lunes, 13 de febrero de 2017

Ciudad de los Archivos: la verdadera historia del hombre que salvó la memoria histórica del Poder Ejecutivo de Oaxaca

Es enero del 2010.

Oaxaca disfruta vientos frescos en la política local y las expectativas de la alternancia en la gubernatura generan una sensación promisoria de cambio social.

Al menos esa era la idea que cruzó por la mente del contador público Carlo Magno Ochoa Arellano, el ex agente municipal de Cinco Señores de la ciudad de Oaxaca de Juárez, mientras hacía antesala en la oficina del nuevo secretario de administración para conseguirse un empleo.

Tras una breve espera pasó al amplio despacho del secretario y lo primero que llamó su atención fue una pintura al óleo de Don Benito Juárez que, sobre un mueble de fina madera, parecía esperar un lugar para ser reubicado.

“Ya somos dos”, pensó con ironía Carlo Magno, mientras el secretario de administración iba directamente al tema: “Ya te conseguí un trabajo en el que vas a estar bien, con un sueldo bueno y una gran tranquilidad porque allí no se hace nada: te vas como Director del Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado, allá no hay nada que hacer” y le firmó su nombramiento.

La noche antes de asumir como nuevo director, Carlo Magno soñó que ingresaba en un gran edificio moderno, pero que al subir las escaleras ese edificio se convertía en un estrecho inmueble en ruinas y con escaleras peligrosas y truncas. Bajo sus pies se abría el vacío y por el vértigo y el temor, él no se atrevía a brincar para alcanzar el piso firme de la oficina siguiente en cuyo interior se encontraba abandonado en medio de un enorme charco de lodo, un cuadro con la figura de Benito Juárez.

Ese sueño no lo recordaría sino hasta dos horas después de tomar posesión de su cargo y que luego se convertiría en una pesadilla recurrente durante muchos meses en su calidad de director del Archivo.

Nada qué hacer

El Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado se ubica en los anexos del ex Convento del templo de los Siete Príncipes, construido en la segunda mitad del siglo XVIII, en la calle de Santos Degollado al sur de la ciudad capital.

El templo de los Siete Príncipes sigue en funciones; las instalaciones que fueran del Convento de las Hermanas Capuchinas de Oaxaca, albergan desde 1963 a la Casa de la Cultura Oaxaqueña, por obra del gran periodista y promotor cultural Don Néstor Sánchez. Los anexos del ex Convento, detrás del templo católico funcionan como la sede del archivo del Poder Ejecutivo desde 1977.

En su primer día como Director General del Archivo, Carlo Magno llegó puntual a su oficina y se asombró de la extraordinaria cantidad de polvo que cubría muebles, paredes y pisos y sobre todo, de los legajos de documentos amontonados y olvidados sobre su escritorio y otros tantos paquetes apilados en los pasillos de su oficina.

Antes de poder preguntar por los responsables del aseo, el personal del Archivo invadió prácticamente su oficina, a la manera de quienes encuentran un intruso infraganti. Allí estaban las y los delegados sindicales, el personal administrativo, el personal técnico especializado, los del servicio de limpieza y todos ellos lo miraban como a un extraño y con una actitud hostil.

Mucho más adelante Carlo Magno sabría que ese recibimiento a los nuevos directivos era normal en el Archivo porque la mayoría de los funcionarios que llegaban a encabezarlo no se involucraban, se ausentaban con bastante frecuencia, mostraban indolencia y había sospechas de que algunos sustraían  documentos históricos.

El nuevo director quiso saludar de mano a todo el personal, pero éstos se cruzaron de brazos, por lo que volvió a su sillón y tomó la palabra: “Buenos días compañeros, mi nombre es Carlo Magno Ochoa Arellano, soy contador público y es para mí un gran honor aceptar la invitación que me hizo el señor Gobernador para dirigir esta dependencia.”

Les ofreció que se presentaran, pero todos permanecieron en silencio y solo miraban con indiferencia al funcionario en medio de un pesado y tenso ambiente. Como tampoco se movían, el director tomó la iniciativa y pasando un dedo sobre el empolvado escritorio y mostrándoles el polvo en la yema de su índice les dijo: “yo creo que aquí hay mucho trabajo por hacer”.

Una delegada del personal sindicalizado dio un paso al frente, tomó un legajo de documentos del escritorio y lo levantó en alto y dijo: “Pues usted debería de saber que aquí no hay nada que hacer porque no se puede hacer ¡nada!”, al tiempo que dejaba caer los papeles sobre su mismo lugar, lo que levantó una enorme nube de polvo sobre el rostro del director.

Carlo Magno tomó el mismo legajo de documentos y levantándolos también en alto dijo: “Pues yo creo que sí podemos hacer ¡mucho!”, al tiempo que los dejaba caer sobre su mismo lugar, lo que generó más polvo en dirección de la delegada.

La delegada tomó nuevamente el legajo de viejos documentos, los volvió a levantar y le inquirió: “Entonces, usted díganos, ¿qué podemos hacer?” dejando caer pesadamente aquellos expedientes que levantaron otra densa nube de polvo que empezó a invadir el espacio de la dirección.

Esa escena, por sí misma chusca, invitaba a la risa, pero ni siquiera inmutó a los trabajadores, que por el contrario, mantenían una actitud seria y grave. Entonces, Carlo Magno levantó el mismo grupo de documentos y mientras decía ““¡Pues por lo menos podemos hacer polvo!” los dejó caer con más fuerza.

La inmensa nube de polvo provocó que algunos empleados tosieran y todos empezaron a  salir de la oficina del director, dejándolo en medio de aquella polvareda, con la boca seca y un fuerte sabor amargo y sobro todo con un pesado sentimiento de frustración.

Carlo Magno recordó entonces las palabras del secretario de administración: “Allí no se hace nada” y con mucho coraje se dijo para sí mismo, “Pues si no se hace nada, ¡que no se haga nada! voy a ser igual que la mayoría de los que se han sentado aquí; voy a disfrutar mi beca y lo demás ¡que se lo cargue el diablo!” y girando su sillón hacia una esquina de su despacho, descubrió que detrás de un montón de papeles amarillentos amarrados con un hilo de algodón, se asomaba parte de un cuadro con el rostro de un hombre que le estaba siendo familiar y que lo miraba con cierto asombro e incredibilidad: Don Benito Juárez.

Carlo Magno sintió escalofrío. La mirada penetrante de Juárez parecía que lo juzgaba y le reprochaba algo y repentinamente recordó el sueño que había tenido la noche anterior.  Volvió a ver todo todas las imágenes oníricas y sintió la angustia por no poder alcanzar el piso para levantar el cuadro de Juárez del charco de lodo.

Repentinamente, saltó de su sillón y levantó el cuadro de Juárez, y lo recargó en los legajos de documentos sobre su escritorio. Inclinó la cabeza en signo de respeto y le ofreció disculpas al Benemérito, pensando que había blasfemado. Miró a su alrededor y su mente de contador hizo un rapidísimo inventario de la situación y de pronto, como si hubiera encontrado algo que andaba buscando sonrió hacia Juárez con complicidad y lleno de energía dijo en voz alta: “¡Cómo que no hay nada qué hacer!”

Por lo menos ese día desapareció el polvo de la oficina, los documentos se apilaron ordenadamente en otro espacio y el cuadro de Benito Juárez encontró lugar en la pared principal detrás del director. Obvia señalar que Carlo Magno regresó a su casa irreconocible por el polvo y la suciedad y con un tremendo cansancio que lo hizo dormir como piedra.

