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domingo, 12 de agosto de 2018

Ocaso del Colegio de Bachilleres del Estado de Oaxaca



((Fotografía tomada de https://www.nvinoticias.com/nota/68960/mas-de-28-millones-de-oaxaquenos-padecen-carencias-70-de-la-poblacion))




Era de esperarse.

El principal subsistema de educación media superior en el estado de Oaxaca, el Colegio de Bachilleres(Cobao), acelera su caída y no parece existir una atención desde la perspectiva de la gobernabilidad que lo detenga.

A 36 años de su fundación, en similitud de la creación de Bachilleres México, que se replicó en varias entidades del país, el Cobao no solo tiene un rezago en su estructura orgánica y operativa--que le han valido varios exhortos de la SEP, en diversos momentos, para que se cumplan algunas disposiciones---, sino que se enfrenta hoy en día a la más severa de las pruebas que es mantener su viabilidad financiera o continuar en su caída libre, que se traduciría en un achicamiento progresivo, a pesar de representar una opción que goza de la preferencia y el prestigio entre los jóvenes para cursar los estudios de bachillerato.

Parte de las causas de esta situación de crisis financiera es la pervertida indeterminación federalista, por lo que el origen de los recursos de su financiamiento son entre la federación y el estado---como pasa con la educación preescolar, básica y media básica--- que permite manga ancha para el juego político local y su consecuente mal manejo de recursos.

Más allá de que se ponga orden en la estructura de competencias entre la federación y el estado, por la inacabada descentralización educativa, el Cobao demanda de una intervención urgente que le permita continuar con las metas del gobierno de la República para alcanzar la cobertura de educación media superior programa para el 2020, en el marco de los países de la OCDE.

Al no existir atención ni interés en meter orden en el Cobao parece que el estado de Oaxaca no contribuirá a alcanzar estas metas, evidenciándose una muestra más de lo que los analistas han calificado como una evidente muestra de ingobernabilidad en el estado, junto a otro problemas crecientes que parecen desbordar la capacidad de gestión gubernamental.

El problema de fondo de esa crisis financiera del Cobao es la falta de coordinación central entre la gubernatura y sus operadores financieros y la dirección de esta institución educativa, que se traduce hoy en día en la falta de pago del aguinaldo 2017 a más de 160 funcionarios de confianza, entre mandos medios y superiores, tanto de oficinas centrales, como de las direcciones de los planteles y sobre todo, en el delito de peculado que comete el gobierno del estado al retener indebidamente los descuentos de los trabajadores y no enterarlos oportunamente a los terceros a los que están destinados.

Como en las mejores películas de caciques, la omisión gubernamental ha tenido efectos indeseados ya que el personal de confianza, desmoralizado, desprotegido y abusado en sus derechos laborales, no puede alzar la voz porque se ha corrido el rumor entre los trabajadores de que de que al que no le guste, que se vaya.

En diversas pláticas del que esto escribe con directores, directoras, subdirectores y subdirectoras de planteles del Cobao se percibe una desmoralización, los trabajadores se sienten abandonados y acusan un abuso de autoridad, ya que además existe el rumor de que supuestamente funcionarios de finanzas estatales han dicho que la instrucción del gobernador es pagar el aguinaldo, pero únicamente al cincuenta por ciento de lo que reciben anualmente y que durante más de una decena de años han venido cobrando oficialmente.

De concretarse esta medida durante el 2018, el gobierno estatal estaría quedándose literalmente con un año de aguinaldo de 160 trabajadores(solo en caso de que se pague la mitad del aguinaldo del año 2017 y se les pague otra cantidad similar por el año 2018) con lo que quedarían escasos meses para que los trabajadores puedan demandar legalmente el impago ante las autoridades competentes.

Adicionalmente, los propios trabajadores de confianza señalan que sus sueldos no se han recategorizado desde hace años y acusan una falta de prestaciones, como el quinquenio y también la falta de apoyos administrativos que dibujan esa tendencia de desinterés o falta de capacidad para conducir una institución educativa, que pese a todo, sigue poniendo en alto el nombre del Estado de Oaxaca por los exitosos resultados académicos de sus estudiantes.

Lo que queda claro en esta situación es la inequidad institucional hacia los trabajadores, ya que resulta marcadamente visible el trato delicado y oportuno hacia los trabajadores sindicalizados, que deja ver más bien el temor ante su capacidad de movilización y por otra parte, el sometimiento del personal de confianza, abandonado a su suerte.

Comparando la situación financiera del Colegio de Bachilleres del Estado de Oaxaca en relación con los colegios de bachilleres de otras entidades federativas, se percibe un descuido mayor en esta entidad, tomando como referencia las prestaciones y los apoyos para la gestión de los directivos de planteles.

Si bien es cierto que esta situación no ha sido generada  por el gobierno actual, el solo hecho de tener la máxima autoridad política y administrativa en la entidad, le amerita ya tomar cartas en este asunto y resolver favorablemente ya esta situación que crece como bola de nieve en perjuicio de la imagen del ejecutivo local.

Por un lado, se requiere equilibrar las relaciones laborales entre los trabajadores de base y los de confianza. Una revisión del contrato colectivo de trabajo del personal de base en relación con las prestaciones del personal de confianza dibuja un abismo. La mayoría de las bondadosas prestaciones laborales del personal sindicalizado son legales porque sus líderes las han gestionado. El sindicato, por donde se le vea ha hecho su trabajo, pero estas medidas no benefician al personal de confianza, como los directivos de planteles, que son los representantes de la parte patronal, y que son demeritados perversamente por omisión o por comisión.

El gobierno estatal puede reducir el aguinaldo de 90 días de los trabajadores de confianza a 45 días, pero no lo puede hacer como se rumora entre pasillos oficiales que es supuestamente su intención, aplicar esta medida de manera retroactiva y sin ningún recurso de mediación institucional, lo que evidenciaría la ausencia del oficio de gobernar y ratificaría el peor de los sentimientos que corre entre el personal de confianza del Cobao: las actitudes autoritarias.

