios de salud.

Juárez comisionó entonces a su Secretario de Gobierno, Manuel Ruiz, para que buscara al Obispo Mantecón y le planteara la posibilidad de concretar la construcción del Hospicio con auxilio del Gobierno del Estado.

El Obispo lo escuchó y le contestó que le dijera al Gobernador que no se metiera en este asunto. El Secretario de Gobierno le hizo ver que la obra no sólo era un pendiente, sino que también había presión social para que se construyera y que además se demeritaba la imagen de la iglesia. Entonces el Obispo le dio cita para otra ocasión.

Manuel Ruiz se presentó puntualmente a la cita, pero el Obispo no lo recibió; insistió un par de días más y el Obispo seguía sin atenderlo, por lo que le dejó dicho que regresaría al día siguiente ya que no se trataba de un motivo personal sino de un asunto de la gubernatura.

Esa referencia encolerizó al Obispo de Oaxaca, por lo que atendió al representante del gobernador al día siguiente.

El Secretario de Gobierno llegó acompañado del regidor Juan Nepomuceno Almogabar y del síndico municipal Manuel Dublán y encarándolos el Obispo les espetó a quemarropa : “Recibí un recado de usted poco comedido y precisamente él me obliga a contestarlo, manifestándole que no reconozco en el yopito que gobierna Oaxaca, autoridad superior a la mía, y como consecuencia, no puedo ni debo tratar con él ni con su representante, el asunto que nos entrevista”.

El Secretario de Gobierno le replicó: “El que ha estado poco comedido con el representante del Gobierno oaxaqueño es usted que ha dado muestras del poco respeto que le tiene” y se retiró.

Enterado Juárez de la actitud del Obispo le mandó una carta con el siguiente texto:
“Comprendo bien, padre Obispo, que la fundación del Hospicio no se llevará a efecto porque el clero no soltará de sus manos los fondos que dejó el benefactor; pero sepa usted que si hoy aprovecha la preocupación religiosa, que le da superioridad, llegará un día en que esa ficticia superioridad de que hace usted alarde para despreciar al Gobierno, quede para siempre bajo la férula del Poder Civil que es como debe estar. Dios dé vida a usted para que lo vea, y a mí para que se lo haga notar”.

Vendrían posteriormente las Leyes de Reforma, pero el Obispo rebelde no las pudo ver porque murió unos años antes, en 1852.

*Fuente: Citado en Benito Juárez, Documentos, Discursos, Correspondencia. Tomo I, pp. 685-688

jueves, 26 de septiembre de 2013

¿Benito Juárez era realmente de Guelatao?

La historia oficial dice que sí.

No obstante, los antecedentes que consigna el poblamiento de Guelatao indica que sus habitantes provenían de una comunidad vecina que se ubicaba en Rabezi, ranchería perteneciente a Santiago Xiacui.

Según esta información, Rabezi, que en zapoteco significa árbol de nudos en la punta, era una población rica y abundante en el siglo XVIII; sin embargo, hubo una epidemia que devastó a la mayoría de los pobladores, por lo que, los sobrevivientes abandonaron el pueblo y solicitaron  permiso a las autoridades de Ixtlán, para que les permitiera vivir en Guelatao, en donde estuvieron como vecinos hasta 1824, fecha en que obtuvieron su reconocimiento.

Benito Juárez nació en 1806 y en sus "Apuntes para mis Hijos", su autobiografía, consigna que nació "en el pueblo de San Pablo Guelatao de la Jurisdicción de Santo Tomás Ixtlán en el Estado de Oaxaca", precisamente cuando todavía eran considerados "vecinos" de la comunidad, es decir, no originarios.

Como sea, la ascendencia étnica de Don Benito Juárez, según esa evidencia, podría encontrarse justamente en Rabezi, que en el censo del gobierno del estado de Oaxaca, del último tercio del siglo XIX, arrojaba apenas una población de 15 personas.

Este detalle le da un cariz de leyenda a los orígenes del prócer y tal vez por ese motivo, Xiacuí podría reclamar moralmente, ser la cuna de la raza de este extraordinario personaje de la vida pública del país.

martes, 10 de septiembre de 2013

El adeudo de Benito Juárez con Alejandro de Humboldt

Juárez puso la primera piedra.

Este 14 de septiembre se cumplirán 244 años del natalicio del gran sabio alemán Alejandro de Humboldt.

Al menos son tres las características que hacen de Alejandro de Humboldt un personaje imprescindible en la historia de México:

En primer lugar su sólida y destacada formación científica y humanista, que lo llevó a acometer a sus treinta años una de las más grandes hazañas del mundo contemporáneo: la exploración científica del continente americano durante cinco años(de julio de 1799 a julio de 1804), de los que uno dedicó a México.

Los resultados de este extraordinario viaje los publicó en una obra monumental denominada "Viaje a las Regiones Equinocciales" y dentro de las obras más destacas para México, el "Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España".

Otra segunda característica, sin duda, fue su ascendencia con el Rey español, Carlos III, que le cofinanció su viaje de exploración a América y  le expidió las más amplias recomendaciones para penetrar la complicada burocracia de las colonias y de sus autoridades civiles, militares y eclesiásticas, incluyendo las sociedades científicas de la época.

Fue tan relevante su presencia en el ámbito científico y cultural que además de realizar su trabajo de campo, intervino como sinodal en exámenes de titulación y tuvo que hacer gestión ante diversas autoridades para desenterrar la impresionante escultura de la Coatlicue.