El día más triste

En su segundo día como director, el contador Ochoa Arellano era lo más parecido al hombre invisible, recorrió las instalaciones, saludó al personal, pero solo algunas personas le regresaban de mala gana el saludo. Observó durante un rato el movimiento en la sala de consulta del archivo donde algunos visitantes, investigadores y estudiantes consultaban documentos.

El Archivo es de esas instituciones en que puede faltar el director y ésta sigue su marcha, pero eso no es un signo de normalidad, sino de algo mucho más grave que se oculta en su interior, pero al nuevo director ese ambiente le pareció normal y ordenado.

Miró con satisfacción al personal técnico que vestidos con batas, cubrebocas y guantes saneaban algunos viejos documentos. Allí estaba la delegada, detrás de un escritorio con varios catálogos de ropa y calzado, de los que se venden en abonos,  junto a una vieja máquina de escribir y con unas vasijas de plástico con alimentos y un jugo de naranja. La delegada lo miró con sorna y descrédito y él pudo apreciar con toda claridad en el escritorio, que el polvo no le era ajeno a la delegada.

Incómodo, pero no vencido, Carlo Magno le solicitó al jefe del archivo que le mostrara los almacenes donde se encontraba el archivo histórico. El encargado le dijo que le podía abrir la puerta, pero que ahí nadie entraba por las malas condiciones del lugar: humedad, hongos, roedores, muebles en mal estado y la amenaza de derrumbes.

El director sonrió, pensó que esas personas exageraban pues ya habían fijado su postura, ya había recorrido el área de atención a usuarios y todo parecía normal, pero nunca imaginó que esa área de atención al público solo era la punta visible de un extraordinario iceberg que ocultaba seis toneladas de documentos históricos a punto de irse a la basura.

Sin sospechar siquiera el desafío al que se enfrentaba, Carlo Magno ingresó a las oscuras bodegas, en las que ni siquiera había luz y la escasa iluminación filtrada por grietas en los techos no alcanzaba a iluminar los pasillos. El olor a humedad y a orines de gatos lo invitaban a abandonar aquel lugar.

Buscó a tientas los encendedores de los focos, pero sólo una vieja bombilla de sesenta watts en la entrada le permitió ubicarse en medio de una enorme sala con cientos de cajas apiladas debajo de plásticos que los protegían de las filtraciones del agua de lluvia.
Los antiquísimos muros del lugar tienen fisuras que pareciera que se van a caer de un momento a otro; partes del techo de esa nave con enormes horcones a punto de derrumbarse y un olor infernal a humedad penetrante e insoportable.

Vencidos archiveros de metal y de madera a punto de venirse para abajo se sostenían de milagro en algunas paredes, mientras de sus saturados espacios escurrían documentos amarillentos y arrugados, como un arroyo de papel. No se podía caminar siquiera entre esos pasillos llenos de cajas rotas y también de documentos apilados y amarrados burdamente con mecates.

Los archiveros que ya se habían vencido por efecto de los sismos y el descuido habían generado pequeñas montañas de documentos históricos que formaban un paisaje surrealista. Era increíble que la historia documental de los gobernadores de Oaxaca desapareciera bajo la indiferencia del propio estado y de su principal resguardante, el Archivo General.

“Está cabrón”, dijo Carlo Magno, “esto es un auténtico basurero. Ni en diez años se podría ordenar todo esto y ni en 30 años se podría rescatar.” Derrotado se sentó sobre unas cajas amontonadas, deseando que no fuera a aplastar a algunas ratas. “Se me hace que aquí no hay nada que hacer, definitivamente” pensó.

Al azar estiró la mano y tomó el primer documento que encontró y con apoyo de la luz de su teléfono celular pudo leer que se trataba de una Real Carta de Provisión del Rey de España emitida en 1777, rápidamente estiró la mano y tomó otro documento que leyó y contuvo la respiración, se trataba de un documento firmado por Don Benito Juárez en su calidad de Síndico del Ayuntamiento de Oaxaca.Se incorporó de un salto. Tenía entre sus manos un documento original que había pasado por las manos de don Benito Juárez y que estaba allí como un simple desecho.

Miró entonces a su alrededor. Cuánta documentación importante yacía allí olvidada, maltratándose y  con la amenaza de desaparecer irremediablemente. Cuántos documentos originales y valiosos, como los del propio Benito Juárez, el gran defensor de la patria, estaban a punto de perderse.

Sintió coraje, rabia e impotencia. En medio de aquel extraordinario mar de papeles cayó de rodillas y lloró inconsolablemente, largo rato.

En medio de su tristeza se dio cuenta de que éste era precisamente el trabajo que se tenía que hacer y toda esa frustración que lo invadía se convirtió en un renovado coraje para enfrentar el desafío de salvar el archivo hasta sus últimas consecuencias.

Dice Carlo Magno que ese día ha sido el más triste de su vida.

Del día más triste al día más largo


Toda la noche de ese día Carlo Magno estuvo pensando en soluciones posibles para el problema del archivo y concluyó que la única persona que podría apoyarlo era el gobernador del estado o al menos por ahí debería de empezar.

Desde muy temprano llegó al Palacio de Gobierno y su nombramiento le facilitó el acceso a la oficina del gobernador.
Cuando llegó el personal administrativo de la oficina de la gubernatura se sorprendieron de ver a un ciudadano haciendo fila para tratar de hablar con el gobernador. Con pena le dijeron que el gobernador no atiende así, que tiene que solicitar una audiencia y dejar sus datos personales y que posteriormente lo contactarían por teléfono.

Pero Carlo Magno exhibió su nombramiento como Director del Archivo y les explicó que la historia documental de Oaxaca corría un grave peligro por lo que era urgente concertar con el gobernador el rescate del archivo. El personal de la oficina del gobernador lo miraron con cierta compasión. Una secretaria murmuró con un gesto de resignación: “en Oaxaca todo urge”. Así que él decidió esperar allí.

Desde la banca que está afuera de la antesala de la gubernatura en el Palacio de Gobierno, se aprecia un mural sobre la historia de Oaxaca en el que destaca de manera visible el rostro de Juárez.
Carlo Magno contemplaba el mural y le parecía adivinar que las evidencias documentales de toda la historia que refleja ese mural, estaban registradas en los olvidados papeles que probablemente a esa hora mordisqueaban los ratones en el almacén del Archivo.

Eso estaba pensando cuando un tumulto subió por las escaleras principales. Al centro iba el gobernador a paso veloz mientras un séquito de asistentes, guaruras, ayudantes y funcionarios trataban de ganarle el paso.

Carlo Magno se le plantó enfrente, pero fue arrollado por el grupo de personas que rodeaban al representante del Poder Ejecutivo, que lo hicieron a un lado como un objeto. Carlo Magno, levantando los papeles que llevaba consigo le gritó: “¡Señor gobernador, señor gobernador, soy Carlo Magno, el director del Archivo, tengo algo muy urgente que plantearle!”

El gobernador miró de soslayo los viejos documentos que exhibía Carlo Magno y siguió su rápido paso sin detenerse. Uno de sus ayudantes, con papel y lápiz en mano, arrinconó a Carlo Magno contra la pared y le espetó: “¿Qué se le ofrece?”