El Colegio de Bachilleres del Estado de Oaxaca encabeza a las instituciones de educación media superior por las grandes cantidades de jóvenes que educa, por su tradición, compromiso, entrega y filosofía. Históricamente representa un baluarte del desarrollo estatal por su contribución a la educación pública y su aportación de alumnos a las instituciones de educación superior. Goza de prestigio y reconocimiento que se ha labrado por el esfuerzo conjunto entre la parte sindical y el personal de confianza que asumen su tarea como un alto compromiso de valor humano en apoyo de quienes más lo necesitan, por lo que es incomprensible el maltrato a sus trabajadores.



(Fotografía tomada del sitio: http://www.educacionyculturaaz.com/educacion/dif-e-ieea-signan-convenio-para-la-alfabetizacion-en-comunidades-marginadas)


El Cobao representa una vía necesaria para contribuir al desarrollo nacional y el combate a la pobreza y la marginación lacerantes que aquejan a las poblaciones indígenas, sus trabajadores necesitan el aliento y el estímulo de su gobernador para continuar con esta misión al servicio de la Nación.

Los trabajadores del Cobao están seguros que su gobernador no les va a fallar.

Aunque, en estricto sentido, todavía hay tiempo para confirmar o desechar estas tendencias.



lunes, 13 de abril de 2015

Do you speak english? o como matar al inglés en las escuelas públicas

Esta es una opinión personal.

Sería maravilloso realizar investigación que aportara análisis valiosos para diseñar estrategias que contribuyan a resolver este problema.

La enseñanza del idioma inglés en las escuelas públicas de educación secundaria y de nivel medio superior, al menos en Oaxaca, resulta de muy dudosa eficacia, y en algunas ocasiones, representa un obstáculo para que los estudiantes puedan aprobar o concluir sus estudios.

Es una asignatura en la que se registra un alto índice de reprobación.

¿Por qué si en México es obligatoria la enseñanza del idioma inglés, no tiene la atención que requiere? Hasta ahora los procesos de enseñanza-aprendizaje de la lengua inglesa se reducen a un profesor de inglés que transmite sus conocimientos frente a grupo, dejando de lado una extraordinaria cantidad de recursos pedagógicos que facilitan el aprendizaje de las lenguas extranjeras.

En la mayoría de los casos, el profesor no es un especialista en la enseñanza de ese idioma o bien, tiene ciertas deficiencias.

El problema puede tener características distintas, dependiendo de las regiones geográficas donde se enseña, pues en los estados del norte del país existe una mayor eficacia en su dominio, mientras que en estados del sur, como Oaxaca, los hablantes de esta lengua, por lo general son personas que estudian fuera de los sistemas formales de educación o que tienen la experiencia migratoria que les favoreció el hablarlo, pero fuera de esto, la lengua inglesa se convierte en un dolor de cabeza para la mayoría de los estudiantes.

Independientemente del número de créditos que se le asignan a esta materia, debería de repensarse si debería de reubicarse dentro de los mapas curriculares de modo que pudiera ser una asignatura optativa o en el mejor de los casos, reducir su enseñanza-aprendizaje a una comprensión básica del idioma.

Hoy en día la certificación del dominio de la lengua inglesa se hace de manera verbal, en una de sus fases más relevantes, y no queda duda sobre su importancia como medio de comunicación.

Entonces, desde la perspectiva de la educación tendría que replantearse los niveles esperados de dominio, mismos que deberían de guardar correspondencia con objetivos sensatos de comprensión y utilidad práctica, como su comprensión lectora, pero no para manejarlo pomposamente como un símbolo de compromiso con la globalización o la modernidad nacional.

Le enseñanza de las lenguas extranjeras, especialmente del idioma inglés, comparte con la enseñanza de las matemáticas su condición de tragedia nacional: nadie niega su importancia, pero tiene escasa atención para su eficacia.

Es claro que para aprender una lengua distinta de la nativa, se deben alcanzar ciertos niveles de comprensión de la lengua materna, que favorezcan su comprensión lingüística, gramatical, ortográfica, sintaxica y de dominio de vocabulario y significados.

Si revisamos la experiencia de la enseñanza de la lengua española y la confrontamos con el uso que del lenguaje que realizan los estudiantes, en sus expresiones públicas y privadas, el panorama se antoja más complicado, ya que el aprendizaje de una lengua extranjera es un segundo piso de la racionalidad lingüística.

 De no atenderse esta problemática, muchos recursos y seguirán haciendo de la enseñanza del idioma inglés un obstáculo, más que un recurso para el desarrollo.

Entonces, if you don´t speak english, seguramente lo odiará a muerte.

Sorry.

martes, 2 de diciembre de 2014

Minucias sobre educación en Oaxaca

I

La historia como ideología 

Con motivo del 20 de Noviembre, Día del inicio de la Revolución Mexicana, los alumnos de las diversas escuelas de primaria y secundaria realizaron una representación del movimiento armado.

Así, escenificaron puntillosamente la lucha de clases representada por el "pueblo", armado hasta la médula, contra la burguesía, representada por niños vestidos a la usanza de la sociedad porfirista.

La representación hubiera estado bien, de no ser porque algunos maestros le pidieron a los alumnos que representaban a la burguesía, que se pusieran máscaras con rostros de políticos y funcionarios de primer nivel en México.

Independientemente del intento de recreación histórica para comprender la trascendencia de este movimiento, los espectadores sólo vieron cómo se manipulaba la historia y a sus hijos por parte de maestros sin escrúpulos.

II
Los límites del idioma

Su mirada es transparente y su franqueza no tiene límites. De unos 16 años, originario de la sierra sur, mira de manera penetrante a su interlocutor y dice: "Es que no le entiendo. Hay muchas palabras que no entiendo. Por eso voy reprobando, no porque no quiero aprender."

