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martes, 2 de septiembre de 2014

Dinero público: despilfarro, ineficacia y corrupción

Parece un cuento chino.

Con el debido respeto para la civilización china, en la cultura popular mexicana un cuento chino significa una narración exagerada que es imposible que haya ocurrido.

Por analogía, vendría a ser lo mismo que esta otra acertada frase que ilustra un estado de incapacidad mental, de inmadurez o de haber sido sorprendido sin ninguna posibilidad de defensa: recibir atole con el dedo.

Y es que no hay otra palabra que describa la actitud del ciudadano común cuando se le informa que los recursos públicos que están destinados para promover mejores condiciones de desarrollo para él, su familia y su sociedad, simplemente se han perdido en el despilfarro, la ineficacia o la corrupción.

Recientemente se publicó en el periódico El Imparcial de Oaxaca (27 de agosto), a través del reportero Juan Medrano, la declaración del titular de la Auditoría Superior del Estado, Carlos Altamirano Toledo, que 300 presidentes municipales del trienio anterior no comprobaron cerca de 4 mil millones de pesos.

Dijo que de estos recursos se carece de actas de entrega recepción, expedientes técnicos, facturas, comprobantes fiscales y en general la documentación contable comprobatoria del gasto público ejercido en el trienio anterior. Lo que ha generado sospechas de corrupción.

A reserva de que se ratifique el dicho del responsable de la vigilancia de la cuenta pública del estado, es lógico, sensato y razonable pensar que esto simplemente no puede ser posible.

Un asunto tan delicado como el erario, no puede presentar fallas tan elementales con consecuencias tan graves.

Oaxaca, entidad con una elevada marginación, con una acentuada dispersión poblacional, con una orografía compleja, con 417 municipios, de 570, que se manejan por “usos y costumbres”, y en los que la duración del gobierno municipal va de un año, a año y medio, dos años y hasta tres años, donde la mayoría de las autoridades municipales apenas si saben leer y escribir, históricamente ha sido un campo propicio para justificar el extravío de dinero, de todos los niveles de gobierno.

Hay un desdén institucional por el municipio en Oaxaca, que es, irónicamente, el estado con el mayor número de municipios en el país y, asimismo, el orden de gobierno más cercano a la gente.

Esta caracterización de bajo perfil en el desarrollo institucional municipal puede ser una causa de la falta de comprobación de recursos públicos en tiempo y forma, pero también hay que reconocer que con las participaciones de recursos federales que reciben los municipios, la célula básica del federalismo se ha convertido en una arena por excelencia para la disputa de los dineros públicos, tanto de manera formal, como de manera informal.

Pero las autoridades municipales, en los casos de corrupción que se pueda identificar, no actúan por sí mismos, una de las principales área de corrupción se da a través de la obra pública.

Muchas constructoras ofrecen a la propia autoridad municipal un jugoso plan de comisiones para ganar la asignación de la obra y tratándose de licitaciones, son capaces de presentar tres o más propuestas distintas de empresas legalmente constituidas que pueden mantener un arreglo entre sí, o tener a los mismos accionistas o sus prestanombres.

Para que se pueda generar el moche, la mordida o la comisión, hay que sacrificar la calidad y la cantidad de la obra, lo cual se traduce en vicios ocultos, en obras con escasa vida útil, en obras que requieren una inversión mayor de mejoras en el corto plazo y en el peor de los casos, obras inexistentes u obras que ya existían y que se maquillan para justificar el gasto.

En otras ocasiones se ha denunciado la existencia de empresas fantasmas que cobran jugosos anticipos para luego desaparecer. Aunque en menor medida, también se han denunciado mecanismos de extorsión hacia las autoridades municipales, ya que delincuentes les prometen gestionar donativos en especie del Sistema de Administración Tributaria, como patrullas, carros de bomberos, ambulancias, previa entrega de anticipos en efectivo para gastos de operación, que se perderán junto con la buena fe de las autoridades municipales.

La cuantía del gasto público, ha generado también un relevante sector de gestores, asesores y contadores, no pocos con escrúpulos, que se disputan las migajas del pastel con los intermediarios institucionales, los mártires de las organizaciones sociales que exigen su derecho de piso al presupuesto público y entre los que se encuentran no pocos políticos y recomendados de los personeros del poder público.

Muchos partidos acostumbran a inflar la nómina municipal con una cuota de plazas que se impone al presidente municipal, tanto en la burocracia local, como en los comités municipales del partido, que hacen la función de substituir la aplicación de los jugosos recursos que deberían de destinar a sus actividades de proselitismo político.