–Soy Carlo Magno Ochoa… Director del Archivo General del Poder Ejecutivo.

-¿Tiene cita con el gobernador?

“No, pero es algo urgente.” A Carlo Magno la lengua se le enredaba por todo el tropel de palabras que quería decir, la actitud de los trabajadores, el valor de los documentos que se destruían a cada segundo, este era un asunto de la máxima urgencia y era deber del gobernador darle la mayor prioridad, pero no dijo nada y respiró profundo.

-Mire--le dijo su interlocutor—el gobernador tiene una agenda muy apretada, hoy va a estar todo el día aquí en la oficina, pero no lo podrá atender porque usted no tiene cita previa. Proporcióneme sus datos y el asunto y nosotros lo canalizamos con algún funcionario para que lo atiendan.

-Ya dejé mis datos en su oficina, pero este asunto sólo lo puede decidir el gobernador y realmente es urgente, créame, es un asunto muy importante y prioritario que tiene que atender el gobernador, se trata de la destrucción del acervo histórico del Poder Ejecutivo, documentos de la Colonia, papeles firmados por Benito Juárez, se están echando a perder, tenemos que hacer algo, el gobernador tiene que hacer algo...

El ayudante asintió con la cabeza y le recomendó que esperara allí para ver si el gobernador lo podría atender en un espacio que tuviera, pero no le prometía nada y le reiteró su ofrecimiento de canalizarlo con algún secretario del gabinete. No era la primera vez que un funcionario menor quería hablar con el gobernador. Los hacían esperar y después de aburrirse un rato, por su propio pie abandonaban el palacio de gobierno.

Mientras esperaba se dio cuenta de la enorme cantidad de empresarios, políticos, funcionarios y particulares que iban a ver al gobernador. En realidad estaba muy ocupado. Pasó el medio día y Carlo Magno no se despegó ni para ir a desayunar. Luego vino la hora de la comida y entró la tarde y la noche y él seguía allí en estoica espera con hambre y cansancio, pero determinó que si no resolvía este asunto renunciaría al Archivo. Además, el tiempo de espera le sirvió para ensayar miles de veces las palabras que le diría al gobernador, reduciéndolas cada vez a lo esencial.

A las once de la noche, el gobernador, visiblemente cansado, salió de sus oficinas y miró con curiosidad al hombre que buscaba su atención. Uno de sus ayudantes le dijo “es él”. El gobernador hizo una mueca de resignación y extendiéndole la mano lo saludó: “¿Qué pasó Carlo Magno, cómo está usted?”

-Señor gobernador, me da mucha pena quitarle unos minutos, pero lo que tengo que decirle realmente es algo muy importante.

El gobernador dio un largo bostezo, se restregó el rostro con las palmas de sus manos y lo invitó a pasar a la Sala de Gobernadores, donde se sentó exactamente detrás de un retrato de Benito Juárez, que miraba directamente a Carlo Magno.

Exhibiendo los documentos sobre la enorme mesa de fina madera el director del archivo le explicó que había unas seis toneladas de documentos históricos como esos, echándose a perder en el Archivo General, por lo que era necesario rescatarlos desde las más altas esferas del poder.

Gabino Cué lo escuchó con atención, observó los documentos y le dijo: “-No hay dinero, pero gestiona.  Haz todas las gestiones que sean necesarias, cuentas con mi apoyo”.

Y prácticamente en un minuto se resolvió una espera de más de doce horas.

Se despidieron y Carlo Magno sintió que salió como entró, con la misma incertidumbre, pero la diferencia era que ahora tenía una luz de esperanza pues contaba con la anuencia del propio gobernador y esa sería su carta principal para salvar al archivo.

Debut y despedida o bueno, casi.

La mañana siguiente el director del Archivo llegó más temprano que de costumbre, lo acompañaba una secretaria que contrató, pues si no tenía un aliado, por lo menos contaba con alguien que sí lo apoyaría.

Convocó a una reunión de trabajadores y les exhibió los documentos que encontró al azar durante su visita al archivo histórico. Los exhortó para que iniciaran el rescate de ese acervo y se comprometió para trabajar hombro con hombro, en la medida de sus posibilidades para iniciar a la brevedad ese rescate. Incluso les comentó que el propio gobernador se comprometió a apoyarlo.

Le contestó la misma delegada de la primera vez, le dijo que si esos documentos estaban así no era por culpa de los trabajadores porque nunca se les ha apoyado con insumos de protección y recursos necesarios para su rescate, que ese trabajo representa un trabajo adicional al de sus contratos laborales y que al menos el sindicato, no iba a arriesgar a los trabajadores dejándolo que ingresaran a un edificio en ruinas que se podría caer en cualquier momento.

Una severa sentencia cerró la intervención de la delegada, lo que le valió los aplausos de los trabajadores: “Todo este caos que usted ve, no lo hemos generado nosotros los trabajadores, sino los gobiernos y los directores del Archivo que han venido, con su negligencia, con su indiferencia porque nunca se han comprometido seriamente y no creo que usted haga realmente algo por el Archivo, porque si usted lo hace, créame, ese día yo me muero”.

Carlo Magno se decidió a poner el ejemplo y conjuntamente con su secretaria empezó a trabajar en el almacén, con tan mala suerte, que se desprendió una tabla de un viejo archivero y con el peso de las cajas y los paquetes de documentos, le cayó en el antebrazo a él y al rebotar en el piso, le lastimó el pie a su secretaria.

Esa fue la gota que derramó el vaso en su relación con el sindicato, ya que todos se enteraron del accidente y al día siguiente Carlo Magno Ochoa Arellano, el Director del Archivo General del Poder Ejecutivo fue emplazado a abandonar el Archivo por el sindicato de trabajadores de todo el estado.

Un total de 700 empleados solidarios con sus compañeros del archivo central, habían determinado que no era posible que el director les exigiera el trabajo de rescate del archivo, pues él mismo había puesto en riesgo su integridad por su terca determinación de meterse en la peligrosa bodega.

Los cinco delegados de los archivos de todo el Estado le dieron una encerrona en su oficina a Carlo Magno que, resignado, les dijo, “está bien, no voy a continuar con mi idea de salvar el archivo, pero siendo inevitable que me tenga que ir, me gustaría despedirme de los compañeros” y como si se tratara de su última voluntad le permitieron encarar a los 700 trabajadores que, apostados en el patio central mostraban su poderosa fuerza sindical:

“Compañeras y compañeros del Archivo. Para mí ha sido muy grato haber trabajado unos días con ustedes. Es inevitable que al tomar ustedes el archivo, yo me tenga que ir y me voy porque de todos modos, cuando se enteren allá arriba que me tomaron el archivo, me van a despedir.

“Asumo mi responsabilidad de querer hacer lo que nadie ha hecho por este archivo, asumo la responsabilidad de haber creído que aquí había gente comprometida con Oaxaca y su historia, porque ustedes, como trabajadores de este lugar, tienen la más alta misión de salvaguardar y proteger la memoria histórica de su Estado, y sin embargo, ustedes están renunciando a esa responsabilidad.

“Tanto a mí como a ustedes, el gobierno nos paga para hacer nuestro trabajo y gracias a este trabajo ustedes son capaces de llevar una bolsa de pan a sus hogares y disfrutarlo con sus seres queridos.