Es inevitable, gestionó su baja del nivel medio superior porque al igual que varios de sus compañeros que van reprobando varias materias, tiene un manejo deficiente e insuficiente del idioma español.

Al tiempo de que fortaleció su lengua materna en la primaria y secundaria bilingües, se fue marginando.

No está mal enseñar en lenguas indígenas---alabo la medida----, pero también es necesario enseñar (y bien) el idioma español.


III
Adiós a la autonomía universitaria

 Un día se va a acabar la "autonomía universitaria" y los culpables serán los propios trabajadores y funcionarios de las universidades públicas.

Comentan que por ejemplo, en la UNAM, un importante porcentaje de "pases automáticos" se otorgan al reinante partido dizque de izquierda en el D.F., con lo que se afecta la equidad, que es un principio que debería de regir en la máxima casa de estudios.

Pero viendo la viga en el ojo propio, la Universidad Autónoma "Benito Juárez" de Oaxaca, no se queda atrás.

La venta de calificaciones por parte de maestros en algunas facultades, como Derecho, Odontología, Enfermería y otras, deja mucho que desear sobre la integridad moral de sus trabajadores. Acaso, quien se lleva la rechifla por los escándalos en la venta de lugares es la Facultad de Medicina. Pagar hasta cien mil pesos para obtener un lugar de nuevo ingreso en esa "facultad", deja sin respiración a quienes creíamos en la verborrea de los maestros y personal administrativo que chillan ante la privatización de las universidades y sus prácticas son peores.

Oaxaca pobre, ¡Pobre Oaxaca!



jueves, 31 de julio de 2014

El desafío de la educación en Oaxaca

Es una charla de café.

El licenciado "X", funcionario de una importante escuela de nivel medio superior en Oaxaca, levanta los brazos como quien se encuentra desarmado frente a un imprevisto y señala:

-El problema de fondo es que los aspirantes a ingresar a las escuelas de nivel medio superior de nuestro subsistema, llegan cada vez con más bajo nivel educativo. Vienen muy mal de la educación secundaria y no dudo que sea el mismo problema en las secundarias con los muchachos que vienen de las primarias públicas.

Se acomoda sus lentes como si leyera una imaginaria gráfica y continúa:

-Ya se ha dicho que el problema en sí, no son los muchachos, no es que ellos sean burros por no acreditar un examen de ingreso. El problema es que reciben una educación muy deficiente Y lo peor de todo es que por motivos que desconocemos se les evalúa con buenas calificaciones. Por ejemplo, me vienen a reclamar los padres de familia porque no aceptan que sus hijos hayan reprobado el examen de ingreso a nivel medio superior con 2.5 de calificación, en una escala del 0 al 10, donde 10 es la evaluación más alta, cuando en la secundaria obtuvieron un promedio general de 9.5 o de diez.

"Parece incongruente que alguien que obtuvo en el nivel de secundaria un promedio alto, sea incapaz de resolver un examen sobre cuestionamientos generales de conocimiento."

-¿De qué manera afecta, en este caso a tu subsistema? Le pregunto y me contesta:

-Pues, simple y llanamente que tenemos que trabajar más y extender nuestra responsabilidad más allá porque hay que preparar con propedéuticos, partiendo prácticamente de cero, con los nuevos alumnos aceptados, lo cual exige ampliar programas, extender tiempos, en fin, hacerle la chamba a los que no hicieron bien su trabajo.

-¿Qué recomendarías a un padre de familia cuyo hijo es egresado de una secundaria pública de Oaxaca y desea continuar estudiando en el nivel medio superior?

-Como se lo he recomendado a los padres de familia, que envíen a sus hijos a cursos de regularización. No se crean que si obtienen en la boleta 10 en matemáticas, realmente conozcan lo básico. Que no se engañen, es triste pero es real.

Me quedo callado y pensando que si un padre de familia que envía a sus hijos a la escuela pública tiene que gastar para que aprendan lo que no les enseñaron, tendrían que gastar mucho, entonces, algo no anda bien.

En fin.

viernes, 15 de julio de 2011

Educación en Oaxaca: ¿liderazgo o derrotismo?

Es la mera verdad.
Acabo de leer un extraordinario ensayo titulado "El Dilema de la Educación en América Latina: ¿Someterse a los sindicatos de profesores o inspirarse en los campeones mundiales de excelencia educativa? Escrito por Polan Lacki y Juan Manuel Zepeda del Valle.
El contenido del ensayo refleja con una fidelidad extraordinaria el dilema de la educación en México y como anillo al dedo, el problema de la educación en Oaxaca. Cuando vemos el discurso de perdedores de los líderes sindicales, creemos que algo no anda bien y el presente análisis pone el dedo en la llaga.
Por considerarlo sumamente pertinente a la tragedia de la educación en el Estado de Oaxaca, me permito reproducirlo a continuación. Al final del mismo, los autores agradecen los comentarios que pudieran surgir.

El dilema de la educación en América Latina:
¿Someterse a los sindicatos de profesores o inspirarse en
los campeones mundiales de excelencia educativa?

