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lunes, 8 de enero de 2018

¿Es viable una ley contra bloqueos en Oaxaca?

Parece que no.

Las manifestaciones sociales que recurren a la estrategia de presionar al gobierno a través de los bloqueos, paros, marchas, plantones y tomas de comercios y oficinas, se realizan como una violación intencional de la legalidad.

Asimismo, al dañar a la población en sus libertades fundamentales los manifestantes transgreden cualquier norma, de modo que crear una ley para prohibir o castigar las manifestaciones, tendría poca eficacia.
Su aplicación sería limitada, además, porque podría ejercerse de manera principal sobre manifestantes de bajo perfil; es decir, sobre aquellos grupos que no cuentan con el respaldo de grandes organizaciones sociales, sindicales, políticas o económicas.

En caso contrario, aplicar la fuerza pública a las organizaciones más complejas solo generaría un mayor conflicto social y varios problemas de gobernabilidad, como ya ha sucedido en la historia reciente del estado de Oaxaca.

Por sus causas, las manifestaciones tienen legitimidad o son ilegítimas. En el primer caso, se trata de reacciones a violaciones indiscutibles de los derechos y garantías de los afectados, en donde las autoridades responsables incumplen, obstaculizan o generan daños por negligencia, corrupción, incapacidad o complicidad; en el segundo caso, las organizaciones hacen valer su poder para obligar a las autoridades a tomar decisiones a favor de los manifestantes, y que pueden ser injustas, ilegales o inequitativas.

El Artículo 9o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos  determina que “No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito; pero solamente los ciudadanos de la República podrán hacerlo para tomar parte en los asuntos políticos del país. Ninguna reunión armada, tiene derecho de deliberar. “

En el segundo párrafo de este artículo se precisan los requisitos de legalidad y de legitimidad y  las condiciones en que una asamblea o reunión pueda ser ilegal y pueda ser disuelta:

“No se considerará ilegal, y no podrá ser disuelta una asamblea o reunión que tenga por objeto hacer una petición o presentar una protesta por algún acto, a una autoridad, si no se profieren injurias contra ésta, ni se hiciere uso de violencias o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desee. “

Desde esta perspectiva,  y con una combinación de factores, es probable que hasta una manifestación legítima, pero con excesos y abusos, pueda ser disuelta. Entonces, si ya existe la norma, ¿en dónde radica el problema? En que no se aplica.

Las manifestaciones con causas legítimas reivindican derechos que fueron conculcados por alguna autoridad y ponen en evidencia su ineptitud, corrupción, negligencia o descuido. En cierta forma la manifestación se convierte en una denuncia pública y coacciona a la autoridad para restituir la legalidad.

El problema radica entonces en fallas humanas, en errores de servidores públicos, en actos intencionales o no, que desembocan en esas manifestaciones a la manera de una olla que explota porque no hubo una salida que regulara la presión acumulada. Son problemas que afectan la gobernabilidad.

La solución, en este caso, es que la autoridad respete la legalidad y tenga una función proactiva, para evitar desviaciones y desactive el conflicto, o bien, que si no es posible desactivarlo por sus características, que su manejo y solución se dé dentro en el marco de legalidad para evitar daños mayores.

Aunque no lo parezca, la solución es muy sencilla, más que una ley contra los bloqueos, necesitamos que las autoridades hagan bien su tarea, que se apeguen a la legalidad y que hagan valer el Estado de Derecho como un requisito necesario para mantener la paz y la armonía social.

Para finalizar, hay una consideración también que hace innecesaria una ley contra las manifestaciones sociales que recurren a la violencia y dañan las libertades públicas en Oaxaca—y  en cualquier otro estado--- y que debería ser un motivo de preocupación y atención para todos, pero especialmente para aquellos grupos de manifestantes consuetudinarios o que están planeando manifestaciones violentas.

Se trata de la polémica Ley de Seguridad Interior, aprobada recientemente por el Congreso de la Unión, que justifica el uso de la fuerza pública, en este caso del Ejército, en aquellos actos “tendentes a destruir o inhabilitar la infraestructura de carácter estratégico o indispensable para la provisión de bienes o servicios públicos en una entidad federativa, en un municipio, en una demarcación territorial de la Ciudad de México o en una Región del territorio nacional”.

En tan laxa definición cabrían aquellos manifestantes que incurrieran en tomas de carreteras, cierres de negocios, comercios u oficinas, aunque sus motivaciones tengan legitimidad o no.


De ahí que más que una Ley contra los bloqueos, el gobierno de Oaxaca necesita más bien aceitar su maquinaria para evitar que los conflictos lo rebasen, sin necesidad de recurrir a la acción punitiva de la ley.

lunes, 12 de marzo de 2012

Peregrinos en el abandono

Juquila es un santuario extraordinario.


Diariamente cientos de visitantes de todo el país llegan en autobuses, autos propios, camionetas, moticicletas, bicicletas y en temporada decembrina, llegan caminando o corriendo, según hayan organizado su peregrinación.

 Además de contribuir al turismo, el Santuario de Juquila, genera ingresos que benefician a la población del municipio de Santa Catarina Juquila y también a la población aledaña, por lo que las comunidades indígenas de mazatecos y chinantecos obtienen ingresos que apoyan su economía.