“Tal vez la última bolsa de pan que yo lleve hoy a mi hogar por este trabajo, la voy a disfrutar porque al menos, intenté ganármela con dignidad, con responsabilidad y tratando de hacer bien mi trabajo. En cambio, muchos de ustedes, también llegarán a su hogar con su bolsa de pan, pero a diferencia de mí, ustedes cargarán con el remordimiento de no hacer bien su trabajo, de haber contribuido a perder la mayor riqueza documental de la historia de Oaxaca y por este motivo, sus hijos y sus hijas jamás podrán conocer los documentos de este acervo maravilloso.

“Y ni los oaxaqueños del futuro podrán conocerlo porque ustedes lo dejarán perder y pasado el tiempo en que todos esos documentos se vayan a la basura, yo tendré la enorme satisfacción de haber intentado salvarlos y ustedes, cargarán con el remordimiento y la pena de haberlos dejado perder.

“Entonces, sus hijas y sus hijos que un día necesiten y busquen un recuerdo histórico de los que están en este archivo, no lo encontrarán y sabrán que ustedes trabajaron aquí y que ustedes los dejaron perder y entonces los juzgarán por su negligencia. Adiós amigos, fue muy grato tratar de trabajar con ustedes.”

Carlo Magno se dirigió a la salida, pero un grupo de trabajadores le dijeron: “Creo que debería de darnos la oportunidad de platicar unos minutos entre nosotros. Regrese a su oficina y en seguida tomamos una decisión.”

Regresó a su despacho, se encerró y contempló el rostro de Juárez, se imaginó que el Benemérito debió haber pasado muchos obstáculos y momentos difíciles como éstos, incluso poniendo en riesgo su vida y a pesar de eso fue capaz de vencer y defender a la República. Se imaginó otro encuentro con el gobernador, tal vez lo regañaría por no poder operar el rescate de los archivos y muy probablemente no le ofrecerían otro empleo. Pero lo que más le dolía, sin duda, era eso, no poder hacer nada por salvar los archivos.

Eso le generó vergüenza y hasta le dieron ganas de llorar, cuando tocaron a la puerta de su despacho: “Ya puede salir, queremos hablar con usted”.

“Señor director, nosotros los que integramos la base trabajadora del Archivo, hemos convenido en primer lugar, que no apoyamos a nuestros dirigentes sindicales y su postura de no involucrarse en el rescate del archivo.

“Creemos, como usted, que somos precisamente nosotros los responsables de salvaguardar parte de la memoria histórica de nuestro estado y tenemos la capacidad y la convicción para hacerlo.

“Cada nuevo director que llega a esta institución, ha sido advertido del alcance histórico y de la urgencia de salvar esa memoria documental, pero nadie nos ha hecho caso, pues siempre nos dicen que revisarán el asunto y así se pasa el tiempo sin resolver nada, porque ellos están de paso y nosotros nos quedamos aquí.

“Esta es nuestra segunda casa, aquí pasamos la mitad de nuestras vidas, amamos nuestro trabajo, vivimos de esto y queremos contribuir con nuestro esfuerzo para recuperar esa memoria histórica, por eso, en segundo lugar, hemos determinado que usted, que es una persona convencida de la importancia de rescatar el archivo, no se vaya, queremos que se quede aquí y que nos ayude a gestionar ese rescate, sin demagogias y con el compromiso determinante de que nos apoyará realmente para no dejarnos solos y así poder concluir esta gran obra.”

Una nutrida salva de aplausos invadió el viejo edificio.

Carlo Magno estaba francamente emocionado y les contestó, “pues si ustedes están dispuestos a trabajar hombro con hombro conmigo, yo los invito a desayunar mañana a todos ustedes.”
Otra ráfaga de aplausos invadió el lugar y de pronto una llamada sonó por el celular de Carlo Magno, aún sin ver el número pudo identificar sin temor a equivocarse la voz del secretario de administración, su jefe, que le dijo: “Me enteré que te tomaron el Archivo?” –No señor—contestó-- por el contrario, estoy organizando un desayuno para mañana temprano para los 700 trabajadores del archivo de todo el estado. El secretario le contestó: “Pues tú que me sacas a los trabajadores de su oficina en horas de trabajo y yo te corro. No te permito que interrumpas las actividades laborales” y en seguida colgó con fuerza.

Carlo Magno explicó brevemente la situación a los trabajadores y que por ese motivo se suspendería el desayuno, pero los sindicalizados le dijeron “Ahora nos cumple con el desayuno y si el secretario de administración lo quiere correr, primerito lo vamos a correr a él”.

Más aplausos y gritos de júbilo.

Esa fue la primera gestión que logró Carlo Magno con los empleados del Archivo, sellada con un desayuno que marcó una nueva relación entre los trabajadores y el director y que fijó el compromiso conjunto para iniciar una de las más grandes obras de rescate de los archivos públicos.

Hazaña de héroes

Los trabajadores sindicalizados trabajaron, incluso, fuera de sus horarios laborales y dieron un gran ejemplo de compromiso y voluntad para lograr el rescate de los archivos. La gran mayoría de ellos trabajaron domingos y días festivos, para recuperar, sanear y ordenar valiosos documentos para la historia local y nacional. Carlo Magno asegura que los verdaderos héroes de esta gran hazaña fueron las y los trabajadores del Archivo que con su entusiasmo y compromiso reivindicaron su papel de guardianes de la memoria histórica de Oaxaca.

Cuestionado sobre la trabajadora que aseguró que se moriría si Carlo Magno lograba hacer algo por los archivos, Carlo Magno afirma risueño que ese es su único pendiente.

Las demás gestiones que hizo Carlo Magno se tradujeron en una gran concertación de acciones entre el gobierno federal y estatal y con los sectores social y privado para el rescate de los archivos de Oaxaca.
Destacan entre esas acciones, el haber conseguido la anuencia y el apoyo del Secretario de Gobernación Miguel Angel Osorio Chong y del empresario Alfredo Harp, que fungieron como ejes para concertar mayores apoyos que dieron vida a la Ciudad de los Archivos.

Carlo Magno sabe ahora que en cualquier lugar público y privado, la imagen de Juárez tiene una gran fuerza inspiradora, ya que en los peores momentos de esta gran hazaña, por una u otra razón, el Benemérito siempre se le aparecía para alentarlo a continuar con su trabajo.

Durante una ceremonia por la inauguración de la nueva sede de los archivos, una distinguida dama comentó en público que estaba muy orgullosa que oaxaqueños como Carlo Magno hicieran algo por Oaxaca, Carlo Magno sonrió agradecido y aclaró que él no era oaxaqueño, sino chiapaneco. 

viernes, 6 de enero de 2017

BENITO JUÁREZ JR.



Aquí el retrato del hijo de Don Benito Juárez, Benito Juárez Maza, quien fuera gobernador del Estado de Oaxaca de septiembre de 1911 a abril de 1912.

El mercado que se encuentra a una cuadra del palacio de gobierno, sobre la calle de Flores Magón, lleva su nombre, pero todo mundo le dice mercado "Benito Juárez", cuando en realidad su nombre es mercado "Benito Juárez Maza".

La foto está en el libro "Oaxaca en la lente, del Porfiriato a la Revolución" Selección de Nimcy Arellanes Cancino. Gobierno del Estado de Oaxaca. 2010.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Tres pasos contra con la corrupción

Uno de los grandes males de nuestro país es la corrupción.