Polan Lacki y Juan Manuel Zepeda del Valle

En los países de América Latina existe un creciente consenso de que la baja calidad de la educación es la principal causa de nuestros problemas y fracasos personales, familiares, laborales, empresariales, gubernamentales, etc. Directa o indirectamente, todos estamos siendo afectados por las debilidades e ineficiencias de nuestro anacrónico sistema de educación. Y, tal como suele ocurrir, son las grandes masas de pobres las que están pagando las consecuencias más inmediatas de la insuficiencia e inadecuación de lo que les enseñaron, o dejaron de enseñar, sus padres y/o sus profesores. Debido a esta debilidad educativa los pobres viven permanentemente amenazados y/o afectados por desgracias que están muy próximas a sus núcleos familiares: subempleo, desempleo, desnutrición, enfermedades y pésimos servicios públicos de salud, marginación y exclusión social, conflictos familiares, violencia, criminalidad, alcoholismo, consumo y tráfico de drogas, etc. Los gobiernos intentan, pero no logran eliminar ni reducir estos sufrimientos humanos porque cometen el grave error de hacerlo a través de efímeras y excluyentes medidas paternalismo-demagógicas; en vez de eliminar la causa más profunda que origina y alimenta nuestro subdesarrollo: la insuficiencia y/o inadecuación de conocimientos, de habilidades/aptitudes, actitudes, valores y principios éticos que, en el momento oportuno, las instituciones educativas no les proporcionaron.

Necesitamos de una nueva educación que “desenseñe” lo inadecuado y enseñe lo necesario

 Nuestro sistema de educación aún no está cumpliendo su principal función que consiste en desarrollar las potencialidades latentes de los niños y jóvenes para que ellos sean menos vulnerables a los sufrimientos recién mencionados y más auto-dependientes en la solución de sus principales problemas cotidianos. Desarrollar dichas potencialidades es una tarea que la educación escolarizada sencillamente no tiene a quien delegar y, consecuentemente, debe asumirla inmediatamente, pues si ella no lo hace nadie lo hará. Entre otras, por la elemental razón de que la gran mayoría de los padres y madres de familia, desafortunadamente, no está en condiciones de enseñar a sus hijos aquello que a esos mismos padres nadie les enseñó. Es por este importante motivo que el sistema escolar, además de mejorar la enseñanza de los contenidos del currículo convencional, debe asumir dos nuevas atribuciones: a) “des-enseñar”/corregir las enseñanzas equivocadas que, desde la más temprana edad, los niños aprendieron con sus padres, con sus vecinos y a través de los perniciosos e destructivos programas de televisión; y b) reforzar el componente de actitudes, principios y valores que la mayoría de los padres no tuvo condiciones de proporcionar a sus hijos.

La mayoría de los padres de familia, conscientes de que, en la era del conocimiento, es necesario estudiar cada vez más, hacen un gran esfuerzo para que sus hijos concluyan la educación fundamental o primaria y, si es posible, la de nivel medio. Sin embargo, cuando los jóvenes alcanzan tal escolaridad y, llenos de esperanzas, buscan su primer empleo surge la gran decepción. Los conocimientos (insuficientes, disfuncionales, descontextualizados, fragmentados, teóricos y abstractos) que la escuela les proporcionó, no son aquellos que los potenciales empleadores necesitan encontrar en un buen funcionario o empleado. El mercado de trabajo los rechaza porque las escuelas no les proporcionaron los conocimientos, tampoco las aptitudes y mucho menos las actitudes, los valores y los principios éticos que son necesarios para tener un desempeño más responsable, eficiente y productivo en el trabajo. Ante esta realidad cabe preguntar: ¿de qué sirvió aumentar los gastos y los esfuerzos, de los gobiernos y de los padres de familia, para que los alumnos pudieran frecuentar la escuela durante 9 o 12 años? Definitivamente, no podemos seguir ilusionándonos de que estamos educando a los alumnos para los desafíos del presente y del futuro; por esta razón y sin perder más tiempo, necesitamos hacer algo radicalmente diferente de lo que hemos hecho hasta ahora.

¿Por dónde empezar: por la reforma ideal o por la reforma posible?

Una reforma educativa factible y eficaz, no necesariamente deberá empezar en los gabinetes de los ministros de economía y de educación, a quienes siempre estamos reivindicando altas decisiones políticas y recursos adicionales para el sistema educativo. Ella deberá empezar en las dos fuentes que están originando la baja calidad de nuestra educación y, como consecuencia, impidiendo el florecimiento de las potencialidades de desarrollo existentes en los niños y jóvenes de nuestros países. La primera fuente está instalada en las facultades de educación y/o pedagogía y en las escuelas normales que forman los futuros profesores; la segunda, que es consecuencia directa de la primera, está alojada en las escuelas fundamentales o primarias. En estas dos instituciones, de extraordinaria importancia estratégica para el desarrollo de cada nación, paradójicamente, está funcionando el generador inicial de las gravísimas debilidades y distorsiones del nuestro sistema educativo; y, consecuentemente, en ellas deberá empezar la gradual, pero inmediata, reconstrucción de nuestra semi-destruida educación. Los mejoramientos en la educación secundaria e terciaria vendrán, en buena medida, como consecuencia del efecto irradiador, de las dos reformas prioritarias recién propuestas.

¿Si es tan imprescindible y urgente mejorar nuestra educación, porque no lo hacemos?

Entre otros, por los siguientes obstáculos, aparentemente inofensivos, pero que tienen una altísima incidencia en la baja calidad de nuestra educación. Varios de ellos podrían ser evitados y/o eliminados por los propios profesores y directores de las unidades escolares:

 Primer obstáculo. Las actitudes de los líderes sindicales de los profesores que suelen confundir las autoridades, los medios de comunicación y la opinión pública, al presentar ruidosas reivindicaciones de sus intereses corporativos (decisiones políticas más generosas en términos de salarios, calendario escolar, jornadas de trabajo, estabilidad en el empleo, jubilaciones precoces, tolerancia con el elevado ausentismo de los docentes, etc.). Presentan tales reivindicaciones de interés corporativo, como si fuesen requisitos imprescindibles para que los profesores corrijan sus ineficiencias y mejoren su desempeño docente. Con tal procedimiento, durante décadas y más décadas, los sindicalistas se han mantenido en una muy cómoda postura de “condicionar” el mejoramiento del desempeño docente a que los gobiernos satisfagan sus reivindicaciones recién mencionadas. Los líderes sindicales subestiman y deprecian a sus representados al no reconocer que en muchos casos, los propios profesores y directores de las escuelas podrían corregir sus principales y más frecuentes debilidades e ineficiencias; inclusive practicando el auto-estudio a través de las extraordinarias facilidades y oportunidades actualmente proporcionadas por la Internet, ya disponibles en una creciente cantidad de escuelas. Porque las medidas correctivas más urgentes para mejorar la pésima calidad de nuestra educación, no necesariamente requieren de altas decisiones gubernamentales ni de una elevada asignación de recursos adicionales a los que ya están disponibles en muchas instituciones educativas; aunque tales apoyos externos sean siempre deseados y bienvenidos.