Y una tercera característica de su relevancia, la constituye su interacción en un entorno de ideas libertarias que convergió en su persona por su afinidad intelectual con las causas de la justicia, y la preocupación del desarrollo de un país contrastante que lo fascinó y lo hizo vibrar en cuerpo y alma.

Tal vez no haya interactuado directamente con Don Benito Juárez, por las diferencias de edades y la distancia, ya que dos años después de que regresara a Europa con su abultada investigación sobre tierras americanas, apenas nacía Benito Juárez en la frondosa sierra oaxaqueña. Por otro lado, se sabe que el gran sabio alemán siempre quiso retornar a su amado objeto de estudio, pero las circunstancias no se lo permitieron.

En 1857 el presidente Comonfort, le adiciona el apellido de Humboldt a un pueblo zapoteco del istmo, Guevea, en honor del científico que había identificado y propuesto el istmo de Tehuantepec, como una de las zonas idóneas para unir los dos oceános intercontinentales. Otro de los lugares que había propuesto para el canal fue Panamá.

Alejandro de Humboldt murió en Alemania el 6 de marzo de 1859. Tres meses después, el 29 de junio, Don Benito Juárez, en justo homenaje por sus aportaciones a la ciencia y el conocimiento de México, lo nombra "Benemérito de la Patria" y como suele suceder con los grandes hombres que realizan grandes aportaciones, determinó que se le construyera una estatua.

Juárez hizo lo que tenía que hacer en calidad de hombre de estado.

Pero como dice Alicia Reyes en sus excelentes apuntes biográficos sobre Alejandro de Humboldt(SEP, México, 1967), "Las duras pruebas por las que atravesaba México, la guerra de Reforma y la intervención francesa, impidieron la ejecución de estos decretos. Pero durante los treinta años de paz porfiriana tampoco se les dio curso, y el único testimonio de gratitud a Humboldt fue dar su nombre a una calle del centro de la Metrópoli. La estatatua que se levanta en el pequeño jardín de la Biblioteca Nacional fue obsequiada a México por Guillermo II, con motivo del centenario de la Independencia."

Sin duda, Juárez hizo lo propio, la República, entonces, está en deuda con el gran sabio alemán.

martes, 25 de junio de 2013

Ideas para conmemorar a Benito Juárez

Decía alguna vez que la celebración más relevante del patricio pasó de noche.

Pero no vale juzgar el pasado, como sea que haya sido.

Lo importante es que todavía hay muchas ideas para celebrar el natalicio(21 de marzo) o el aniversario luctuoso del prócer (18 de julio).

Así, podría plantearse la pregunta del millón: ¿DE QUE MURIO REALMENTE BENITO JUAREZ?

Y que una comisión científica se dedicara a esclarecer para siempre el misterio de la muerte de Juárez o comprobar que realmente murió de una angina de pecho o por la tristeza de haber perdido a su amada Margarita.

Qué tal revisar entre los libros que todavía puedan existir si quedó alguna muestra de su cabello para determinar más o menos su estado de salud, claro, en caso de que fuera posible.

Y si vamos más allá, checar el ADN de quienes se dicen sus descendientes y que, al parecer no son mexicanos.

Sin duda, el mejor festejo es seguirá siendo, tratar de reproducir su ejemplo.

Eso sí es un reto.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Benito Juárez, Madero y el Espiritismo

18 de noviembre de 2008.
En la lujosa habitación y en medio de un silencio absoluto Francisco I. Madero, el apóstol de la democracia realiza su cotidiana práctica de médium con la ayuda de un lápiz y un cuaderno, con los que escribe lo que le dictan los espíritus que lo guían en lo que será su paso a la historia patria.
Dos son sus espíritus de cabecera, siendo el principal José María Morelos y Pavón, a los que debe, en buena medida, la elaboración de su libro "La Sucesión Presidencial de 1910", en el que sostiene básicamente la idea de la democracia para acabar con los vicios del decadente gobierno de Porfirio Díaz.
Este día es especial pues lo ha visitado ni más ni menos que el espíritu de Don Benito Juárez y que entre otras cosas le dice:

"El triunfo de Usted va a ser brillantísimo y de consecuencias incalculables para nuestro querido México. Su libro (el que está escribiendo Madero "La Sucesión Presidencial de 1910") va a hacer furor por toda la República, como una corriente eléctrica que va a impresionar fuerte y profundamente todos los espíritus...

"Usted tiene que combatir a un hombre astuto, falso, hipócrita.Pues ya sabe cuáles son las antítesis que debe proponerle: contra astucia, lealtad; contra falsedad, sinceridad; contra hipocresía, franqueza...

"Tenga usted una fe inquebrantable en la justicia de su causa, en la seguridad de que cumple con un deber sagrado y que serán tan poderosas las fuerzas que se aglomerarán a su derredor que mucho le facilitarán su empresa y le permitirán prestar a su patria inmensos servicios.

"Con gusto volveré a hablar con usted cuando me llame, pues formo parte del grupo de espíritus que le rodean, lo ayudan, lo guían para llevar a feliz coronamiento la obra que ha emprendido.

"Que nuestro Padre Celestial derrame sobre su cabeza sus tesoros de amor y de bondad".

No preciso si Madero volvió a recibir la visita del espíritu de Benito Juárez.

Hasta donde lo consigna el libro "Madero y el Espiritismo" de José Natividad Rosales ( Editorial Posada, México, 1973), Madero fue positivamente influenciado por algunos espíritus que le brindaron un impulso definitivo para esclarecer el papel que tendría que jugar en esos aciagos años de la historia patria.

Es grato saber, al menos, que Madero abrevó del espíritu de Benito Juárez para orientar su participación política.