La semana pasada una larga fila de autobuses de turistas, tanto religiosos, como los que se trasladan por esta carretera a Puerto Escondido, no pudieron ingresar al Santuario ni continuar su camino. El motivo, organizaciones sociales cerraron el paso a la altura del punto trino que lleva a esos lugares, donde se ubica la garita de los militares y se bifurca el camino a Oaxaca, Puerto Escondido y Juquila.


Pese al reclamo de los conductores de autobuses que decían que entre sus pasajeros llevaban gente enferma rumbo al Santuario, no los dejaron pasar. Incluso, un peregrino bajó del autobús con un altavoz y se dirigió a los manifestantes más o menos en estos términos "Señoras y señores, nosotros somos peregrinos. Hemos hecho un esfuerzo muy grande para venir a visitar a la Virgen aquí a su estado. Venimos de lejos. No tenemos la culpa de sus problemas. Déjennos pasar, por favor. Llevamos rato viajando, traemos ancianos, niños y mujeres embarazadas, por favor déjennos pasar..."


Los ruegos fueron inútiles.

Mientras los líderes sociales se refrescaban en los negocios del lugar comiendo y tomando cervezas, los peregrinos malhumurados, bajo la intensidad del calor del medio día, se quejaban de la impunidad de esos manifestantes. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Ahogan a Oaxaca las manifestaciones

Subirán de intensidad.

Es un principio económico. Viene la temporada alta de vacaciones o de elecciones, entonces es tiempo de presionar para llevar agua a su molinito.

Una idea nada descabellada es que, por lo menos los medios de información, limiten la difusión de los protestantes clásicos cuyas demandas están muy lejos de representar a la sociedad.

No es mala idea.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Privilegiar el diálogo

Al buen entendedor pocas palabras.

Después del artículo anterior, una buena andanada de sanas críticas para que, en vez de que la sociedad tome represalias contra los manifestantes, mejor que se exija el diálogo y el apego a la legalidad como las vías privilegiadas para dirimir diferencias.
Excelente medida.

La sociedad debe apegarse a la legalidad y el gobierno debe ser proactivo para identificar, canalizar y atender la demanda y el conflicto social, en un sano ejercicio de la autoridad.

Bien por los comentarios.

Gracias. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Tanto va el cántaro al agua...

Como en el dicho: tanto va el cántaro al agua que por fin se rompió.

El cántaro es la cubeta de barro antigua con la que se extraía agua del pozo.

Ese dicho contiene una base muy sólida de sabiduría.

Resulta que ciudadanos del municipio de Juchitán que han sido lesionados en sus derechos fundamentales por las múltiples manifestaciones que impunemente cierran las vialidades se están organizando para aplicarles el efecto bumerang.

Y no es para menos.

Como los taxistas llevan bloqueados durante más de 36 horas las entradas, salidas y principales arterias de Juchitán, ahora los ciudadanos están promoviendo un día sin taxis, en protesta por las afectaciones que esta manifestación causa a la comunidad.

Esta incipiente medida de reivindicación por las libertades ciudadanas se percibe como la respuesta de la sociedad ante la tradicional y típica actitud de los oaxaqueños de que, por cualquier inconformidad, afectan sin consideración los derechos de terceros.

Veremos en qué acaba.

La noticia está en:

http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=MEX&pagina=http://www.elsurdiario.com.mx



miércoles, 18 de mayo de 2011

Oaxaca en marcha

No es guasa.

El lema de "Oaxaca en Marcha" utilizado por una administración gubernamental anterior, realmente ya era muy conocido en el estado, por aplicarse a las constantes marchas, plantones y desórdenes públicos generados por cualquier grupo de personas inconformes---aunque no tengan la razón----.

No sé ahora qué tratamiento les brindará la actual administración de gobierno, estatal y municipal, lo que sí se sabe, es que anteriormente las autoridades hacían caso omiso en la mayoría de las manifestaciones.

"Déjalos que se cansen", "Déjalos que se mojen", "Déjalos que obstruyan la circulación para que los odie la población", luego negociamos, parecía ser la consigna.

Por lo general las autoridades locales se lavaban las manos: "Es un asunto del Estado, que lo resuelva el Gobernador", "Es un asunto de la federación, lo tiene que resolver el Presidente"... y realmente nunca se ha visto una intervención directa, ya no digamos ante las afectaciones a los ciudadanos, sino ante la destrucción que los manifestantes realizan del patrimonio público.

Hoy en día la sociedad oaxaqueña ya no se traga el cuento de que las manifestaciones son un recurso para reivindicar luchas sociales. La realidad les ha demostrado, durante muchos años, que por lo general son un recurso de políticos sin escrúpulos para mantener sus canonjías.

Pero lo que realmente se evidencia es la ausencia de autoridad.

Las autoridades difícilmente van a afectar su capital político aplicando la ley a quienes generan desórdenes públicos y afectaciones a los servicios públicos y al comercio de la Ciudad, deteriorando aún más la escasa imagen de una ciudad incipiente.

Pareciera que hay una ausencia de autoridad por omisión o por comisión.

Mientras, el ciudadano ordinario, la gente común es lesionada en sus derechos demostrandose que en los estados con mayor subdesarrollo del país, como Oaxaca, impera una orfandad de la ley.