La educación necesita de profesores excelentes y no tanto de sindicalistas elocuentes

Al ser demandados a mejorar la calidad de la educción los líderes sindicales argumentan que no pueden hacerlo por las siguientes razones: que la inversión pública en educación es insuficiente (como porcentaje del PIB), que los sueldos son muy bajos con la consecuente necesidad de tener que trabajar en varios turnos y en varias escuelas distantes unas de las otras, que faltan laboratorios, bibliotecas y computadoras, que existe exceso de alumnos en cada sala de aula, que ellos no tienen oportunidades de hacer cursos de posgrado en el exterior y que los alumnos llegan a las escuelas muy mal educados por sus padres. En relación a esta última justificativa, es necesario no olvidar que los alumnos llegan a sus escuelas mal educados, principalmente porque a sus padres la escuela que frecuentaron tampoco les enseñó a ser bien educados. Evidentemente que está fuera de discusión que algunas de estas dificultades/adversidades mencionadas por los sindicalistas existen y necesitan ser corregidas y/o eliminadas por los gobiernos. Sin embargo, ellas están muy lejos de ser las principales causantes de la disfuncionalidad, descontextualización y bajísima calidad de nuestra educación.

Si estas reivindicaciones de los sindicatos fuesen las verdaderas causas, cabrían las siguientes preguntas:

a) ¿Por qué en aquellas muchas escuelas en las cuales esas adversidades/restricciones ya fueran eliminadas o atenuadas, la educación sigue siendo de baja calidad?

b) ¿Por qué en los varios países latino-americanos en los cuales los gobiernos hicieron y siguen haciendo elevadas y crecientes inversiones en el sistema de educación e incrementaron los sueldos de los profesores (Brasil, México, Chile, Colombia, etc.), no hubo mejorías cualitativas en el desempeño de los docentes ni en el aprendizaje de los alumnos?

Reiterados estudios realizados por instituciones serias, nacionales e internacionales (A propósito se sugiere leer el Informe McKinsey - “Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos”: http://www.eduteka.org/pdfdir/McKENSEY_InformeReformaEducativa.pdf), han demostrado que esas supuestas causas indicadas por los líderes sindicales no tienen mayor incidencia en la calidad de la educación; y por esta razón las disculpas de los sindicalistas no resisten a una argumentación seria. Varios estudios también han demostrado que existen otras causas, mucho más importantes que las esgrimidas por los sindicalistas, cuya eliminación produciría un extraordinario impacto en el mejoramiento de la calidad de la educación. Entre estas otras causas, casi todas ellas pasan por la necesidad de mejorar dramáticamente la formación, capacitación, supervisión/evaluación y la motivación de los docentes y por la necesidad de seleccionar y nombrar competentes y exigentes directores en las escuelas. Cumplidos estos dos requisitos muchas de las causas reales de la baja calidad educativa podrían ser evitadas, corregidas o eliminadas por los propios profesores y directores de las escuelas; independientemente de lo que hagan o dejen de hacer las altas autoridades educativas nacionales.
 
¿Dónde está el origen de la baja calidad de la educación?

Es en la inadecuada formación, capacitación y supervisión de los docentes y directores que se originan las profundas debilidades del sistema de educación. Por este motivo es en los docentes y con los docentes, fundamentalmente dentro de las salas de aula y de las respectivas escuelas, que podemos y debemos iniciar y concentrar los esfuerzos en pro del mejoramiento de la educación. Debemos hacerlo, pragmáticamente, desde abajo hacia arriba y desde adentro hacia afuera de las escuelas, en vez de seguir esperando que las soluciones vengan desde afuera hacia adentro de las escuelas y desde arriba hacia abajo. Es en el desarrollo de las competencias, actitudes y desempeños de los profesores y directores, y no necesariamente en las altas decisiones políticas ni en el modernismo de las instalaciones físicas de las escuelas, que es necesario hacer una inversión inteligente, pragmática y prioritaria para que ellos tengan un mejor desempeño dentro de las salas de aula y de las escuelas. En resumen, presiones sindicales basadas en diagnósticos que no interpretan el pensamiento de los buenos profesores están induciendo los gobiernos a derrochar los escasos recursos públicos en “prioridades” corporativas, que no necesariamente son sinónimos de prioridades educativas. Es por esta razón que los gobiernos están gastando cada vez más en educación, pero las escuelas no están educando cada vez mejor. En vez de seguir dando oídos a estos sindicalistas, nuestras autoridades educativas y nuestros profesores y directores deberían analizar, aprovechando las facilidades de la Internet, qué fue lo que hicieron y siguen haciendo las escuelas de Shangai (China), Singapur, Corea del Sur, Finlandia y Hong Kong, países/estados que en las décadas de 1950 e 1960 eran pobres y hasta pobrísimos, cuyos alumnos obtuvieran de manera brillante los primeros cinco lugares entre los 67 países que participaron del último examen PISA-OCDE realizado en el año 2009. Mientras que, en nuestra “triunfalista”, sindicalizada y mal educada América Latina, Chile, Uruguay, México, Colombia, Brasil, Argentina, Panamá y Perú ocuparon, respectivamente, los lugares de números 45, 48, 49, 53, 54, 58, 63 y 64 entre los 67 países participantes. La humildad y el sentido común recomiendan que nos inspiremos en quienes, con tanto éxito, hicieron y siguen haciendo los campeones mundiales en materia de excelencia educativa.

