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viernes, 13 de junio de 2014

Cotzocón o el límite de los usos y costumbres



Se habla de ocho muertos.

Por cada persona caída habrá una familia destruida y mucho dolor.

Son vidas humanas que se han perdido de manera inútil y de una forma estúpida porque se pudo evitar la confrontación armada. Sin duda, la primera víctima de esta tragedia ha sido la inteligencia, por donde quiera que se le vea.

Más allá del controvertido operativo de la policía estatal para apoyar algunas detenciones este 11 de junio en el municipio mixe de San Juan Cotzocón, que derivó en cuatro policías y cuatro civiles muertos—número de decesos que  ha reconocido el gobierno del estado--, hay que destacar que estos hechos representan una llamada de atención para atender y prevenir situaciones similares.

La causa de los muertos de Cotzocón se da como resultado de un conflicto poselectoral de usos y costumbres, a pesar de que la controversia ya fue resuelta legalmente hasta su último recurso y hoy tiene la categoría de cosa juzgada.

Se ha señalado que un grupo inconforme con los resultados que no le favorecieron en la elección municipal creó su propio “ayuntamiento popular”, despachando de manera ilegal y con presuntas violaciones y excesos en contra de la población, mientras que el ayuntamiento “legítimo” cambió  su sede haciéndole el juego al ayuntamiento "popular".
 
Poco a poco empieza a fluir la información y a conocerse la injerencia indebida de actores políticos externos, pero muy interesados en el control político y su meta final, que es influir en el manejo de unos 50 millones de pesos que es el presupuesto promedio anual de ese municipio que reportan datos oficiales.

La ausencia del respeto a la legalidad, la falta de una operación política conciliatoria eficaz y la ambición desmedida de algunos actores políticos, que están agitando las aguas preelectorales de la entidad, contribuyeron a aderezar ese coctel de violencia y muerte.

Y todo esto nos hace voltear hacia uno de los factores principales de este drama, que es el frágil diseño institucional de la elección por usos y costumbres, cuyas insuficientes bases legales abren grandes boquetes de incertidumbre e inestabilidad.

Voy a destacar la necesaria reformulación de las elecciones por usos y costumbres, como un requisito para garantizar la certidumbre legal y la representatividad electoral, que cierre los resquicios a los abusos que derivan en penosos resultados como el de San Juan Cotzocón.

Esencialmente, las elecciones por usos y costumbres que se practican en 417 de los 570 municipios de Oaxaca, se tratan de elecciones organizadas y validadas, en primera instancia por el propio municipio, en las que impera el principio de buena fe. Pero en política, la buena fe es insuficiente cuando hay controversias.

La elección por usos y costumbres o de “sistemas normativos internos” funciona para municipios pequeños con poblaciones homogéneas; San Juan Cotzocón, aún cuando concentra  una mayoría de hablantes de la lengua mixe, también se integra por localidades de otras etnias y alcanza una población mayor a los 22 mil habitantes.

En la elección por usos y costumbres se elige a mano alzada a los integrantes del ayuntamiento mediante una asamblea general de vecinos y en la mayoría de los casos, estas decisiones las toman los habitantes de la cabecera municipal y pocas veces se permite la participación de los ciudadanos de las demás agencias del municipio.

La ley prohíbe la injerencia de partidos políticos o de organizaciones en la elección de los ayuntamientos de usos y costumbres, pero esto es letra muerta, sobre todo, cuando el municipio representa para los partidos políticos y los caciques locales un filón electoral y de obtención de ingresos económicos.

Esto nos exige discutir si los municipios con grandes cantidades de población, relativamente, como San Juan Cotzocón, deben continuar bajo el régimen de usos y costumbres, o es necesario establecer mecanismos de mayor precisión que garanticen la legalidad y la legitimidad de la representación por usos y costumbres y por otro lado, que sirvan de base para promover una mayor eficacia de la vida institucional municipal.

