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jueves, 28 de junio de 2018

Elecciones en México: un vacío de esperanza


Era de esperarse.

Hemos llegado a un nivel de competencia electoral donde la ecuanimidad, la imparcialidad, la razón y la civilidad se han esfumado.

La polarización entre un candidato y los otros en la elección presidencial nunca había alcanzado niveles de incertidumbre y descalificación tan persistentes, que esta disputa electoral parece el anuncio previo de una fase de ingobernabilidad y violencia.

Este contexto está caracterizado, además, por una inusitada ola de crímenes en contra de candidatos a puestos de elección popular.

Y pese a esta situación crítica, ningún candidato, ningún partido ni institución ha propuesto una salida viable que llame a preservar la civilidad y la paz.

Ninguno de los candidatos a la presidencia ha tenido la estatura moral para llamar a la civilidad y para contener a sus militantes y simpatizantes y ni mucho menos sus partidos, títeres miopes de la ambición de camarillas.

Es mucho lo que está en juego: el ego de los candidatos.

Por eso es predecible que ninguno de ellos llamará a los demás para suscribir un acuerdo de civilidad y paz porque todos, como en el póquer, están cuidándose de los demás.

Esta ausencia de liderazgo político, este vacío de inteligencia de gobierno nos hace dudar realmente de las promesas de los candidatos, pues ante un maremágnum de ingobernabilidad, son incapaces de mirar con altura de miras, si no pueden lidiar con una competencia en la que son actores, difícilmente podrán gobernar un país cuyas complicaciones son superiores a su momento político.

Lástima, estamos ante un vacío de esperanza.

miércoles, 6 de julio de 2016

Oaxaca, ¿Cómo sanear una sociedad desmoralizada?

La violencia nunca se justifica.

Durante algunos meses la sociedad del Estado de Oaxaca se ha visto alterada por un malestar---de manera simplista podríamos decir que de víctima o verdugo, según el lugar donde uno se pare---, y que ha repercutido en la normalidad de la vida cotidiana.

Más allá de las causas, motivaciones y objetivos de los diversos grupos que han alterado el orden social, un hecho es cierto: el hartazgo es recíproco.

Nunca como ahora se percibe una sociedad dividida y cansada, frustrada; existe un sentimiento general de incapacidad para resolver los problemas y para lograr una armonía social. Existe una incertidumbre sobre el futuro inmediato y la zozobra se hace cotidiana por los rumores, las acciones y el discurso de los diversos actores involucrados en la controversia.

La ancestral pobreza, la imparable corrupción oficial y la infinita presión económica sobre la ciudadanía---como dice el dicho, al perro más flaco se le cargan más las pulgas---, provoca que Oaxaca profundice su dependencia, su anquilosamiento y su involución política, económica y social.

Si se observa a los movimientos sociales de Oaxaca bajo el microscopio de la teoría de las revoluciones, sus estertores no pintan para un cambio de trascendencia real por su bajo perfil y sus propósitos sectoriales y cortoplacistas.

Esta situación de inestabilidad y desmoronamiento moral del pueblo oaxaqueño, no lo sustenta para enfrentar los desafíos del desarrollo.

Los pueblos, como los hombres, necesitan un cuerpo sano y una mente sana.

¿De qué manera, entonces, se puede recuperar la fe, la confianza y la autoestima de una sociedad vapuleada, dividida, frustrada ante el futuro y sin la esperanza de una estabilidad que ayude a impulsar su avance por la senda del progreso?

En primer lugar se necesita recuperar el Estado de Derecho. Que las partes se apeguen estrictamente a la legalidad. Que el Estado cumpla con su obligación de mantener la paz pública y garantizar la seguridad jurídica de las personas, a través de la observancia de los derechos y garantías constitucionales.

Pero el Estado, a través del gobierno, también necesita recuperar su credibilidad, se requiere combatir la impunidad y dar muestras contundentes de convicción y compromiso por la justicia y la legalidad.

La población necesita recuperar la confianza en su gobierno y en sus instituciones; y si la parte agraviada que reclama derechos tiene causas justas, debe agotar todos los instrumentos de negociación y de legalidad, antes de proclamar la violencia y el chantaje político.

En segundo lugar, es necesario impulsar un gran movimiento de reconciliación, paz y justicia entre los diversos actores sociales, políticos y económicos.

Más que sacar leña del árbol caído, los partidos, las iglesias, los empresarios, las organizaciones de la sociedad civil, los diputados, los presidentes municipales y principalmente los partidos políticos, deben actuar con responsabilidad social y convocar a la paz y la legalidad.

Cada institución, desde sus respectivos ámbitos, debe recuperar y fomentar los valores como el diálogo, la razón jurídica, la tolerancia, el respeto con la convicción de que el futuro de México es un futuro de grandeza.

Por algún lado tenemos que empezar a tejer la confianza desde las amistades, la familia, las instituciones, comunidades y pueblos y demostrar que más allá de nuestras diferencias somos sociedades civilizadas donde impera la razón y la legalidad y que por lo mismo, tenemos el derecho de ganarnos un futuro con responsabilidad y legitimidad.

Sanear la sociedad oaxaqueña, convulsa y subestimada, no se logrará de la noche a la manaña, pero podemos empezar hoy por nosotros mismos con una pizca de optimismo y buena fe.

viernes, 17 de octubre de 2014

Bloquear o no bloquear, that´s the question

No sólo hay bloqueos en la Ciudad de Oaxaca.

Aunque el efecto mediático de los bloqueos es mayor en la capital del estado, también en el interior es una  costumbre creciente.

Por ejemplo, en un plazo de 15 días, se han registrado 8 bloqueos en la carretera que va a Puerto Escondido en distintos puntos entre los municipios de Ocotlán de Morelos y Ejutla, afectando de manera directa el libramiento que va de Santo Tomás Jalieza a San Dionicio, para dirigirse a Puerto Escondido.

Las causas de los bloqueos por parte de los pobladores de municipios de estos lugares, por lo general son de carácter político, tanto de municipios de usos y costumbres, como de partidos políticos.

Aunque los motivos que argumentan podrían tener algún fundamento, en los hechos son lo más parecido a disparos al aire. Al grano, los bloqueos tienen como objeto presionar a las autoridades para obtener un beneficio legítimo o no.

Los efectos de estos bloqueos en carreteras federales se caracterizan por una irritación general, ya que el turismo, los comerciantes, los trabajadores, los transportistas, estudiantes, y la población en general no pueden pasar, por lo que algunos prefieren regresarse faltando a clases, al trabajo, para buscar otras vías para dirigirse a su destino o cuando esto no es posible, simple y llanamente hacer fila esperando que alguna divinidad ilumine a los responsables de mantener la paz y la armonía social en el estado para que apliquen el estado de derecho.

Hay un factor adicional que muestra una perversión oportunista, en cada bloqueo el transporte público aumenta sus cobros, por lo que una ruta ordinaria, sin bloqueo, se paga al 100 por ciento, pero una ruta bloqueada termina costando el doble para los indefensos ciudadanos.

Todo esto tiene un nombre: I N G O B E R N A B I L I D A D.

Sin palabras.