¿Formar profesores críticos o autocríticos?

Segundo obstáculo. La pésima formación que las facultades de educación/pedagogía o escuelas normales están proporcionando a los futuros profesores (disfuncional, descontextualizada, excesivamente teórica y abstracta, politizada e "ideologizada”). En muchas de ellas se insiste en repetir el slogan de que su principal función es formar profesores conscientes y críticos (pero esto en la práctica ha sido sinónimo de criticar los propios gobiernos, los países ricos y desarrollados, la globalización y el neoliberalismo, el FMI y el Banco Mundial; siempre atribuyendo a los demás, y nunca a nuestra pésima educación, la culpa por nuestro subdesarrollo). En vez de asumir la responsabilidad de mejorar nuestra educación formando profesores competentes que, en la era del conocimiento, puedan actuar como los más eficaces agentes de desarrollo de cada país. Evidentemente que es necesario que las facultades de educación/pedagogía y escuelas normales formen profesores conscientes y críticos de las injusticias y desigualdades sociales imperantes en nuestros países. Sin embargo, mucho más prioritario y constructivo será formar futuros profesores autocríticos que analicen las profundas disfuncionalidades e ineficiencias de nuestro sistema educativo; y que durante su período de formación universitaria adquieran la capacidad, la motivación y el compromiso de corregir, ellos mismos, aquellas debilidades de las instituciones educativas que pueden y deben ser corregidas por los propios profesores. Porque gran parte de estas desigualdades e injusticias sociales, coincidentemente, tiene su origen en la disfuncional y inadecuada formación que los profesores recibieran en las escuelas que frecuentaran. Adicionalmente estas facultades de educación/pedagogía y escuelas normales mantienen a los alumnos durante 4 o 5 años encerrados en las salas de aula; con mínimo o nulo contacto/consulta con los clientes/usuarios/beneficiarios de su futuro ejercicio profesional como docentes. Con tal aislamiento, los profesores de estas facultades y escuelas normales están formando los futuros educadores a través de excesivas y tediosas sesiones discursivas en las aulas. En vez de llevarlos a conocer la dura realidad cotidiana en la cual viven los pobres (en los hospitales públicos, en las colas de desempleados, en las colas de los servicios de salud pública y seguridad social, en los servicios de recuperación de drogadictos, etc.) para que constaten que, en gran parte, tal realidad podría y debería ser evitada o disminuida a través de una educación de buena calidad. En muchas facultades de educación/pedagogía y escuelas normales se ocupa demasiado tiempo en teorizar elucubraciones y abstracciones (sobre los aspectos filosóficos, sociológicos, históricos y antropológicos de la educación, las teorías de Jean Piaget, Liev Vigotski y Paulo Freire, etc.); en vez de enseñarles aquello que es verdaderamente medular y prioritario: cómo otorgar a los futuros profesores una formación más utilitaria, eclética, funcional, práctica y pragmática de modo que, inmediatamente después de egresados, sepan en la teoría y especialmente en la práctica:

- en primerísimo lugar, enseñar a los niños y jóvenes las actitudes, comportamientos, principios y valores para que tengan una convivencia de disciplina, cordialidad, respeto y solidaridad/cooperación en la escuela, en el hogar, en la comunidad y en el futuro en el trabajo;
- cómo levantar el ego, la auto-estima y la autoconfianza de los niños y jóvenes para que adquieran la voluntad de progresar en la vida a través de su propio y eficiente esfuerzo;
- cómo enseñar a sus futuros alumnos a través de prácticas docentes más eficientes para obtener mejores rendimientos educativos;
- cómo preparar y presentar clases estimulantes y productivas que despierten la atención, la curiosidad y la creatividad de sus futuros alumnos; como estimular el hábito de la lectura y del auto-estudio;
- cómo estimular en los alumnos la adopción de "buenas prácticas" de comportamientos para mantener la disciplina en las salas de aula;
- cómo preparar y evaluar deberes de casa, que estimulen y fortalezcan la dedicación a los estudios;
- cómo establecer una relación de cooperación con los padres y madres de los alumnos y con sus comunidades;
- cómo mejorar las actitudes y procedimientos cotidianos de los profesores, funcionarios y alumnos de cada escuela, con el objetivo de que sus buenos comportamientos actúen como una especie de currículo oculto o invisible y sirvan como ejemplos a ser internalizados y adoptados por los futuros profesores.

Durante el período de formación las facultades de educación/pedagogía y escuelas normales deberían exigir que sus alumnos ejecuten/realicen en la práctica lo que están aprendiendo en la teoría; y que practiquen lo que les es enseñado, tantas veces cuantas sean necesarias, hasta que aprendan a hacerlo con perfección, y adquieran el buen hábito de hacerlo con perfección y prolijidad, desde la primera vez. Es durante el período de formación, y no después de egresar y fracasar como profesores, que deberán adquirir las competencias necesarias para tener un buen desempeño docente y, como consecuencia, mejorar el rendimiento en el aprendizaje de sus futuros alumnos. Estas prácticas deberán ser supervisadas y evaluadas por los profesores de las facultades/escuelas normales y, siempre que sea necesario, deberán ser inmediatamente corregidas, in situ, por los propios alumnos, bajo la estricta supervisión de los docentes.