Se trata de desarrollar la cultura política y de manera paralela impulsar la modernización de las administraciones públicas municipales, para evitar la manipulación política, la corrupción y acaso, la consecuencia más grave, la perdida de vidas humanas por el menosprecio y abandono institucional del tercer orden de gobierno.

miércoles, 12 de enero de 2011

Usos y costumbres a revisión

Ya es hora.
El conflicto poselectoral municipal, principalmente en municipios que se rigen por el sistema de prácticas consuetudinarias, mejor conocidas como usos y costumbres, demandan de la mayor atención para avanzar hacia una necesaria reforma.
De acuerdo con la legislación electoral local, entre los requisitos fundamentales para que una elección sea realizada por este régimen se encuentra:
1. Que en el año en que se realizará el proceso, el ayuntamiento esté comprendido en el catálogo de municipios por usos y costumbres del Instituto Electoral estatal, situación que se puede modificar cuando el municipio de referencia manifieste su interés por pasar al régimen de partidos políticos.
2.Que la elección se realice como se viene haciendo de manera consuetudinaria.
3. Que la elección se realice en el lugar y fecha de costumbre.
4. Que la elección se realice sin la participación de partidos políticos.
Obviamente, es costumbre que los avecindados no tengan derecho a votar ni ser votados; que en muchos municipios las mujeres tampoco tienen derecho a ser votadas; que los integrantes de las agencias municipales tampoco pueden estar representados en el ayuntamiento; que los partidos políticos han encontrado un amplio campo de acción en agencias y municipios de usos y costumbres...
Mientras prevalezca este laxo requerimiento para la elección, seguirá sembrado el conflicto entre los ayuntamientos por usos y costumbres.
Por lo que se ve, alguien no está haciendo su tarea.

lunes, 18 de octubre de 2010

Adiós a los usos y costumbres

Es previsible.
Los usos y costumbres en estricto sentido se refieren al modo de elección directa de las autoridades municipales y que es distinto de la elección universal y secreta.
La Ley que regula los usos y costumbres principalmente en materia electoral es el Código Electoral del Estado de Oaxaca y de manera teórica, una Ley de Derechos Indígenas que realmente nunca se ha aplicado y en estricto sentido no tiene aplicación práctica.
Si bien es cierto que durante algunos elecciones, posteriores al reconocimiento de ley del régimen electoral por usos y costumbres, disminuyó el conflicto electoral---en tiempos en que los municipios no recibían recursos de las transferencias federales---, con el paso del tiempo, y la asignación de recursos presupuestales a los municipios, el régimen de usos y costumbres ha venido mostrando serias grietas que amenazan su permanencia.
¿Cuáles son estos riesgos?
Sin pretender realizar un análisis académico del asunto, aquí van algunas evidencias en ese sentido:
-- Agencias que no tienen representación en el ayuntamiento: Existe un acusado centralismo en las cabeceras municipales que no permiten que la ciudadanía de las agencias tengan representación en el ayuntamiento ni voten en las elecciones para renovar a los ayuntamientos.
-- Tanto en los municipios como en las agencias, las personas que no son nativas de la comunidad, aunque sean ciudadanos avecindados, no pueden votar ni ser votados para los cargos en el ayuntamiento.
-- En al menos unos 200 municipios de usos y costumbres, existen limitaciones para la participación de los jóvenes y especialmente de las mujeres.
Una de las causas que ha detonado el conflicto es, sin duda, la mayor cantidad de recursos que reciben los municipios de Oaxaca, ya que anteriormente--cosa de unos tres sexenios--- realmente sus ingresos eran simbólicos y los integrantes del ayuntamiento no cobraban por sus servicios.
Hoy en día las agencias municipales no sólo están peleando poder tener una representación dentro del ayuntamiento, sino en algunos casos, incluso, cambiar la sede del gobierno municipal.
Las autoridades locales han resuelto este problema mediante arreglos políticos por encima de la ley. De esta manera, numerosas agencias---en las los partidos políticos han abonado alegremente el divisionismo--- han sido beneficiadas con recursos en efectivo y en los que al ayuntamiento únicamente corresponde la tarea de comprobar ante la autoridad respectiva.
Por otro lado, es cada vez mayor la penetración de los partidos políticos en municipios que se rigen por usos y costumbres, sin embargo, no se atreven a dar el paso para cambiar su régimen al de partidos políticos.
Esto ha generado que en cada proceso electoral---donde los municipios tienen una duración variable que va de un año, año y medio, dos y tres años--- realmente exista un silencioso conflicto electoral solapado por las autoridades.
Pero éste, es solo el aspecto político de los usos y costumbres que demanda con urgencia una revisión a la luz de la equidad y el respeto por los derechos políticos.