En este maremágnum de corrupción existente, la culpa no sólo es de algunos partidos políticos que tienen prácticas de agencias de colocaciones, de lobbies o de cuello de botella en la asignación de obra pública o del destino de la inversión de los recursos públicos, también tienen un poco de culpa algunos colegios de profesionistas―tradicionalmente desgastados entre la grilla y el divisionismo―, dejando en segundo lugar la grave tarea de regular el ejercicio profesional y supervisar la ética de sus miembros.

Por otro lado, y afortunadamente, hasta el momento, en Oaxaca todavía no se tiene conocimiento de que la delincuencia organizada esté extorsionando a las administraciones públicas municipales como ha sucedido en otras entidades, pero esto ya sería el colmo.

Evidentemente hay soluciones.

Oaxaca, pese a sus características geográficas o sociales, no es un mundo extraterrestre o esotérico e imponer soluciones a esta problemática no significa descubrir el hilo negro. Mucho depende de la convicción de los gobernantes, de su compromiso con la ley, la equidad y la justicia.

Como en todo proceso, las fallas de control y vigilancia en el gasto público de Oaxaca, con esas cantidades enormes de recursos sin comprobar y que dan lugar al sospechosismo, muestran un desarreglo institucional que estrictamente va más allá de las autoridades municipales, porque así conviene al sistema.

Lo cual no es un asunto menor. Tal vez por eso es de lamentarse la falta de estudios que permitan profundizar el conocimiento de esta problemática.

En fin, es probable que el ciudadano común siga escuchando discursos de denuncia de actos de corrupción consumada, a la manera de cuentos chinos, en voz de funcionarios del mismo estado, en vez de constatar hechos proactivos, que prevengan y reduzcan esas irregularidades que son fuente de inequidades, injusticias y retraso social.


No hay que olvidar que este girón de la Patria, es  cuna de uno de los gobernantes más honestos que haya existido en la historia de México, Benito Juárez, y esos actos escandalosos de dispendios, ineficacia y corrupción no honran su memoria ni contribuyen a elevar el nivel de vida, ni el prestigio del estado y sus habitantes.

viernes, 13 de junio de 2014

Cotzocón o el límite de los usos y costumbres



Se habla de ocho muertos.

Por cada persona caída habrá una familia destruida y mucho dolor.

Son vidas humanas que se han perdido de manera inútil y de una forma estúpida porque se pudo evitar la confrontación armada. Sin duda, la primera víctima de esta tragedia ha sido la inteligencia, por donde quiera que se le vea.

Más allá del controvertido operativo de la policía estatal para apoyar algunas detenciones este 11 de junio en el municipio mixe de San Juan Cotzocón, que derivó en cuatro policías y cuatro civiles muertos—número de decesos que  ha reconocido el gobierno del estado--, hay que destacar que estos hechos representan una llamada de atención para atender y prevenir situaciones similares.

La causa de los muertos de Cotzocón se da como resultado de un conflicto poselectoral de usos y costumbres, a pesar de que la controversia ya fue resuelta legalmente hasta su último recurso y hoy tiene la categoría de cosa juzgada.

Se ha señalado que un grupo inconforme con los resultados que no le favorecieron en la elección municipal creó su propio “ayuntamiento popular”, despachando de manera ilegal y con presuntas violaciones y excesos en contra de la población, mientras que el ayuntamiento “legítimo” cambió  su sede haciéndole el juego al ayuntamiento "popular".
 
Poco a poco empieza a fluir la información y a conocerse la injerencia indebida de actores políticos externos, pero muy interesados en el control político y su meta final, que es influir en el manejo de unos 50 millones de pesos que es el presupuesto promedio anual de ese municipio que reportan datos oficiales.

La ausencia del respeto a la legalidad, la falta de una operación política conciliatoria eficaz y la ambición desmedida de algunos actores políticos, que están agitando las aguas preelectorales de la entidad, contribuyeron a aderezar ese coctel de violencia y muerte.

Y todo esto nos hace voltear hacia uno de los factores principales de este drama, que es el frágil diseño institucional de la elección por usos y costumbres, cuyas insuficientes bases legales abren grandes boquetes de incertidumbre e inestabilidad.

Voy a destacar la necesaria reformulación de las elecciones por usos y costumbres, como un requisito para garantizar la certidumbre legal y la representatividad electoral, que cierre los resquicios a los abusos que derivan en penosos resultados como el de San Juan Cotzocón.