En las debilidades y disfuncionalidades de formación de los futuros profesores, reside una importantísima, aunque subestimada y hasta ignorada, causa de la pobreza y del subdesarrollo de la América Latina. Los primeros reflejos de esta débil formación comienzan a manifestarse en las escuelas fundamentales o primarias. Inmediatamente después, en virtud del "efecto cascada" de este débil comienzo, provocan el bajo desempeño/desmotivación/tedio/deserción de los alumnos en las escuelas de educación media y de estas en las de educación superior. La inadecuada e insuficiente formación de los futuros docentes afecta, especialmente, a aquellas grandes mayorías de pobres para las cuales el acceso a las escuelas fundamentales/primarias es la única oportunidad de aprender algo útil para mejorar su futuro desempeño en la vida y en el trabajo. Esta gran oportunidad de estimular la creatividad, desarrollar las potencialidades latentes y abrir futuras posibilidades de desarrollo a todos los ciudadanos de cada país, no puede seguir siendo desperdiciada ni siquiera postergada, porque en tal caso será muy difícil, por no decir imposible, recuperarla en el futuro. Es por este motivo adicional que las facultades de pedagogía/educación y escuelas normales deben otorgar especial énfasis e importancia a una adecuada formación de los futuros profesores de las escuelas primarias o fundamentales. Porque debido a la baja calidad imperante en esta etapa de enseñanza, son muchos los niños que, al completar los 4 años iniciales de las escuelas fundamentales las abandonan porque no encuentran motivación ni estímulo para seguir estudiando. Las abandonan, sin haber adquirido suficientes conocimientos, auto-estima, autoconfianza, formación cívica, deseo de superación, disciplina ni motivación para el trabajo. Abandonan las escuelas pasivos, apáticos y sin iniciativas; y con estas fragilidades son potenciales candidatos al fracaso, al desempleo, a los vicios y a la criminalidad.

La urgencia requiere una medida inmediata y eficaz

Tercer obstáculo. Sin embargo, no podemos esperar hasta que las facultades de educación/pedagogía y escuelas normales formen esta nueva generación de docentes; porque nuestro sistema de educación está semi-destruido, realidad que recomienda medidas tal vez menos perfectas, pero que produzcan resultados más inmediatos. En las propias escuelas fundamentales los profesores deberían tener reales oportunidades de capacitación y auto-capacitación (de corta duración, eminentemente prácticos y participativos); de modo que, después de capacitados, los propios profesores de las escuelas fundamentales/primarias puedan ser los protagonistas de la corrección o eliminación de las ineficiencias que actualmente cometen con mayor frecuencia. En América Latina todavía tenemos un elevado porcentaje de alumnos que, luego de concluir los primeros 4 años de la educación fundamental, ni siquiera saben leer y escribir, y cuando aparentemente leen no consiguen interpretar lo que están leyendo; tampoco consiguen efectuar correctamente las 4 operaciones aritméticas y mucho menos cuando estas incluyen cálculos con fracciones ordinarias. Ese bajísimo aprovechamiento educativo demuestra que muchos profesores de las escuelas fundamentales/primarias aún poseen debilidades primarias y elementales en su desempeño docente; las cuales,                consecuentemente requieren correcciones igualmente primarias y elementales que no justifican largos, teóricos y caros cursos convencionales de postgrado. La adopción de estas medidas pragmáticas de capacitación y/o auto-capacitación permitiría un inmediato mejoramiento en el desempeño de los profesores en las salas de aula, sin necesidad de apartarlos de sus puestos de trabajo por largos períodos.
 
Implantar la “meritocracia” y no capitular ante los “caciques”

Cuarto obstáculo. La nefasta interferencia político-partidaria y sindical en la formulación de las políticas educativas y particularmente en la designación/nombramiento de los profesores y directores de las facultades de educación/escuelas normales y escuelas fundamentales. Debido a los daños que producen tales interferencias, estas decisiones nunca deberían ser influenciadas por los "caciques" políticos y sindicales. Antes de asumir sus cargos los directores de las mencionadas facultades y escuelas fundamentales, deberían recibir una capacitación práctica de pre-servicio y hacer una pasantía en alguna escuela reconocida por la excelencia de su administración y de los resultados educativos obtenidos. Esta pasantía les permitiría aprender qué y cómo deberán hacer para mejorar el rendimiento educativo de la escuela que tendrán la responsabilidad de dirigir. En la educación, que es el más importante y estratégico sector para el desarrollo de cualquier país, el imperio de la “meritocracia” debería ser un valor innegociable. Una institución y una función tan noble como es la educación necesita ser "blindada" contra estas interferencias perniciosas.

Quinto obstáculo. La inexistencia de estímulos salariales a los mejores profesores. Lo docentes deberían ser regularmente supervisados y evaluados, dentro de las salas de aula. Las eventuales fallas y debilidades deberían ser inmediatamente corregidas por los evaluados bajo la orientación de los evaluadores. En el futuro las instituciones educativas deberían tener flexibilidad para pagar sueldos diferenciados en función de los resultados de las supervisiones y evaluaciones recién mencionadas. Pagar el mismo sueldo al mejor y al peor profesor significa castigar a los más eficientes/competentes y premiar a los más ineficientes/incompetentes; y con tal “democracia” abrir el camino para que en las escuelas se instale y perpetúe la apatía, la desmotivación y la mediocridad.

Sexto obstáculo. Todas las escuelas deberían tener un currículo con contenidos mínimos, con objetivos de aprendizaje claros y precisos, con exigencias rígidas para su cumplimento. También deberían contar con libros de apoyo didáctico; estos deberían ser elaborados por educadores experimentados y pragmáticos, para que sepan distinguir lo que es esencial y lo que es secundario para ser incluido en los referidos libros. Es necesario que cada profesor reciba una clara orientación superior sobre qué y cómo deberá enseñar, para evitar que tales decisiones sean basadas apenas en su criterio personal.

Séptimo obstáculo. La evidente inadecuación de los contenidos curriculares. Los currículos de las facultades de educación/escuelas normales y de las escuelas fundamentales incluyen muchos contenidos irrelevantes y o desactualizados que deberán ser reemplazados por otros que sean de real necesidad, importancia y aplicabilidad para: las etapas posteriores de estudios, para la vida y el trabajo de la mayoría de los alumnos.

