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miércoles, 15 de mayo de 2019

Teposcolula, pueblo mágico

¿Qué es lo que hace mágico a un lugar determinado?

La energía que fluye en su entorno, y que se percibe en su arquitectura, en su ubicación geográfica, en historia, en su cultura, en su gente.

Enclavado en un pequeño valle, el municipio de San Pedro y San Pablo Teposcolula es uno de los tres municipios cuyo nombre es de dos santos. Hay otros dos municipios también dedicados a los mismos santos.

San Pedro y San Pablo Teposcolula cuenta una de las capillas abiertas más sorprendentes de los templos dominicos ya que es considerada la más grande de América Latina.

La intención de la Orden Dominica era crear un auditorio para predicar y realizar sus ceremonias religiosas ante grandes contingentes de personas. Cuando visitas este lugar no es difícil imaginarse la proyección que alcanzaba el orador principal desde el altar al dirigirse a unos cuantos miles de personas.

Hay una característica especial que tiene el ex convento anexo al templo, sobre sus paredes del patio principal existen cuadros que ilustran momentos clave de la vida de Santo Domingo de Guzmán, por lo que resulta muy interesante primero documentarse sobre la biografía de este hombre extraordinario y posteriormente apreciar los cuadros que existen en este lugar.

Especial atracción para visitar después del templo y su ex convento es la Casa de la Cacica, que son vestigios de la residencia de los descendientes de los reyes mixtecos, que habitaban de manera regular entre las regiones de la mixteca poblana y guerrerense.

Ubicado a 140 kilómetros aproximadamente de la capital del estado, el municipio de San Pedro y San Pablo Teposcolula es un lugar mágico para visitar en la región de la mixteca oaxaqueña.

















Aspecto de la entrada lateral al templo de San Pedro y San Pablo Teposcolula. En esta entrada se encuentra un pequeño huerto utilizado por los antiguos frailes de la orden.
















Capilla abierta, fachada del templo y ex convento anexo.




















Debajo de la cruz que se aprecia en el fondo se ubica el altar principal de la capilla abierta.




















En el interior del templo se encuentran altares con los estilos que son comunes a esa orden religiosa.




















Los altares son un alarde del tallado magistral de la madera.




Pasillo del ex convento en el que encuentran las grandes pinturas al óleo con imágenes de la vida de Santo Domingo de Guzmán.
















Algunas pinturas al óleo tienen recuadros que explican momentos de la vida de Santo Domingo.
















Las pinturas al óleo tienen técnicas de muralismo que destacan la imagen del fundador de esa orden.
















La Casa de la Cacica colinda prácticamente con predios de vecinos que han construido casas modernas. Los vestigios de la construcción permite dilucidar que se trataba de complejos palacios funcionales.








A la Cacica la describen como una hermosa mujer rica y poderosa, a la que honraban los pueblos mixtecos llevándole oro, cacao y los mejores textiles. Al igual que los caciques de Tlaxcala, los caciques mixtecos conservaron sus títulos, tierras y reconocimientos y sus descendientes cambiaron sus nombres con la llegada de los españoles, pero conservaban su estatus social.
















A un costado del majestuoso templo de San Pedro y San Pablo Teposcolula se ubica el edificio de lo que fue el antiguo Hospital de Indios.
















El colorido y diseño del edificio del Palacio Municipal lo hacen una exquisita obra arquitectónica para la vista.

 

En las fachadas de las casas antiguas de la comunidad se puede apreciar el extraordinario trabajo de la cantera.





















El seis de agosto se realiza en la comunidad la tradicional Calenda en la que participan "El Diablo" y "La Muerte", figuras típicas de la cultura popular.



domingo, 24 de marzo de 2019

Templo de Yanhuitlán, la magia en la tierra


Visitar el templo dominico de Yanhuitlán, en el distrito de Nochixtlán, Oaxaca, es entrar en un lugar mágico en la tierra.

















Originalmente en este sitio existió un centro ceremonial de los mixtecos prehispánicos, pero con la llegada de los españoles a Oaxaca, se construyó encima el actual templo católico que es una belleza arquitectónica y es un espacio que te permite sentir una sana energía, como un remanso espiritual.




Yodzoquehe, que en mixteco significa "Llano Ancho" fue nombrado por los aztecas como Yanhuitlán, "Lugar Nuevo", de Yancuic "Nuevo" y Tlan "Lugar".

De los pueblos de la mixteca o Ñuudzahui, "Pueblo de la Lluvia", Yanhuitlán se ubica a escasos kilómetros de Nochixtlán, Oaxaca, ese pueblo que atraviesa la autopista de México-Oaxaca y es parte de la Ruta Dominica de la mixteca.