Esencialmente, las elecciones por usos y costumbres que se practican en 417 de los 570 municipios de Oaxaca, se tratan de elecciones organizadas y validadas, en primera instancia por el propio municipio, en las que impera el principio de buena fe. Pero en política, la buena fe es insuficiente cuando hay controversias.

La elección por usos y costumbres o de “sistemas normativos internos” funciona para municipios pequeños con poblaciones homogéneas; San Juan Cotzocón, aún cuando concentra  una mayoría de hablantes de la lengua mixe, también se integra por localidades de otras etnias y alcanza una población mayor a los 22 mil habitantes.

En la elección por usos y costumbres se elige a mano alzada a los integrantes del ayuntamiento mediante una asamblea general de vecinos y en la mayoría de los casos, estas decisiones las toman los habitantes de la cabecera municipal y pocas veces se permite la participación de los ciudadanos de las demás agencias del municipio.

La ley prohíbe la injerencia de partidos políticos o de organizaciones en la elección de los ayuntamientos de usos y costumbres, pero esto es letra muerta, sobre todo, cuando el municipio representa para los partidos políticos y los caciques locales un filón electoral y de obtención de ingresos económicos.

Esto nos exige discutir si los municipios con grandes cantidades de población, relativamente, como San Juan Cotzocón, deben continuar bajo el régimen de usos y costumbres, o es necesario establecer mecanismos de mayor precisión que garanticen la legalidad y la legitimidad de la representación por usos y costumbres y por otro lado, que sirvan de base para promover una mayor eficacia de la vida institucional municipal.

Se trata de desarrollar la cultura política y de manera paralela impulsar la modernización de las administraciones públicas municipales, para evitar la manipulación política, la corrupción y acaso, la consecuencia más grave, la perdida de vidas humanas por el menosprecio y abandono institucional del tercer orden de gobierno.

viernes, 31 de mayo de 2013

Frágil municipalismo oaxaqueño

Es irónico.

El Estado con el mayor número de municipios a nivel nacional, 570 a la fecha, es al mismo tiempo el estado con menos políticas públicas municipalistas.

Por eso es importante destacar la añeja demanda de ordenar el desarrollo metropolitano en el Estado de Oaxaca y de manera especial, de su principal zona metropolitana--que es la ubicada alrededor de la ciudad de Oaxaca de Juárez---.

Como se sabe, en el federalismo mexicano, el orden de gobierno municipal sufre de un alto grado de paternalismo que limita su autonomía, principalmente financiera y que reduce su potencial de gobierno a una mera ventanilla de trámites del estado y la federación.

Históricamente se han obtenido logros determinantes en la configuración del municipalismo mexicano: su autonomía política, que le permite nombrar a sus propias autoridades municipales; su autonomía administrativa, por el que se pueden organizar conforme a sus características y necesidades y su creciente--y hoy limitada-- autonomía financiera.

Al menos son tres los problemas que limitan el ejercicio cabal de sus competencias:

1. La falta de un servicio civil de carrera en áreas técnicas. Por lo que no cuentan con profesionistas de planta que le den seguimiento a los servicios técnicos: auxiliares de tesorería, auxiliares de la sindicatura, auxiliares de la alcaldía y auxiliares de los servicios públicos municipales. Esta ausencia de leyes estatales de servicio civil de carrera municipal ha sido tergiversada con la falsa idea de la reeleción municipal, que atenta contra la tradición del espíritu democrático del municipio.

2. La falta de programas de desarrollo regional.- Honestamente desconozco la experiencia de los estados en esta materia. Al menos en el Estado de Oaxaca carecemos de instrumentos de planeación que permitan articular a las regiones y los municipios desde una perspectiva de integración regional para el desarrollo, y

3. La falta de ordenamiento urbano.- Con la sola experiencia empírica de visitar otros estados, creo que esta es una demanda añeja que tiene mucho camino andado en la academia y en programas de gobiernos federales.

La buena noticia para Oaxaca es que por fín, al menos en el discurso, se está llamando ahora la atención sobre este problema. Nunca es tarde para meter orden. Y es precisamente en la diputación local donde se convoca a la creación local del Instituto Metropolitano de Planeación.

Este instituto tendría como objeto contribuir al desarrollo metropolitano de los 22 municipios que conforman el área metropolitana de la Ciudad de Oaxaca de Juárez---según se anuncia, este municipio ya creó su propio Instituto Municipal y está empujando para la creación del Instituto Estatal---, lo cual no está nada mal.

