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viernes, 28 de febrero de 2014

¿Zetas en Oaxaca en 1896?

La culpa la tiene Huitzilopochtli.

Al hablar de "Las circunstancias vulgares de los delitos de sangre en México", Julio Guerrero, menciona en su libro La Génesis del Crimen en México(CONACULTA, Méx. 1996), que el espíritu del salvaje es sanguinario y hereditario, por eso, en tiempos de paz se cometen terribles crímenes.

Para ser más preciso, dice que los herederos de los sacerdotes de Huitzilopochtli están al acecho(se me antoja más para una novela en la materia---hago pausa, tomo nota y si algún día la escribo se van a dar cuenta) y que esta vocación sanguinaria subyace en el inconsciente y suele agitar el alma "a pesar de ese mutismo y cavilaciones solitarios de los indios, que envueltos en su tilma y sentados en cuclilla contra el adobe de sus jacales ven a lo lejos pasar al caminante. Sufren allí una cerebración atávica(una posesión, pues) e inconsciente de sangre y exterminio; y esa es la que ha pervertido y dispara voluntades cuando los episodios políticos les han dado un papel activo y espontáneo en la gran tragedia mexicana."

No es broma.

Y para que conste cita el caso de una noticia publicada en El Universal en abril de 1896 cuando "los indios que se habían amotinado contra la ley del sistema métrico decimal a instigaciones de unos tinterillos estúpidos, penetran Juquila, población del estado de Oaxaca, sorprendiendo a sus vecinos: ponen en libertad a los presos de la cárcel y reunidos con ellos marchan contra las autoridades.

"Habiendo salido de su casa el jefe político para restablecer el orden, los amotinados lo encuentran y le piden los fondos públicos y los de la Virgen(como se nota, no es nueva la disputa por las limosmas de la Virgen de Juquila), los niega, y entonces un grupo se desprende en busca del mayordomo Núñez; lo encuentran en el camino, se adelanta un negro, le tira un machetazo a la cabeza y lo hiere en un brazo que aquél levantó para evitar el golpe.

"El herido huye a casa de Octaviano Gijón, hombre respetado de la población y que había sido jefe político. Quiere éste contener a los amotinados y lo acometen a machetazos, palos y pedradas. Su hijo Reginaldo sale de la tienda en su auxilio, pero también lo destrozan a machetazos; mientras que otro grupo de bandidos se dirige a la casa, destrozan literalmente a Núñez y hacen pedazos el mueblaje.

"La turba ensangrentada y vociferando sale de allí, se dirige a la fábrica de aceite de corazo de don Octaviano Gijón; matan al licenciado Rafael Parra, al mozo Román Carrasco, a tres más y se roban mulas, caballos, cerdos, carneros y gallinas.

"Pasan luego a la casa de Don Federico Gijón y matan a Federico  Morales, saquean la casa, luego la de Feliciano Sánchez, a quien dejan en el patio acribillado de balazos.

"Después matan a la preceptora de niñas. Al telegrafista, y a pesar de que defendió a balazos su oficina, lo matan también, lo decapitan, ponen su cabeza en un palo y la pasean por las calles.

"Nombran en seguida un presidente municipal y lo obligan a que dirija circulares a los demás pueblos del distrito, para que recojan dinero, bestias y partidarios que engrosen sus filas. 

"Forman por último una pira en la plaza pública con cuatro mil quintales de café, ponen encima el cadáver de don Octaviano Gijón, lo rodean con los de otras treinta y dos víctimas, prenden fuego al grano entre risotadas y dicharajos obscenos y se alejan en alboroto a la montaña más de mil bandidos, unos armados de rifles y otros de machetes. 

"Caminan sus petolotones entre las azulosas y exictantes humaredas del café, que se enredan en las camisas blancas de los asesinos, en sus cuerpos de caoba y entre las patas de las mulas que trepan por las veredas, llevando al trote los ensangrentados fardos del pillaje."

Como se ve, es lo más parecido al modus operandi de los Zetas.