Cuando los españoles llegaron a Oaxaca (1521), el pueblo de Yanhuitlán ya había sobrevivido a varias guerras contra los aztecas y se erigía como una metrópoli mixteca que abarcaba unos 18 pueblos y se estima que tan solo en su cabecera habitaban unos 12 mil mixtecos. A mediados del siglo XVII la región era gobernada por 7 Mono, que los españoles bautizaron como Don Domingo de Guzmán, por ser dominicos los encargados de convertir a los indígenas a la fe cristiana.




Precisamente en el centro de Yanhuitlán, en un lugar sagrado donde se levantaba un centro ceremonial dedicado al panteón mixteco y que fue destruido por los españoles, se construyó en 1529 un monasterio Dominico.



Aunque el encomendero Don Francisco de las Casas se opuso a la destrucción del centro ceremonial, una vez que éste falleció, uno de sus hijos que le heredó la encomienda, de nombre Gonzalo, permitió la construcción del templo Dominico a partir de 1548 y cuya terminación duraría unos 25 años.

















No es difícil imaginarse a los más de seis mil indígenas organizados pacientemente por los frailes dominicos y los arquitectos españoles, agrupados en cuadrillas de 600 hombres, trasladando la cantera, la cal, el agua--incluso se construyó un acueducto para apoyar el suministro de agua en la obra---, y el impacto ecológico que según cuenta la tradición, deforestó la zona por el corte de árboles para sacar la madera de cimbra, andamios, para la leña y el carbón.





El templo dedicado a Santo Domingo es una sola nave con una altura de 25 metros, un ancho de 15 metros y un largo de 75 metros.

Sus bóvedas son góticas, sus muros están reforzados con contrafuertes estilo románico, el ábside es circular y al final del muro norte se eleva un arco botarel.




Un de las piezas principales de este templo lo representa el altar mayor, que consta de un retablo de madera dorada en forma de biombo barroco-solomónico y que fue realizado por el pintor sevillano Andrés de Concha. Mide 10.90 metros de alto y 6.76 metros de ancho y tiene esculturas del siglo XVI. Se sabe que este altar fue tomado como referencia cuando se repuso el altar principal del Templo de Santo Domingo de Guzmán en la Ciudad de Oaxaca de Juárez.

















































El templo cuenta además con un órgano tubular, construido cerca de 1600 y es considerado el único órgano en Oaxaca con símbolos dominicos por la decoración de la caja: la cruz blanca con negro, el perro y su antorcha. Hay que recordar que el término "Dominico" viene del latin "Dominus" Señor y "Canis" Perro, algo así como el perro del Señor, de acuerdo con la historia de la fundación de esta orden religiosa.





Junto al templo, por el lado sur, se encuentra el Convento de Yanhuitlán, hoy convertido en un museo de sitio a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

En la parte baja del Convento se encuentra la portería, el claustro, los confesionarios--que son sumamente fríos y tienen una ventanilla que comunica la nave principal del templo con el exterior--, los patios, el calabozo, ya que los Dominicos realizaban las funciones del Santo Oficio; la fosa y la hospedería. En el desnivel se ubica el cuarto frío, las celdas que eran ocupadas como talleres y dos aljibes(pozos).




En el museo del ex convento se exhibe una réplica del Códice de Yanhuitlán, piezas arqueológicas y también se realizan exposiciones temporales.

Los domingos la entrada es gratis, de martes a sábado la entrada cuesta $45.00 (cuarenta y cinco pesos) y hay descuentos.

De modo que si quieres tener la experiencia mágica de este lugar sagrado prehispánico-cristiano, es recomendable que un domingo por la mañana cuando vayas por carretera a México, D.F. o vayas a la Ciudad de Oaxaca, te metas a Nochixtlán, en este lugar puedes desayunar una rica barbacoa en el interior del mercado o pregunta por la casa de los "Pajarillos" en la esquina de Cinco de Mayo con Emiliano Zapata, en cuyo patio se encuentra un horno, al centro, de donde sacan directo la carne y la rica "masita mixteca" directo a tu mesa.

 Luego de almorzar tomas la carretera a Teposcolula, unos 15 kilómetros aproximadamente, y el templo se ubica precisamente sobre la carretera. En el templo te cobran $20.00 (veinte pesos) más o menos un dólar para usar tu cámara en el interior del templo, que lo abren igual que el museo de martes a domingo.