La corrupción es el acto por el que un servidor público se aprovecha de su puesto o función para generar una ganancia ilícita o un beneficio indebido.

Para el servidor público la corrupción también tiene repercusiones severas, ya que cada acto equivale a traicionar, robar,  y mentir.

Se traiciona la confianza y el espíritu del servicio público, se traiciona  a la ley y a la Patria; se roba porque obtiene de manera ilícita beneficios económicos o en especie y se miente porque para encubrir sus actos se omite o se finge respeto por la legalidad.

Aunque pudieran distinguirse distintos tamaños o dimensiones de la corrupción, como la del agente de tránsito que recibe una cantidad mínima de dinero para evitar levantar una infracción, o la del gobernante que ha desviado una considerable cantidad de millones de pesos, la corrupción es un acto deplorable que no debe existir porque debe prevalecer el Estado de Derecho, el principio de legalidad y la honestidad indiscutible de los servidores públicos.


Entre las consecuencias de la corrupción está en primer lugar la violación de las leyes y el abuso de autoridad; el daño patrimonial al Estado; la defraudación a los ciudadanos; la promoción de la inequidad y en muchos casos, daños graves a la seguridad nacional.

Las relaciones  de la corrupción se dan entre los siguientes sujetos: gobierno-iniciativa privada; gobierno-ciudadanos; gobierno-gobierno; gobierno-crimen organizado y gobierno-organizaciones.


En todos esos casos, el primero que pierde es el Gobierno qsue se corrompe, porque al romperse los principios de legalidad, honradez y eficacia, el Gobierno ya no tiene razón de ser, ya no es el árbitro supremo que vela y garantiza el bien de la nación con justicia y equidad.

Un país en el que la ley se omite es tierra de nadie y está condenado al fracaso.

Ante esta situación existen tres pasos que son fundamentales contra el combate a la corrupción, focalizando sobre el gobierno:

1. Rectitud de la autoridad. Parece obvio, pero en el gobierno las relaciones son verticales y si la cabeza no se pudre, el cuerpo no se pudrirá. Las máximas autoridades de los órdenes de gobierno deben tener voluntad de no corromperse y al cumplir con su deber podrán vigilar hacia abajo con total legitimidad y aplicar la ley.

2. Abatir la impunidad.  En donde existe voluntad para acabar con la corrupción, simple y llanamente se tiene que aplicar la ley, sin importar el nivel de autoridad de los implicados. Es el paso más complicado porque la aplicación irrestricta de la ley, en gobiernos muy corruptos, podría significar un suicidio político o una tabla de salvación de la máxima autoridad, si no está corrompida.

3. Reingeniería del sector público. Irónicamente las leyes y las instituciones que se crean para acabar con la corrupción, en el Estado corrompido, sólo legitiman el mal que pretende combatir. Las leyes de transparencia por ejemplo, favorecen que la propia autoridad pueda regular la disponibilidad de la información--un recurso para ocultar la corrupción--- y es evidente que no habrá estructura burocrática capaz de acabar con la corrupción, si no se dan los pasos mencionados con anterioridad.

Básicamente, el combate a la corrupción lo tienen que dar hombres y mujeres que realmente aman a la Patria, porque eso significa el respeto y la convicción de que el gobierno es el auténtico árbitro de la legalidad y la justicia.

miércoles, 26 de octubre de 2016

El enterrador



El Panteón General de Oaxaca está lleno de historias.

 


Cuando la luz eléctrica en Oaxaca se estaba introduciendo, el panteón contaba con una débil bombilla que se apagaba al anochecer.

En uno de esos días, los masones de Oaxaca solicitaron autorización a la administración del panteón para realizar un rito en una de las galeras donde reposaba un distinguido miembro de esa orden.

Decenas de masones vestidos de impecable traje oscuro hicieron un círculo frente al nicho, todos ellos con los arreos propios de su orden, guantes blancos, espadas y liturgias. Llegada la hora en que se apagó el foco, los masones practicaron su rito en la oscuridad, en medio del silencio sepulcral sólo se escuchaba la respiración de los presentes que en plena concentración le daban un aspecto fantasmal a aquella reunión y cuando el que lidereaba la ceremonia invocó con fuerza el nombre del difunto, un ruido espantó salió de aquellas criptas, pero fue tan impactante el ruido que varios masones cayeron privados por el susto, mientras que el resto, salió huyendo como pudo de aquel lugar, dejando espadas, liturgas y compañeros abandonados en medio de aquel infernal momento.

Es muy probable que los masones hayan creido que el muerto salió de su tumba.

Y si no fue el muerto, fueron las lechuzas que habitaban las urnas desocupadas de aquellos nichos, que al sentir la oscuridad, levantaron el vuelo asustando terriblemente a los confiados masones.

Tras el susto vino una carcajada muy franca, era don Panchito, el enterrador del Panteón General que observaba aquella escena con una comicidad inusitada porque él conocía que justo al apagarse la bombilla, aquellas aves salían invariablemente de su nido.

Por eso pudo alcanzar a los masones y explicarles el origen de aquel ruido.

Y al igual que esa anécdota, Don Francisco G. Rubiera tenía anécdotas para escribir un libro de las experiencias de sus 60 años como enterrador del panteón municipal, también conocido como panteón de San Miguel.

Esta anécdota--más o menos parecida---, la cuenta "Félix" en la entrevista que le hizo a Don panchito allá por el año de 1966, cuando el personaje contaba con 74 años de edad y 60 de trabajar como panteonero en ese lugar y que se pubicó en la revista "Oaxaca en México", en julio de 1966.

Algunos datos sobre el panteón, que proporciona Don Pachito, indican que la construcción de este cementerio se inició en 1833 por las organizaciones religiosas, concluyendo su construcción en 1852, como consta en una pared localizada al norte del lugar. El panteón estaba previsto para tener una capilla monumental, que después de cinco años de trabajos, en 1861, se suspendió tras la promulgación de las Leyes de Reforma. Aseguraba el enterrador que el único panteón que se le parece actualmente es el de San Fernando en la Ciudad de México.

Reseña don Panchito las épocas en que el panteón estuvo muy activo:

1860 a 1865 epidemia de cólera.
1915 a 1916 epidemia de tifoidea.
1918 a 1919 influenza española.

El entrevistador "Félix" reseña que durante la visita realizó en el panteó se encontró una cruz esculpida en piedra en 1733 sobre la tumba del "Muerto Olvidado"y visita las tumbas de la hija de Don Benito Juárez, el hijo de Porfirio Díaz, José María Díaz Ordaz, del doctor Pardo, el "casi dueño de la ciudad de Oaxaca" García Vigil, enterrado en una tumba de tierra, sin lápida.

Panchito el enterrador señala que en 1931 se registró un terremoto en la ciudad de Oaxaca que daño severamente el panteón y varias tumbas se perdieron, entre éstas la del compositor de "Dios Nunca Muere" de Macedonio Alcalá.

Señala que en una ocasión el gobernador Sánchez Cano realizó un homenaje sobre la tumba del compositor y cuando trataron de mostrar el ataud, la tumba estaba vacía debido al terremoto, por lo que los restos de Macedonio Alcalá están prácticamente perdidos.

Qué interesante sería encontrar las memorias de Don Panchito.