Lo malo de estas propuestas es que con los cambios de autoridades cambian las prioridades y ya no tienen el mismo empuje inicial para su concreción y operación, no obstante que estén en la ley. El ejemplo más patético sucedió en Oaxaca con la desaparición del Instituto de Desarrollo Municipal, en el sexenio pasado, en un estado donde las necesidades de capacitación, orientación y asesoría de gestión son una gran demanda para la mayoría de los municipios, cuyos magros presupuestos y la ausencia de la cultura de la capacitación los vuelve más frágiles.

Esperemos que estas medidas no se pierdan y pronto podamos ver una gran concertación de esfuerzos para demostrar que sí se puede dejar de ser tan frágiles para el desarrollo.

viernes, 17 de febrero de 2012

Basureros crecientes en Oaxaca

Se agudiza más.

La mayoría de las autoridades de los 570 municipios del Estado no le dan prioridad al problema de la basura.

De punta a punta en todo el territorio estatal se pueden apreciar basureros municipales a cielo abierto en los que no se recicla, no se aplican medidas técnicas y no existe ningún respeto por el medio ambiente.

El problema se complica por la generación de fauna nociva, la generación de contaminantes del subsuelo y del aire que en épocas de lluvias muestra su efecto real al contaminarse los territorios vecinos por efecto del viento y el agua.

Las autoridades municipales seguramente creen que con llevar los residuos fuera del casco urbano están solucionando el problema, pero en realidad están generando otro.

Algunos, en el peor de los casos, incineran la basura.

La contaminación tiene así un gran aliado en la omisión de las autoridades municipales y probablemente de otros órdenes, por lo que es necesario impulsar medidas de atención, capacitación y saneamiento.

Lástima.



viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Cuántos municipios debe tener Oaxaca?

Ya lo decíamos.
Manuel Mejido, que es un periodista de la vieja guardia---diríamos un clásico, como hay varios en México---, entrevistó en los últimos años de los 60 al historiador oaxaqueño José Fernando Iturribarría, sobre el extenso número de municipios en Oaxaca (570) y por su extraordinaria actualidad reproducimos la parte de la entrevista:

"(...) 'Lo más grave de esta situación---que provoca atraso es que en Oaxaca todas las comisarías o agencias municipales quieren convertirse en ayuntamiento', dijo al reportero el historiador y diputado José Fernando Iturribarría. Históricamente, el legislador y autor de cuatro volúmenes sobre los hechos y acontecimientos de Oaxaca, considera que la atomización de los municipios obedece a tres razones fundamentales: la orografía abrupta de la región, el exagerado orgullo de los oaxaqueños y su acendrado individualismo. 'Además ha habido excesiva tolerancia de los diputados locales que para acceder alos deseos de quienes los eligieron, no vacilan en presentar y aprobar en el Congreso local las solicitudes para la instalación de nuevos municipios', señaló Iturribarría. Por otra parte, calificó la situación como 'una monstruosidad'.
"--¿Cuántos municipios debería tener Oaxaca?
"La respuesta del historiador ---enfermo y encamado en su vieja casona, víctima de una dolencia en la pierna izquierda--- fue la siguiente: 'Treinta solamente. Porque en la actualidad, con 570 municipios, Oaxaca representa 24% del total nacional, que es de 2,344 municipios*.' Más que de ayuntamientos, aquí se trata de verdaderas islas geográficas, en donde hacen falta los más indispensables servicios municipales.'  (...) 'Noventa por ciento de los municipios de Oaxaca lo son solamente en teoría' afirmó el diputado Iturribarría.
"---¿Qué otros factores, tal vez ocultos, han prohijado la multiplicación de los municipios en Oaxaca?
"He aquí la respuesta: 'El caciquismo, por supuesto. Los hombres fuertes de los pequeños poblados tratan de protegerse con el manejo autónomo del ayuntamiento para que nadie los moleste y puedan hacer lo que les viene en gana.'"


*Nota del bloguero: en ese año de la entrevista, que suponemos entre 1969 y 1973 había 2,344 municipios en el país. Actualmente, a esta fecha existen 2,440 y 16 delegaciones del DF.