El templo lo cierran de las 14:00 a las 16:00 horas. Allí puedes disfrutar del interior del templo y luego te pasas al ex convento anexo que es el museo. Visitar el lugar con ojo clínico te lleva unos tres  horas, pero un recorrido rápido unos 30 minutos.

Los domingos se instala a las afueras del templo un mercado gastronómico en donde podrás probar alimentos típicos como el "chileatole", un guisado a base de maíz y picante, así como otros platillos locales acompañados de tortillas echas a mano con maíz criollo y las tradicionales aguas de frutas.

Para viajar en transporte público, en la Ciudad de Oaxaca a unas cuadras del centro salen las suburbans que van a Nochixtlán, llegando a este lugar a un costado del mercado está el sitio de camionetas que van a Yanhuitlán. El pasaje de Oaxaca a Nochixtlán cuesta 60 pesos y de Nochixtlán a Yanhuitlán, 15 pesos. Así que no hay pretexto para visitar este fascinante lugar.

Disfruta la grandeza mexicana.

miércoles, 12 de julio de 2017

Ignacio Zanabria: pionero de la fotografía en Oaxaca

Don Ignacio Zanabria Palacios fue un prolífico fotógrafo de la región de la mixteca que integró un acervo estimado en más de 22 mil fotografías a lo largo de 50 años de ejercicio fotográfico.

Poseedor de una elevada sensibilidad artística y un instinto de documentalista, Ignacio Zanabria creó un estilo propio caracterizado por el rigurismo técnico y un profundo sentido estético.

Desde la fotografía comercial, en festividades religiosas, cívicas, sociales y culturales, como en su pasión por fotografiar el paisaje, los monumentos y sucesos de lo cotidiano, Ignacio Zanabria documentó una parte importante de la historia oaxaqueña.

En la propia ciudad capital como en todas las regiones del estado de Oaxaca que tuvo la posibilidad de captar en su cámara, se percibe su virtuosismo fotográfico, pero fue, principalmente en Asunción Nochixtlán, su pueblo, donde se concentró para crear uno de los archivos históricos fotográficos más importantes de México.

Sus fotografías, hoy en día, se pueden conseguir en casas fotográficas que le adquirieron en su momento copias o duplicados, destacándose entre quienes le adquirieron el Centro Fotográfico Manuel Alvarez Bravo, la casa de fotografía "Amaro" de la Ciudad de Oaxaca y muchos particulares, que han acopiado los recuerdos impresos de su pueblo.



Señoritas de Nochixtlán ataviadas con motivos mixtecos. Sin fecha. Colección de Baldomero Zárate. (Todas las fotos que aparecen en adelante, fueron tomadas por Ignacio Zanabria y fueron editadas con fines de publicación por el autor del blog).


Foto inédita del gran educador oaxaqueño Abraham Castellanos, durante su visita a la casa donde nació en Asunción Nochixtlán, sin fecha, en la calle de Porfirio Díaz donde hoy se levanta una escuela con el nombre de este personaje. Colección Fam. Zanabria Castellanos.
Primer aeroplano que aterriza en Nochixtlán, 1934. Colección Baldomero Zárate.


Llegada a Nochixtlán del autobús Oaxaca-México. Sin fecha. Colección Baldomero Zárate.



Desfile cívico con motivo de las fiestas patrias. Septiembre de 1939. Colección Baldomero Zárate.



Construcción de la Escuela Abraham Castellanos, 1959. Colección Familia Zanabria Castellanos. 


Fiesta de bautizo, 1940. Colección Familia Zanabria Castellanos.






















Detalle de la cartilla que acredita como regidor segundo a Ignacio Zanabria, 1944. Ayuntamiento de Asunción Nochixtlán. Colección familia Zanabria Castellanos.

Hoy en día muchas de sus tomas, aún sin firma, circulan como pósters, duplicados y evidencias antiguas de un estado que siempre ofrece un ángulo propicio para la fotografía. La caracterización de muchas de sus fotografías consiste en que incorporan leyendas en el revelado y que fueron escritas de derecha a izquierda sobre los negativos.

Zanabria nunca escribió un libro, pero sus miles de fotografías se podrían aglutinar en decenas de tomos, que conformarían una valiosa enciclopedia inspirada por el amor a su gente y a su pueblo.

Ese es su legado, un trabajo artístico, una memoria gráfica y un testimonio documental que cobra una relevancia mayor, mientras el tiempo avanza.






















Ayuntamiento de Asunción Nochixtlán, 1932. De pie, de izquierda a derecha, Ignacio Zanabria. A su lado, una persona no identificada. Sentados, de izquierda a derecha: Vicente Juárez, le sigue quien ha sido identificado como hijo de Sabás Avendaño, no se dispone de su información completa pero es él el presidente municipal, y Francisco Arenaza. Foto Familia Zanabria Castellanos.