Para aprender más y mejor es necesario enseñar más y mejor

 Octavo obstáculo. La excesiva generosidad en la formulación y especialmente en el cumplimiento del calendario escolar. Si existe consenso de que en la era del conocimiento todos los ciudadanos necesitan aprender más y mejor, el primero y más importante requisito es que en el sistema de educación los profesores enseñen más y mejor y los alumnos aprendan más y mejor. Esta premisa nos lleva a la siguiente reflexión: ¿si la gran mayoría de los ciudadanos tiene que trabajar 11 meses al año y 8 horas al día, por qué en las escuelas tenemos, en promedio, apenas 8 meses de aulas al año y 4 horas al día; especialmente si consideramos que en esos 8 meses tenemos frecuente ausentismo de profesores, feriados, pre-feriados, pos-feriados y paros de docentes, funcionarios o estudiantes? Con esta permisividad, los teóricos 180 días del calendario escolar en muchos casos acaban por transformarse en 140. Mientras que un país como Corea del Sur, que enfrentó con seriedad y objetividad el desafío de mejorar su educación, exige 220 días lectivos y con jornadas diarias de estudios, dentro y fuera de las salas de aula, que llegan a 12 horas al día.

Es necesario premiar y reconocer los mejores profesores

Noveno obstáculo. Los profesores eficientes no son valorados por su desempeño y resultados educativos. Es recomendable establecer estímulos/premios, monetarios o de reconocimientos públicos, para estimular a todos los profesores de cada país a actuar como protagonistas/sujetos de las innovaciones y mejoramientos en la educación. Es necesario adoptar medidas y estímulos que contribuyan a reemplazar la "victimización", la omisión y las protestas de los profesores, no apenas por propuestas, pero especialmente por su efectivo compromiso y protagonismo en la introducción de medidas “eficientizadoras” concretas dentro de las salas de aula y de sus propias escuelas. Actualmente los esfuerzos y conquistas personales de los mejores profesores no son reconocidos ni premiados; en términos salariales, da lo mismo ser óptimo o ser pésimo como profesor. Con este propósito de valorización, en vez de seguir premiando a los seudo-ídolos del fútbol, de las telenovelas, de los desfiles de modas, del Big Brother y de los nuevos ricos que aparecen en la Revista “Caras” y otras similares, deberíamos premiar y reconocer a los verdaderos ídolos y héroes del mundo moderno, que son aquellos competentes, dedicados y anónimos profesores que existen en todos los países de América Latina.

Décimo obstáculo. Inexistencia de medidas de valoración de la profesión docente. Tal valoración debería empezar atrayendo para ingresar a las facultades de educación/pedagogía a los mejores egresados de la educación secundaria y estableciendo criterios muy rigurosos para seleccionar los candidatos con mayores potencialidades para el magisterio (con énfasis en el dominio del idioma, matemática, comunicación fluente y inteligible, deseo e interés de seguir estudiando y perfeccionándose, y especialmente, vocación y voluntad de ser docente). En Corea del Sur solo pueden postularse a las escuelas formadoras de profesores los 5% mejores alumnos de la secundaria, en Finlandia los 10% y en Singapur los 30%. En América Latina ocurre exactamente lo contrario, pues ingresan a las carreras docentes los que obtuvieran los últimos lugares en la enseñanza media o preparatoria. La estrategia más eficaz para valorar la profesión docente y pagarles sueldos justos y estimulantes consiste en seleccionar los mejores talentos a las facultades de educación/pedagogía y en estas ofrecerles una excelente formación. Un salario digno, antigua y legítima reivindicación de los profesores, cuya solución deberá ser consecuencia de su excelente desempeño profesional.

Una reflexión final: el efecto destructivo de la televisión

La adopción de estas 10 medidas, de fácil introducción y bajo costo, permitiría un significativo mejoramiento en la calidad de nuestra educación. Sin embargo, para que esto ocurra los gobiernos deberían establecer severas normas y restricciones a los medios de comunicación, especialmente radio y televisión. Normas que los obliguen a mejorar dramáticamente los contenidos de sus programas y de sus engañosos mensajes publicitarios, que están anulando/destruyendo lo poco que las escuelas y los padres están enseñando a sus hijos. Es simplemente inaceptable que los poderosísimos medios de comunicación (cuyo funcionamiento depende de previa concesión/autorización gubernamental) no sean aprovechados/utilizados para difundir y estimular la adopción de aptitudes, comportamientos, principios y valores (de honestidad, integridad, honradez, amor al trabajo, cooperación y solidaridad, cumplimiento de deberes como ciudadanos, respecto al prójimo y a sus derechos, etc.); además de recomendaciones sobre higiene, alimentación, prevención de enfermedades, primeros auxilios, etc. También es inaceptable que continuemos tolerando que estos medios de comunicación, con la angelical disculpa del “sagrado derecho a la libertad de expresión”, sigan "deseducando" e idiotizando a los oyentes y telespectadores con mensajes de consumismo, individualismo y egoísmo, violencia, banalidades, mediocridades y trivialidades, ostentación y vanidad, incitación a los vicios e idolatría a seudo ídolos. Especialmente si considerarnos que podrían y deberían difundir, con bajos costos y alta eficacia/eficiencia, el más imprescindible insumo del mundo moderno que es el conocimiento útil, cuya insuficiencia es la principal causante de los problemas, sufrimientos y angustias de la mayoría de los latino-americanos. En Brasil, a modo de ejemplo, los niños consumen pésimos programas de TV, en promedio, durante 5 horas al día; esto significa que dedican más tiempo a “deseducarse” en la televisión que a educarse en las 4 horas que permanecen en las escuelas; muy probablemente algo similar ocurre en casi todos los demás países latino-americanos. Con tal inversión y destrucción de valores es triste y tenebroso el futuro de nuestra América Latina.

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