Información tomada del libro: "México Amargo" de Manuel Mejido. Siglo XXI Editores. 12a Edición. México, 1990. Pp: 373-374.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

En materia municipal avanzamos (en reversa)

Es como un regalo de Navidad.
Los diputados de la LX Legislatura aprobaron de último minuto una nueva "Ley Orgánica Municipal" que se publicó en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado el 30 de noviembre del 2010.
A reserva de realizar un análisis en relación con la anterior Ley Municipal para el Estado de Oaxaca conviene destacar dos cosas que se perciben a simple vista.
E la mayoría de los estados del país, desde la década de los ochentas, la mayoría de las leyes municipales omitieron la palabra "orgánica", por considerar que dicho término connotaba la intromisión del Poder Legislativo en contra de la autonomía municipal.
Una de las características del municipio, como sabemos, es la libertad administrativa, lo que les permite organizarse conforme a sus características, vocaciones e intereses.
En las discusiones de los municipalistas se determinó por lo tanto, que el término de Ley Orgánica Municipal no era recomendable, incluso, hubo estados como Chihuahua, que prefirió emitir un Código Municipal.
Pero tal vez alguien no informó a los diputados de estos antecedentes.
Otro aspecto visible que muestra el desdén por el municipio es que, precisamente, en la nueva "Ley Orgánica Municipal" se sigue considerando al municipio como un "nivel" de gobierno y no un orden de gobierno, que es más congruente con las reivindicaciones jurídico políticas alcanzadas por una larga lucha municipalista.
Tanto desdén sólo es justificable por la ignorancia de quienes pretenden hacer leyes sin la asesoría pertinente.
Es una lástima porque Oaxaca, con sus 570 municipios, debiera ser ejemplo de vanguardia en materia municipalista y muy por el contrario, como sucedió con la desaparición del Instituto de Desarrollo Municipal en el sexenio que acaba de terminar, pareciera que en materia municipal avanzamos en reversa.

lunes, 26 de julio de 2010

El Secreto para Gobernar Oaxaca

Lo más difícil a veces resulta ser lo más sencillo.
En Oaxaca la clave para gobernar el Estado está en la coordinación con los municipios.
A veces resulta inexplicable el por qué el Estado de la República con el mayor número de municipios, 570, carece de políticas públicas o de políticas de estado dirigidos hacia éstos.
La verdad es que en muchos casos, los ayuntamientos son considerados como meras ventanillas de trámites del Gobierno del Estado o del Gobierno Federal.
Parece que, a la fecha, nadie se ha dado cuenta de lo que esto significa.
Si bien es cierto que los municipios de Oaxaca han recibido una cantidad extraordinaria de recursos, comparado con otros años,la mayoría de éstos no están realmente preparados para llevar una vida institucional formal.
Los problemas que enfrentan son básicamente de conocimientos, frente a enormes y complejos requerimientos de las instancias de finanzas, planeación y fiscalización.
El problema es cómo se puede insertar un Gobierno Estatal en medio de 570 ayuntamientos con una diversidad de perfiles institucionales ---hay municipios con más de cien mil habitantes, como municipios con menos de cien habitantes---,la respuesta es muy sencilla, por el lado de la coordinación intergubernamental respetuosa de la autonomía municipal.
Habrá que ver qué opinan los nuevos gurus del futuro gobierno.

lunes, 31 de agosto de 2009

FACTIBLE REDUCIR EL NUMERO DE MUNICIPIOS DE OAXACA

Oaxaca tiene 570 municipios.

Estos representan casi la cuarta parte del total de los 2,440 que existen en el país.

Aunque técnicamente es posible aumentar o disminuir su número, las preguntas fundamentales son “¿para qué?” y “¿por qué?”.

Desde la perspectiva de la descentralización política es conveniente la existencia de un mayor número de municipios, con recursos suficientes y con amplias atribuciones de gobierno y administración, que favorezcan el desarrollo pleno y el progreso permanente de sus comunidades.

En nuestro régimen federal, el tercer orden de gobierno, como persona moral de derecho público y en el ámbito de su competencia, representa la instancia natural para materializar las garantías de libertad, de seguridad jurídica y de propiedad de los ciudadanos.

Resulta en los hechos contradictoria esta finalidad.

Cientos de municipios en el país y en Oaxaca distan mucho de cumplir cabalmente con sus responsabilidades de ley.

Esto se debe a causas estructurales, pero también a inercias y vicios que limitan su funcionamiento óptimo.

Bajo esta perspectiva, al menos hay tres criterios por los cuales se podría reducir el número de municipios en Oaxaca: por su población, por su incapacidad de gobierno y por violaciones graves a la ley.

En el primer caso, para que se pueda crear un municipio en nuestro estado, de acuerdo con la Ley Municipal, se necesita contar con un mínimo de 15 mil habitantes y tener capacidad económica e infraestructura de gobierno y de servicios públicos.

