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jueves, 20 de febrero de 2014

Discriminan a niño oaxaqueño en Colegio del DF



Es lamentable e indignante.

El 17 de febrero del presente, la Revista Proceso lo publicó en su portal de internet, bajo el título “Discriminan a alumno mazateco en el colegio La Salle de Seglares” (http://www.proceso.com.mx/?p=365198).

Los ingredientes del caso lo hacen por sí mismo dramático: un niño indígena de la etnia mazateca de Oaxaca que es hijo de una trabajadora doméstica en el Distrito Federal que, dada su condición humilde, es discriminado, vejado y literalmente obligado a abandonar el nivel preescolar en la escuela, por compañeros de grupo, por las profesoras y el personal administrativo a grado tal que el niño desarrolló temor y miedo de asistir a esa escuela, que además se ufana de tener como ideal el impartir una educación cristiana.

Por si fuera poco, cuando la parte afectada se presenta a denunciar ante la Agencia del Ministerio Público del DF, se enfrentan a la proverbial indolencia burocrática.

El asunto no hubiera trascendido también, de no haber sido denunciado ante el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México(Copred) y de haberse iniciado la investigación a petición de la parte afectada.

Como es usual ante este tipo de denuncias, el Colegio La Salle de Seglares niega los hechos y el propio Copred, a través de su titular, reconoce que si bien ese hecho no es una política de esa escuela, sí es una conducta de dos de sus maestras.

A fin de cuentas, se inició la averiguación para determinar si se remite o no el asunto al Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, mientras que el Copred anuncia que realizará una campaña para prevenir la discriminación a indígenas en el DF.

Cualquiera que sea el resultado no habrá un final feliz.

No se trata, desde luego, de crucificar al Colegio La Salle Seglares, en congruencia con su vocación de “educación cristiana” e incluso, es probable que más de un padre de familia sin escrúpulos se ofrezca a mover sus influencias para que la denuncia no trascienda y no se afecte a ese Colegio(que ojalá Dios y Mancera no lo permitan).

Se requiere, sin embargo, que se aplique la ley de manera ejemplar para evitar que se reproduzcan estas prácticas nocivas y que la autoridad haga valer su delicada responsabilidad pública.

Tanto más grave, cuando dicha práctica se ha realizado en un espacio educativo ―sin importar ya si tienen una orientación cristiana o no― porque los actos denunciados, que consisten en vejaciones al niño indígena por su condición  de edad, su procedencia étnica, por el color de su piel y su posición económica y que resultaron en su exclusión y menoscabo de su derecho a la educación y la afectación a su libre desarrollo psicosocial, se presume que se cometieron de manera consciente y voluntaria y contraria a toda ética pedagógica.

Más allá de la indignación y el repudio por esas prácticas, queda también la expectación por el papel del mismo Copred, como del Consejo Nacional, que tienen que avanzar hacia políticas transversales de prevención más eficaces, cuanto más, por algunos señalamientos que se han detectado en redes sociales en contra de estas instituciones, sobre una supuesta orientación complaciente hacia ciertos grupos de interés, en detrimento de la imparcialidad y la equidad social.

Habrá que estar atentos.

viernes, 19 de octubre de 2012

¡Yopes!

No está en el glosario.

Pero al menos en Oaxaca es un término despectivo que significa más o menos ser  un indígena muy retrasado en los aspectos materiales y culturales, acaso, similar al uso despectivo del término "naco".

Y es utilizado con frecuencia y franca aceptación en todos los niveles sociales del estado.

El Diccionario de Americanismos de Francisco J. Santamaría, editado por el Gobierno del Estado de Tabasco en 1988 consigna en su tercer tomo que YOPE "es el nombre que también se le da al indio tlapaneca y a su lengua en la etnografía mexicana. Dícese asimismo yopi y jopi."

¿Por qué el nombre de una etnia puede tener una connotación actual tan despectiva?

Tal vez la historia nos ayude a comprender esta situación.

Al referirse a los yopes, la Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_yope) indica que habitaban en una región del estado de Guerrero en donde actualmente se ubican los municipios de San Marcos y Ayutla, principalmente y cita las glosas del Códice Tudela en paleografía por cortesía de Samuel Villela, investigador del INAH, con la versión integra del siglo XVI:

"Estos Yopes son valientes hombres de un arco y flecha, y en tierras ásperas y calientes. Son las mujeres muy blancas y ellos prietos… morenos. andan desnudos y las indias, mientras son doncellas, andan descubiertas todas y después de casadas cubren sus partes con unas palmas, y ellos con cueros de venado. Son grandes cazadores y a los niños, que son ya de siete años arriba, les dan sus padres un arco y flechas y que busquen de comer y si no traen a la noche venado o conejo o avez les azotan o no les dan de comer."