Aunque no se reseña cómo acabó el asunto, no me lo quiero imaginar, ya que por aquellas fechas era presidente de México el General Porfirio Díaz y ese acontecimiento sucedió en su estado natal, en un santuario católico y que tuvo amplia difusión internacional.*

Independientemente de esto, el libro "Génesis del Crimen en México: Estudio de Psiquiatría Social" de Julio Guerrero se publicó en 1901 y aunque generó controversias en nuestro país--según la información de la contraportada---, en los círculos europeos fue ampliamente festejado.

Hoy en día es un clásico y leerlo provoca reflexiones interesantes.

Si Julio Guerrero(1862-1937), el sociólogo y jurista viviera en estos tiempos de la nueva tragedia mexicana, seguramente se hubiera dado cuenta que ni el crimen es exclusivo de nahuas y zapotecas y que Huitzilopochtli, a fin a de cuentas, sólo era un pretexto para mantener la armonía social.

Lástima.

Post Data:

*Por esas fechas no era Porfirio Díaz Presidente de México. Todavía era Benito Juárez y parece ser que un par de años más adelante de 1969, a la par de las revueltas políticas, aumentaban los delitos de este tipo que se prolongaron por la costa de Guerrero. En las Obras Completas de Benito Juárez, se documentan varios sucesos, que se frenaron y disminuyeron con la intervención de los militares.

sábado, 18 de enero de 2014

El crimen en Oaxaca a finales del siglo XVIII

Antes había respeto.

Bueno, eso es lo que dicen las personas mayores y también el Padre José Antonio Gay, en su Historia de Oaxaca.

Estamos hablando de la última década de los años 1700.

Según el Padre Gay, la moralidad pública era generalmente buena y las autoridades eran respetadas y obedecidas.

Tan sólo en un año se registraron 129 heridos por riña, que eran atendidos en el Hospital Real de la Ciudad de Oaxaca.

Algo que tal vez no haya cambiado mucho es lo sanguinario de los homicidios. Desde aquellos años, el Padre Gay observaba que los homicidios hacían época por la sensación que causaban en el público.

¿Usted es de las personas que se alarman por el número de tumultos, digamos bloqueos, marchas, manifestaciones, plantones y mitotes del Oaxaca de nuestros días? Para su consuelo, no es algo nuevo, pues como lo observa el acucioso historiador oaxaqueño: "Los tumultos en los pueblos no eran tan escasos como se hubiera querido; más, en compensación, fácilmente disipaban con sólo la presencia de alguna autoridad, sin la necesidad de la fuerza armada o con el transcurso de pocas horas, bastantes ordinariamente para sosegar las iras populares, terribles en su primer arrebato".

Los robos en cuadrilla eran escasos y señala a la Cuesta de Ocotlán, conocida también como la cuesta de Chávez, como la más peligrosa debido al paso de comerciantes, por el mercado regional de los viernes; y la cañada de Cuicatlán, que un valiente comisario, Francisco Calderón, purgó de delincuentes al instalar su casa en el epicentro de la zona de asaltos, motivo por el cual se llama ahora la cuesta de Calderón.

Hoy en día  el alcoholismo es uno de los más graves males del estado, pero antes no era así: "Las leyes tenían prohibida la fábrica del aguardiente de caña y de maguey, por lo que los mezcaleros, para colocar sus alambiques, buscaban las cañadas más escondidas y apartadas(...) Por otra parte, el señor obispo Ortigosa, con infatigable celo apostólico, había procurado la extirpación de este funesto vicio, logrando en gran parte su deseo".

Pues sí, parece que siempre sí hubo otros tiempos mejores.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Omerta a la oaxaqueña

Parodiando las prácticas más avezadas de la mafia, en Oaxaca la ola de crímenes parece que poco tiene que ver con el narcotráfico.

Los escándalosos crímenes de personas vinculados de algún modo con grupos de poder y de presión, abren espacios a la especulación novelesca.

¿Cuándo terminará esta pesadilla social?

Algunos dicen que apenas comienza.