(Fotos: "Félix" Revista Oaxaca en México, junio-julio 1966.)
























viernes, 7 de octubre de 2016

Promueve el Partido Acción Nacional permiso para matar



La promoción que hace el Partido Acción Nacional en el Senado de la República para que ciudadanos porten armas en sus negocios y vehículos tiene un doble fondo, ya que esta disposición ya está prevista en el artículo 26 de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, que regula el Artículo 10 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Como se recordará, el Artículo 10 Constitucional determina que los habitantes de nuestro país tienen derecho  a poseer armas en su domicilio y remite a la Ley Federal respectiva el caso de la portación de armas y en la que quedan comprendidas jurídicamente ya las hipótesis de la portación de armas en el  automóvil y en los negocios.

Si ya existe esta previsión de ley, es probable que la intención del Partido Acción Nacional no sea estrictamente modificar el Artículo 10 de la Constitución, sino el Artículo 5º  de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos que determina la política del Estado Mexicano respecto a las armas, ya que faculta al Ejecutivo Federal, a los Gobiernos de los Estados, al Distrito Federal y a los Ayuntamientos para realizar campañas educativas permanentes que induzcan a reducir la posesión, la portación y el uso de armas de cualquier tipo.

Esta política de Estado limita que poderosas compañías productoras de armamento puedan tener libre el camino para la venta de armas a discreción en nuestro país, aunque,  debido a la corrupción y el poder de las mafias, México se encuentre entre los países donde existe un alto tráfico ilegal de armas.

Si se llegara a modificar el sentido de esta política de estado propiamente prohibicionista, se daría el primer paso para la posterior liberación del mercado de armas en México y probablemente México sería lo más parecido al mercado de armas estadunidense, donde la cultura de las armas ha generado frecuentes masacres.

Desde una perspectiva de políticas públicas es muy dudoso que la liberación gradual del mercado de armas en México, como parece que lo pretende el Partido Acción Nacional, tenga un efecto positivo en el combate a la delincuencia. En primer lugar porque la posesión o la portación de un arma no garantiza que disminuya o se frene una amenaza y en segundo lugar porque el ciudadano no puede hacerse justicia por propia mano.

La fragilidad de la propuesta panista deja de lado las causas estructurales del problema: combatir la delincuencia desde sus raíces y combatir la impunidad, aspectos en los que ha dejado mucho que desear.

Más allá de todo lo que se desprende de este desapego del PAN a la tradición pacifista de la República Mexicana—y sus oscuras intenciones de crear de facto un permiso para matar--- queda demostrado que México seguirá siendo territorio en disputa de los intereses ajenos y extraños al progreso nacional.

martes, 4 de octubre de 2016

Justicia por propia mano

La tortura, consistente en cortarle los dedos, posteriormente arrastrarlo y quemar vivo a un presunto asaltante, como un acto de justicia por propia mano por parte de ciudadanos enardecidos, reduce a la sociedad y a su gobierno a una caricatura grotesca.

Este lamentable acontecimiento se registró la semana pasada en Matatlán, el municipio que le ha dado fama mundial a Oaxaca por su mezcal.

¿Qué fue lo que motivó realmente la respuesta sanguinaria de la ciudadanía ante la detención de un presunto delincuente?

Son varias y complejas las circunstancias, pero una característica las conduce de manera transversal: el hartazgo. Hartazgo por el imparable crimen; hartazgo por la proverbial justicia burocrática: "-Si quiere que levantemos la demanda, tiene que traer el original de la factura de su plancha vieja, de su radio destartalado que le heredó su abuelita y de su despertador chino y barato que compró en el tianguis, acompañado, mucho mejor, si tiene una fotografía del objeto en cuestión..."

Hartazgo porque más tardan en detener a un ladrón y presentarlo ante el Ministerio Público, que éste lo deje libre a cambio de unas cuantas monedas para el "refresco": "--Mire, jefe, ustedes son muy críticos, pero no agarran la onda que estamos sujetos a mucho trabajo, todo mundo quiere demandar, todo mundo tiene problemas; somos poco personal, no tenemos vehículos suficientes para trasladarnos, no tenemos para la gasolina y pos usté sabe, necesitamos algo para el chesco, si no, su demanda se va a archivar y ahí cuando tengamos tiempo la vamos a investigar..."

Hartazgo porque socialmente vivimos en una histeria local donde cualquiera que no agote las instancias formales para canalizar sus demandas, se apropia del espacio público y con total impunidad perjudica a terceros sin que la autoridad haga acto de presencia: "---Nooo, mi Lic. usted vive en otro mundo. Acá no podemos meternos contra esos grupos, es un problema FE-DE-RAL, a nosotros no nos toca." "---Si no presionas no te hacen caso, como dice el dicho: El que no chilla no mama" y Oaxaca está lleno de gente que mama y mama, como un estilo de vida.

Según la revista Proceso, van cinco ejecuciones de este tipo en Oaxaca, aunque---al menos en su versión de internet---, no se amplía la información sobre los lugares en que se han llevado a cabo estos homicidios tipo "Fuente Ovejuna".

¿Qué falló?

Al parecer los cuerpos de seguridad reaccionaron demasiado tarde; las autoridades locales se vieron rebasadas por la masa enardecida y se dieron cuenta de que no existe un protocolo para casos de violencia tumultuaria y que además no están capacitados para este tipo de contingencias, pero lo que está fallando de manera contundente son los valores: no hay que ser abogado o policía para frenar un linchamiento.

Falló la cordura, la sensatez, la inteligencia.

Falló la civilidad, el respeto por la dignidad de la persona, aunque se trate de un presunto delincuente.

Falló todo, incluyendo ese entorno que hace apología de la violencia a través de los medios, la cultura de la violencia en la que descubres que un muerto no es nada, que cientos de muertos no representan nada ante la cortina de impunidad que los soslaya; descubres que los crímenes del narco, de la policía, de las pandillas, del estado o del delincuente solitario, se asimilan como parte de la naturaleza, como un lugar común que caracteriza esta sociedad de justicia por propia mano.

No se trata de defender a la delincuencia, como se ha acusado reiteradamente a los organismos defensores de derechos humanos.

Se trata de formar una ciudadanía responsable, mesurada, honesta, sensata, que recupere valores y los ratifique socialmente como un estilo de vida fundado en el respeto a la dignidad de las personas.






jueves, 29 de septiembre de 2016

Los dominios de la lengua

Son dominios en términos de magnitudes.

Magnitud como ámbito espacial.

El dominio de la lengua, visto así, es exactamente como una acepción de la Real Academia Española de la Lengua: "Territorio donde se habla una lengua o dialecto".

Considerado el dominio como un territorio podríamos pensar en una especie de hegemonía de la lengua.

La lengua pervive y se recrea mientras mayor sea su número de hablantes.

Y al igual que los imperios, las lenguas también tienen sus épocas de esplendor y decadencia, aunque se trate de procesos largos y complejos.

Es difícil pensar que el español, como lo hablamos hoy en día, pueda desaparecer como el latín, aunque sí es un hecho que los modos de uso del español lo distingan del mismo idioma en otras latitudes.

De manera particular, España tiene una hegemonía de la lengua por ser el territorio originario del Español. Su destacada Real Academia de la Lengua Española hace meritorios esfuerzos por mantener la vigencia del buen uso del idioma.

Estos esfuerzos se ven multiplicados gracias a las tecnologías de información y comunicación a través de las cuales la lengua española se remoza y amplia su dominio, en la medida de la disponibilidad de las redes.