Señoritas portando el traje típico de Nochixtlán. Sin fecha. Foto colección Baldomero Zárate.



Aspecto de un muro del despacho del Lic. Baldomero Zárate, que ha coleccionado fotografías de Don Ignacio Zanabria a lo largo de décadas.

Son tres las cualidades de la fotografía.

Una primera es documentar como memoia gráfica. A través de la fotografía se capta y detiene un espacio y un tiempo determinado. Ese registro deja constancia de un suceso, una existencia en un momento dado y que mantiene su presencia a través de la memoria impresa o magnética. Esta cualidad contribuye al inventario histórico.

Lo artístico es otra cualidad de la fotografía, incluso, si el fotógrafo no está instruido en las técnicas de la imagen, porque identifica en el campo visual un orden natural, el objeto, el entorno. Distinto es cuando la sensibilidad artística del fotógrafo es mayor y toma la fotografía impulsado por la sensación de que ese es el momento y el lugar y él aprovecha ese enfoque para destacarlo y retenerlo a través de la imagen.

Como tercera cualidad de la fotografía está su valor testimonial. A diferencia de su valor documental, que nos dice que existió una persona o un monumento en un momento dado, por ejemplo, el valor testimonial es todo lo que significa esa persona o ese monumento. Pertenece esta cualidad al ámbito de la interpretación y de la información que se posea sobre el objeto de la fotografía.

La fotografía nació a finales del siglo XIX y su comercialización se dio a principios del siglo XX.

Oaxaca capital fue uno de los principales centros comerciales durante la época virreinal.

A lo largo del territorio oaxaqueño se desarrollaron centros urbanos similares, que en el caso de la mixteca, fueron, entre otras, ciudades como Tlaxiaco, Huajuapan y Nochixtlán.

Aunque originalmente eran centros regionales indígenas, durante el virreinato se constituyeron en importantes espacios religiosos donde se registró una fuerte presencia de comunidades europeas, principalmente españolas.

Ese aspecto religioso y comercial lo adquirió Asunción Nochixtlán, ya que por su posición geográfica es un punto de convergencia para entrar y salir hacia la mixteca y los valles centrales de Oaxaca, por eso se le conoce como la puerta de entrada a la mixteca oaxaqueña.

Fue en este municipio donde nació  Ignacio Zanabria Palacios en 1905.

Según el menor de sus siete hijos, Don Isaías Guillermo Zanabria López, de 78 años de edad, relata que su padre, don Ignacio Zanabria quedó huérfano a los siete años de edad y solo pudo estudiar hasta el tercer año de primaria.






















Don Isaías Guillermo Zanabria López, hijo menor de Don Ignacio Zanabria, en su domicilio en la Carretera Internacional, Nochixtlán, centro.

Siendo hijo único, Ignacio Zanabria se dedicó a los más diversos oficios para sobrevivir, inicialmente dedicándose al campo. Gozando de un espíritu inquieto, emigró en su juventud a la ciudad de Oaxaca de Juárez, en donde se desempeñó como auxiliar en un billar y al mismo tiempo aprendió el oficio de la peluquería.

Regresó a Nochixtlán para abrir su peluquería. Por esas fechas contrajo matrimonio con la señora Aurora López Amaya, originaria de Nochixtlán.















Don Ignacio Zanabria Palacios y su señora esposa Aurora López Castellanos, sin fecha. Foto familia Zanabria Castellanos.

Al iniciar los años 30 nuevamente regresó a la Ciudad de Oaxaca, en donde trabajó como ayudante en una de las más antiguas casas de fotografía “Fotografía Ramírez”,  que hoy ya no existe y que estuvo ubicada en la calle de Independencia, a un costado de las oficinas de telégrafos, en pleno centro de la ciudad.

 Allí aprendió el oficio de fotógrafo y todos sus secretos y al mismo tiempo desarrolló su talento artístico al tomar escenas de personas, de diversas actividades sociales y de monumentos, siendo enviado también a diversos lugares del estado por la demanda del trabajo. 

Destacando como uno de los fotógrafos más solicitados, decidió que tenía que regresar a Nochixtlán para llevar esa tecnología y aportar de esta manera a su sociedad querida.















Aspecto de la avenida Porfirio Díaz, Nochixtlán. Sin fecha. Familia Zanabria Castellanos.