En el libro Historia del Estado de Guerrero, Luis Guevara Ramírez, citado por Vicente Casarrubias en "Rebeliones Indígenas en la Nueva España", SEP, México, 1963, se reproduce la Carta de Diego Pardo al Contador de México Rodrigo de Albornoz en la que le avisa del levantamiento de los Indios Yopes en 1531.
La síntesis que hace Casarrubias es muy precisa: "Cuando los yopes vieron de cerca a los españoles y se dieron cuenta de lo que eran capaces, se refugiaron en las montañas, desde las cuales conspiraron para hacerles la guerra. En el año 1531, los yopes de Chuauhtepec se alzaron contra los indios de Puzutla, aliados de los blancos, y dieron muerte a algunos españoles; arrasaron al pueblo de Cuscotitlán, por la misma razón, y pasaron por las armas a más de 250 indios, en medio 'De la mayor crueldad y carnicería... que se ha hecho entre indios unos a otros en esta tierra, (y) no dejaron casa que no quemaron y asolearon por todas las partes que llegaron'. Con motivo de estos acontecimientos los españoles residentes en la recién fundada villa de San Luis (Acatlán) la abandonaron.
"Esta rebelión se propagó entre los pueblos vecinos. Los indios de Acapulco, de Citla, Citlala, Xaltiango y Acamaluta, enemigos ancestrales de los yopes, penetraron su territorio para ayudarlos en esta rebelión matando españoles en combate y sacrificando a los prisioneros."
Cortés mandó a pacificar la zona a través de Vasco Porcallo y medio centenar de soldados. La Wikipedia señala que prácticamente desaparecieron los yopes, pero Casarrubias dice que los tlapanecas o yopes emigraron hacia territorio mixteco, en donde fundaron nuevas poblaciones.
Hay que recordar que la región de los mixtecos abarca partes del Estado de Guerrero, como de Oaxaca y Puebla.
El término yope, hasta donde históricamente es posible encontrar las referencias, destaca las cualidades de resistencia y valor de una etnia que se defendió legítimamente en las guerras de la conquista.
Cuando una persona utilizar el término "yope" para discriminar a otra, sólo evidencia su ignorancia, porque en estricto sentido, le estaría diciendo "valiente".
De modo que la próxima vez que me digan YOPE, me voy a sentir muy honrado, porque ahora sé su verdadero significado.

martes, 28 de diciembre de 2010

Instituto de la Mujer, ¿focalizar o transversalizar?

El dinero nunca es suficiente.
Las organizaciones feministas de Oaxaca exigen al nuevo gobierno estatal la asignación de 580 millones de pesos para ser operados a través del Instituto de la Mujer Oaxaqueña.
Evidentemente, del Instituto se reasignaría parte de ese recurso a las actividades de las propias organizaciones, como sucede actualmente a través de los programas para mujeres que promueve la federación.
Aún cuando esta medida es legítima, ya que el Estado de Oaxaca ocupa uno de los primeros lugares en violencia contra las mujeres, en general existe una cultura misógina, machista, y ciertas prácticas que discriminan a las mujeres, es evidente que los recursos nunca serán suficiente para transformar esa realidad, en tanto no se atienda lo fundamental.
Como se sabe, el Instituto de la Mujer Oaxaqueña opera de gasto corriente al año unos cuatro millones de pesos y al menos unos 20 millones de pesos los gestiona de recursos de la federación principalmente.
El Instituto de la Mujer Oaxaqueña es una institución que tiene apenas unos diez años de creación y en ese tiempo ha contribuido a fomentar una cultura de la equidad de género con aciertos y altibajos que las propias organizaciones han denunciado como de mucha teoría y poca práctica.
Sin embargo, uno de sus grandes aciertos ha sido la divulgación y capacitación en materia de equidad de género, así como el impulso de una legislación con perspectiva de género, por los que Oaxaca ya no está tan atrasado en la materia.
Los retos están ahora en los municipios y principalmente en la educación formal, es decir institucionalizar la perspectiva de género en las escuelas públicas y en la gestión municipal.
Desde una perspectiva de política pública esto exige un trabajo transversal, con la suma de recursos y esfuerzos de la federación, el estado y los municipios, de modo que estas entidades destinen sus propios recursos a programas y acciones a favor de las mujeres desde una perspectiva de transversalidad.
Hay que darle todo lo que pida al Instituto de la Mujer, pero hay que darle más a los ayuntamientos del Estado y sus agencias municipales, que es donde está el auténtico desafío de promover la equidad de género.