Si se aplicara el principio de población que determina la ley, apenas tendríamos en Oaxaca 47 municipios, que son los que tienen más de 15 mil habitantes, de acuerdo con el Conteo de Población 2005 del INEGI.

Interpretando de manera estricta la ley, tendríamos que 31 municipios actuales se ajustarían como Agencias Municipales, por tener un mínimo de 10 mil habitantes; 70 municipios disminuirían a la categoría de Agencias de Policía, por tener un mínimo de 5 mil habitantes cada uno; 378 municipios se reducirían a núcleos rurales por tener menos de 5 mil habitantes y los restantes 44 municipios, quedarían literalmente como localidades ordinarias por tener menos de 500 habitantes cada uno.

Reducir el número de municipios por el factor poblacional, sin ofrecer alternativas de desarrollo local, generaría un serio conflicto político.

La incapacidad de gobierno es otro factor que se podría aplicar para reducir el número de municipios.

Cientos de municipios de Oaxaca, prácticamente no tienen vida institucional municipal. Es decir, no sólo carecen de los recursos económicos suficientes para promover el desarrollo, sino que, en el mejor de los casos, limitan al mínimo sus funciones de gobierno y administración y por lo general no las consideran pertinentes al estilo de vida de sus comunidades. Las oficinas municipales funcionan un par de horas por la noche, durante un par de días a la semana. El gobierno municipal dura un año, año medio o dos años y las asambleas comunitarias no les permiten a las autoridades municipales ejercer plenamente sus facultades de ley, anteponiendo sus usos y costumbres, y en muchos casos les impiden asignarse una retribución equitativa.

Llevan una vida de comuna que en ocasiones es incompatible con el ejercicio de la autoridad y se desdeña el marco jurídico municipal, argumentando que las leyes funcionan para las ciudades, no para sus municipios.

Una manifestación expresa de esta realidad lo representan también los municipios que con frecuencia tienen un administrador municipal y no logran instaurar su consejo municipal, como lo prevé la Constitución.

En estos casos hay una clara renuncia a ser gobernados por un ayuntamiento, que es el órgano colegiado de representación de la población.

Varios municipios oaxaqueños están siendo rebasados por la creciente complejidad del funcionamiento del gobierno municipal, que los enviste de atributos y responsabilidades que no se ejercen a cabalidad.

La propia Ley Municipal prevé que se podrán suprimir municipios “cuando se compruebe que sus rentas no cubren su presupuesto de egresos, carezcan de capacidad para manejarse por sí mismos y gobernarse a través de su ayuntamiento” y no satisfagan los requisitos de contar con un mínimo de 15 mil habitantes.

Si se aplicara con rigor la ley se tendría que pensar en una alternativa de compensación. Esta podría ser que la reducción de municipios por este segundo criterio, tendría que equilibrarse creando un cuarto orden de gobierno que bien podría ser la comuna y que tendría una base de operación elemental, dejando las responsabilidades de gobierno y administración a órganos superiores, altamente especializados y con reglas de equidad desde una perspectiva de polos de desarrollo.

El reconocimiento del cuarto orden de gobierno tendría que estar determinado por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, lo cual supone otras discusiones.

Una tercera perspectiva viable para reducir el número de municipios de Oaxaca--- que tal vez tenga poca eficacia por ser de menor incidencia---, tiene que ver con las violaciones graves a la legalidad. De esta manera, se podrían denigrar de categoría a aquellos municipios y ayuntamientos que apoyan y fomentan violaciones graves a las garantías individuales y a los derechos humanos, como en los casos de expulsiones de familias de sus comunidades, al margen de la ley, y en las que generalmente se confabulan autoridades y asambleas comunitarias. Aún cuando estos casos son mínimos, no dejan de ser graves y lamentablemente hay reincidencias que son un mal ejemplo para los municipios circunvecinos.

Como se puede ver, existen fundamentos en la Ley Municipal para crear o suprimir municipios y existen también motivaciones suficientes para aplicarla. Las preguntas claves siguen siendo “¿por qué?” y “para qué”, debiendo prevalecer en cualquier caso una perspectiva de eficacia gubernativa. Si los cambios, en cualquier sentido, contribuyen a mejorar la condición de nuestras comunidades y sus habitantes, no se debe dudar en aplicarlos. Ese es el sentido de gobernar.

Personalmente estimo que en Oaxaca deberíamos de tener un mayor número de municipios, con suficientes recursos y capacidades que le brinden un impulso definitivo a la grandeza de nuestro Estado.