Abrió entonces en la Calle de Porfirio Díaz de Asunción Nochixtlán su fotografía “Zanabria”, que por resultar única y novedosa rápidamente se expandió, por lo que su señora esposa lo auxiliaba para preparar los químicos, revelar en un cuarto oscuro que inicialmente era una tina de metal pintada con chapopote y cuidadosamente sellada y a realizar los retoques de sus fotografías. Además Ignacio Zanabria construyó sus amplificadoras fotográficas.
















Comunidad católica portando cirios con motivo de algún acto religioso. Sin fecha. Foto propiedad de Bartolomeo Zárate.

En 1932 fue regidor del ayuntamiento, por primera vez y esta actividad que combinaba con su pasión por la fotografía le  permitió también documentar las obras y acciones que se realizaban en el municipio, consignando en imágenes la construcción y la evolución del crecimiento de la ciudad.

A partir de que se instala don Ignacio Zanabria en su taller de fotografía, no descansaría hasta su muerte, acaecida en 1986, a los 81 años de edad; es decir, que a lo largo de 50 años de práctica ininterrumpida, don Ignacio Zanabria se dedicó a fotografiar la vida en Nochixtlán, la mayoría de los municipios de la mixteca y diversos y lejanos lugares, ya que su cámara de fuelle y su tripié se convirtieron en su equipo inseparable en sus viajes de trabajo y de placer.

Su trabajo fotográfico principalmente era por encargo, las fotos personales, de actos sociales, políticos, culturales, religosos; pero también aquellos que su naturaleza artística le impulsaba a registrar a través del paisaje, los monumentos y la fotografía de lo cotidiano.






















Peluquero de Nochixtlán, sin fecha. Foto Familia Zanabria Castellanos.
  
  




















Foto de mapa antiguo de Nochixtlán en 1602. Foto propiedad de Baldomero Zárate.













Foto propiedad de Baldomero Zárate.

El escritor Enrique Franco Calvo, que lo conoció y trató personalmente y que le compró unas cinco mil fotos para un proyecto cultural, estimó en unas 22 mil placas su acervo fotográfico y en un emotivo artículo publicado en el periódico “El Nacional”, el 13 de noviembre de 1996, destaca sus cualidades de artista innovador que documenta y explora las posibilidades de la imagen, dejando constancia fehaciente de todo cuanto registraba:

“De entrada, hay que señalar que nos encontramos ante un fotógrafo de propuesta, de búsqueda. Por tanto, con preocupaciones estéticas; vemos en sus fotos que le interesa la composición, la simetría, el juego de planos, hallar un discurso visual que diga más allá de lo evidente. Se trata pues de una sensibilidad que desde un principio gozó sus prácticas con el lente…”

En Nochixtlán, hay varias familias que poseen una gran cantidad de fotografías de Ignacio Zanabria, una de ellas es la del profesionista Eber Baldomero Zárate Hernández, que exhibe orgullosamente en los muros de su oficina de Nochixtlán un centenar de las fotografías de Don Ignacio Zanabria, coleccionadas pacientemente a lo largo de décadas por su familia.

Relata Isaías Guillermo Zanabria López, hijo de don Ignacio Zanabria, que una vez que falleció su señor padre, el acervo fotográfico quedó dividido en distintas partes en las casas de sus nietos.

La mayor parte de éste quedó en una casa en construcción de un familiar que se quedó con decenas de cajas de cartón que contenían miles de placas.

Como estaban construyendo esa casa y los albañiles necesitaban espacio, movieron las cajas hacia una improvisada bodega en el amplio patio. En una ocasión, mientras se quemaba la basura en el patio, los albañiles se descuidaron y las llamas alcanzaron la bodega con las decenas de cajas que contenían las placas fotográficas, no pudiendo hacer nada para salvar aquellas muestras del maravilloso trabajo de Don Ignacio.

Afortunadamente, un artista tan prolífico como don Ignacio Zanabria, dejó miles de sus fotografías en manos del pueblo, que celosos resguardan la memoria de sus antepasados.

Ignacio Zanabria Palacios es, sin duda, un gran precursor de la fotografía en Oaxaca y un distinguido y talentoso artista de la mixteca oaxaqueña.

Agradecimientos: Al maestro Virgilio Zanabria Castellanos, nieto de Don Ignacio Zanabria quien me descubrió a este personaje, a su señor padre, Isaías Guillermo Zanabria, que accedió a abrirme las puertas de su hogar para platicar y darme la oportunidad de facilitarme material para esta colaboración y al buen amigo y joven empresario Eber Baldomero Zárate, que con mucho orgullo conserva en su despacho una colección en homenaje a este gran artista de la cámara.