México también posee cierta territorialidad del idioma. El español de México se recrea con los modismos y la influencia de la cultura popular; se enriquece con las lenguas originarias y toma prestado de aquí y de allá algunos usos y abusos del lenguaje.

Hay que reconocer que cuando se tiene una duda sobre el español en México, por lo general se invoca a la Real Academia de la Lengua, la de España.

Así es en muchas redacciones de periódicos.

Por un lado, los nuevos editores y correctores egresados de universidades y escuelas de periodismo, son fieles al diccionario de la lengua materna que se edita en España, por lo que cuando informan sobre un temblor de tierra lo nombran como lo determina la RAE: seísmo.

Pero los viejos correctores, que se hicieron fuera de las aulas de la comunicación, lo llaman "sismo", como lo admite la Academia Mexicana de la Lengua.

Hace poco un diario nacional---en México---, publicó una nota en primera plana que decía "magullan" a fulano de tal... Dicho correctamente sobre los golpes y apretones sobre una destacada personalidad, pero esto se leía raro y se escuchaba extraño porque en el lenguaje popular la mayoría de la gente dice: "mayugar", que es una distorsión de maguyar, pero que se pronuncia más fácil y de tanto repetirse ya quedó instalada.

Al respecto, la Real Academia Mexicana de la Lengua admite, con el mismo significado, tanto mayugar como mallugar y cita el término "magullar" refiriendo a la RAE.

Los dominios de la lengua se recrean en los medios, con mayor o menos intensidad y según las experiencias y contextos de sus operadores.

Con el advenimiento de las tecnologías esas pequeñas controversias de la lengua se enfrentan en el campo del ciberespacio, representando nuevos y apasionantes retos.

viernes, 12 de agosto de 2016

El papel del cronista municipal

La muerte del cronista de la ciudad de Oaxaca Rubén Vasconcelos Beltrán, ha revivido la importancia del papel de la crónica municipal.

En primer lugar porque el señor Vasconcelos Beltrán -que fue, además de un gran cronista, un excelente promotor cultural y una de las personalidades más queridas por la sociedad oaxaqueña-- deja un vacío muy grande porque él sí desempeñó su papel de cronista con la relevancia y dignidad propias de una sociedad que aprecia la culta figura del cronista.

En segundo lugar, porque la ciudad de Oaxaca, tiene una vida histórica relevante, pero una vida social, política y cultural dinámica e intensa, que representa un desafío para el cronista por la dedicación de tiempo, recursos y esfuerzo para darle su justo lugar a la crónica local.

Hay algunos que confunden al historiador con el cronista. Un cronista tiene algo de historiador porque documenta hechos relevantes que puedan servir para la historia, pero no es un historiador porque no estudia el pasado, pero lo conoce y -en eso reside el secreto del cronista--- revalora,  identifica, distingue (pule y da brillo, podríamos decir) y les da vigencia, a aquellos acontecimientos, personajes, situaciones y hechos que tienen trascendencia para caracterizar a una comunidad.

Otro detalle adicional de la ausencia del cronista oficial de Oaxaca de Juárez es que el ayuntamiento, en un reto verdaderamente difícil, tendrá que realizar un proceso de selección objetivo y transparente, para designar al nuevo cronista citadino.

Afortunadamente no faltan candidatos y habrá que estar atentos para conocer al nuevo responsable de tan interesante labor.

jueves, 28 de julio de 2016

Artesanos indefensos

Recientemente se ha denunciado en redes sociales que empresas extranjeras han copiado modelos y estilos de ropa artesanal oaxaqueña y la comercializan sin respetar ningún derecho de autor.

Concretamente se refieren a una empresa argentina que está comercializando modelos de ropa típica de San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca, que son más conocidas por un tejido propio de la comunidad.

Las creaciones artesanales tienen una clara fuente de producción, están identificados los estilos, las formas, sus lugares de origen, sus creadores, pero, ¿por qué es tan fácil tomar esos diseños sin ninguna responsabilidad? Porque, lamentablemente, los artesanos están indefensos ante la globalización.

No solo se carece de mecanismos de apoyo para la producción y su distribución, no hay estímulos y parece que no existen políticas de desarrollo artesanal desde una perspectiva de negocios. Lo más grave es que la propia autoridad no fomenta la denominación de origen de estos productos.

Ya sucedió en Chiapas y ahora en Oaxaca, pero estos hechos son los que se identifican porque trascienden de manera evidente en redes sociales. Hay, sin embargo, una práctica de robo hormiga que se identifica en nuestros propios mercados y es la reproducción masiva(industrial) de juguetes tradicionales que irónicamente portan una leyenda que dice "Made in China".

Algo está sucediendo con los derechos de propiedad intelectual de las creaciones culturales nativas, mientras las autoridades no reaccionan ni ante las denuncias que se realizan a través de las redes.

En estos casos, son las propias autoridades municipales las que deben tomar la iniciativa para corregir esta situación, pero esto se percibe como un sueño lejano por lo que es más probable que sea la propia sociedad civil quien impulse una acción determinante para salvar lo poco que se pueda salvar ante una práctica mercantil depredatoria que lesiona sensiblemente a nuestros artesanos y nuestras expresiones culturales.

miércoles, 6 de julio de 2016

Oaxaca, ¿Cómo sanear una sociedad desmoralizada?

La violencia nunca se justifica.

Durante algunos meses la sociedad del Estado de Oaxaca se ha visto alterada por un malestar---de manera simplista podríamos decir que de víctima o verdugo, según el lugar donde uno se pare---, y que ha repercutido en la normalidad de la vida cotidiana.

Más allá de las causas, motivaciones y objetivos de los diversos grupos que han alterado el orden social, un hecho es cierto: el hartazgo es recíproco.

Nunca como ahora se percibe una sociedad dividida y cansada, frustrada; existe un sentimiento general de incapacidad para resolver los problemas y para lograr una armonía social. Existe una incertidumbre sobre el futuro inmediato y la zozobra se hace cotidiana por los rumores, las acciones y el discurso de los diversos actores involucrados en la controversia.

La ancestral pobreza, la imparable corrupción oficial y la infinita presión económica sobre la ciudadanía---como dice el dicho, al perro más flaco se le cargan más las pulgas---, provoca que Oaxaca profundice su dependencia, su anquilosamiento y su involución política, económica y social.

Si se observa a los movimientos sociales de Oaxaca bajo el microscopio de la teoría de las revoluciones, sus estertores no pintan para un cambio de trascendencia real por su bajo perfil y sus propósitos sectoriales y cortoplacistas.

Esta situación de inestabilidad y desmoronamiento moral del pueblo oaxaqueño, no lo sustenta para enfrentar los desafíos del desarrollo.

Los pueblos, como los hombres, necesitan un cuerpo sano y una mente sana.

¿De qué manera, entonces, se puede recuperar la fe, la confianza y la autoestima de una sociedad vapuleada, dividida, frustrada ante el futuro y sin la esperanza de una estabilidad que ayude a impulsar su avance por la senda del progreso?

En primer lugar se necesita recuperar el Estado de Derecho. Que las partes se apeguen estrictamente a la legalidad. Que el Estado cumpla con su obligación de mantener la paz pública y garantizar la seguridad jurídica de las personas, a través de la observancia de los derechos y garantías constitucionales.

Pero el Estado, a través del gobierno, también necesita recuperar su credibilidad, se requiere combatir la impunidad y dar muestras contundentes de convicción y compromiso por la justicia y la legalidad.

La población necesita recuperar la confianza en su gobierno y en sus instituciones; y si la parte agraviada que reclama derechos tiene causas justas, debe agotar todos los instrumentos de negociación y de legalidad, antes de proclamar la violencia y el chantaje político.

En segundo lugar, es necesario impulsar un gran movimiento de reconciliación, paz y justicia entre los diversos actores sociales, políticos y económicos.

Más que sacar leña del árbol caído, los partidos, las iglesias, los empresarios, las organizaciones de la sociedad civil, los diputados, los presidentes municipales y principalmente los partidos políticos, deben actuar con responsabilidad social y convocar a la paz y la legalidad.

Cada institución, desde sus respectivos ámbitos, debe recuperar y fomentar los valores como el diálogo, la razón jurídica, la tolerancia, el respeto con la convicción de que el futuro de México es un futuro de grandeza.

Por algún lado tenemos que empezar a tejer la confianza desde las amistades, la familia, las instituciones, comunidades y pueblos y demostrar que más allá de nuestras diferencias somos sociedades civilizadas donde impera la razón y la legalidad y que por lo mismo, tenemos el derecho de ganarnos un futuro con responsabilidad y legitimidad.

Sanear la sociedad oaxaqueña, convulsa y subestimada, no se logrará de la noche a la manaña, pero podemos empezar hoy por nosotros mismos con una pizca de optimismo y buena fe.

viernes, 5 de febrero de 2016

Injusto olvido del letrista oaxaqueño de Agustín Lara

Para tener en cuenta.

Agustín Lara, el gran compositor veracruzano, tenía un amigo oaxaqueño que le compuso muchas de las letras de sus canciones.

Se trata de Rodolfo "El Chamaco" Sandoval, un oaxaqueño de la capital que compartió la vida bohemia  y artística con el "Flaco de Oro".

En un artículo publicado en la Revista "Oaxaca en México" (Número 53, jun-jul, 1966), asegura el Lic. Aquiles Quirón que Rodolfo "El Chamaco" Sandoval compuso la mayoría de las letras de Agustín Lara.

Independientemente de esta aseveración, Quirón señala que entre otras, fue el autor de las letras de las canciones "Rosa", "Mujer" y "Farolito".

Es conocido que varias personas talentosas contribuyeron como coautores de algunos de los éxitos musicales del maestro Agustín Lara, que es una figura indiscutible de la cultura popular mexicana y para el orgullo local, el "Chamaco" Sandoval puso allí su granito de arena.

Acá una cita y una foto del interesante blog "Hasta que el cuerpo aguante radio", sobre el "Chamaco" Sandoval:

"Hablar de Rodolfo “El Chamaco” Sandoval es hablar de ciertas controversias ligadas a la carrera como compositor de Agustín Lara. El Chamaco Sandoval nació en Oaxaca el 12 de marzo de 1907 y muy joven llegó a la capital del país. Según eldiablito.com, uno de los rumores que había en aquellos años era que Lara no componía todas sus canciones sino que algunas las compraba; esto último fue confirmado por José el “Chino” Ibarra (uno de sus músicos) en una entrevista con Cristina Pacheco en la que dijo que, efectivamente, un compositor conocido como el Chamaco Sandoval era coautor de varias de las canciones de Lara. Según Pablo Dueñas en su libro sobre boleros, “a Rodolfo Sandoval le corresponde gran parte del éxito de Lara como compositor ya que EL Chamaco le armaba gran parte de las canciones con algunas frases sueltas que el flaco de proporcionaba. También hizo poesías para Gabriel Ruiz, Adolfo Girón y Manuel Álvarez Maciste. La manía que tenia Lara de pagar sus servicios con alcohol le apresuró su final”. 

Foto y texto:
Foto MEF. http://elcuerpoaguanteradio.blogspot.mx/2013_03_01_archive.html





















A decir de Quirón, que se infiere que conoció muy de cerquita a Rodolfo, le decían "El Chamaco" porque se sumergió de tiempo completo en la bohemia, pero, afortunadamente, con mucho talento y capacidad artística.

De modo que ahora, estimado lector del estado de Oaxaca, si necesita nombrar alguna vía pública o localidad de los municipios del estado, recuerde que Rodolfo "El Chamaco" Sandoval, está disponible para que se le haga justicia.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Historia del Quesillo Oaxaqueño

¿Quién no ha degustado del auténtico quesillo oaxaqueño?

Su característica principal no es sólo es su presentación redonda, sino la uniformidad de sus cientos de delgadas hebras-que se aprecian cuando se corta-- y su aroma agradable y apetitoso.

El quesillo nació en la otrora cuenca lechera de valles centrales de Oaxaca, Reyes Etla, y cuenta la tradición que su creadora-descubridora fue la niña Leobarda Castellanos García, en el año de 1885(De acuerdo con datos publicados en el reportaje "Envuelve quesillo a propios y extraños" de Octavio Vélez y publicado en el periódico Noticias de Oaxaca, con fecha 18 de julio de 2013. Al final de este artículo se reproduce el reportaje del periódico.)

La historia, guardada celosamente por los descendientes de esta persona, ha variado un poco y en esencia se cuenta que la niña Leobarda, entonces de 14 años de edad, descuidó la cocción de la leche para preparar el queso, por estar jugando con otros niños; al percatarse que se le había pasado el punto indicado para hacer el queso, quiso remediar el asunto echándole agua caliente al producto, pero al hacerlo, el queso había adquirido ya una mayor elasticidad y maleabilidad.

Para no complicar más las cosas y tratando de no echar a perder el producto que se iba a vender ese día,
la niña avisó a sus padres. Claro, después de un tremendo regaño, los padres analizaron la situación del queso y comprobaron que no se había echado a perder con la doble cocción, ya que sólo había cambiado su consistencia e, incluso, había mejorado su sabor y su olor.

Evidentemente, el extraño queso tuvo que ser consumido en el hogar y otro tanto se regaló, pero sabía tan sabroso que la gente reclamaba más de ese sabroso producto, popularizándose rápidamente su procedimiento y su venta.

Seguramente el primer quesillo fue una masa amorfa que se expedía en pedazos y su actual presentación vino en seguida como una solución lógica, ya que al extraerlo del recipiente en el que se prepara, sale en forma de correas y lo más apropiado para darle forma es enrollar esas tiras maleables en forma redonda.

No hay datos sobre quién bautizó ese tipo de queso, pero tratándose de una comunidad que tenía como principal actividad la elaboración artesanal del queso, es probable que sus propios descubridores asociaran el nombre como sucede con los derivados de otros productos--por ejemplo "manteca" a "mantequilla"-- y así nombrar al derivado del "queso" a "quesillo", para distinguirlo de aquel.

Resulta lamentable señalar que hoy en día, este producto sufre el acecho de competidores desleales---como ya se ha denunciado--- que expenden bajo el nombre de "Quesillo" o "Queso Oaxaca", un producto que no es enteramente de leche de vaca y lo que es peor, que los chinos se están disputando la denominación de origen del quesillo contra productores de Puebla, evidenciándose la falta de apoyos oficiales a los productores oaxaqueños.

Como sea, el Quesillo o Queso Oaxaca, es una de las grandes aportaciones de Oaxaca a la cocina mundial y Reye Etla, Oaxaca, tiene la enorme fortuna de ser la Cuna del Quesillo.